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Ana Frank no era un ser asexuado

Agustín Fernández Mallo
Por Agustín Fernández Mallo
El 22/05/2018
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Ana Frank no era un ser asexuado

 

Durante las pasadas semanas una noticia referente a Ana Frank y a sus diarios ha venido ocupando páginas de periódicos nacionales e internacionales, así como informativos en televisión: el descubrimiento de que esta niña era de carne y hueso, algo que, por lo visto, no sabíamos. El hallazgo en cuestión son un par de páginas en las que la adolescente aborda asuntos referentes a la sexualidad en general y a la propia en particular, páginas que en su día ella misma cubrió con papel de estraza y pegamento para evitar que su familia pudiera leerlas, y que hoy, con tecnología de fotografía digital, han podido leerse sin dañar el diario.


Los medios se refieren a ellas como “las dos páginas secretas”, en las que Ana Frank apunta cosas como “voy a utilizar esta página para escribir chistes verdes”, y donde desgrana clásicos infantiles de todos los tiempos –con las lógicas variaciones de su ambiente y época-, así como se pregunta acerca de la menstruación y vierte tópicos en torno a la prostitución. Los descubridores aseguran que “Ana Frank escribió sobre la sexualidad de forma encantadora, como cualquier muchacha que se interroga sobre ello”, y también que, en efecto, los “chistes verdes” (sic) son habituales en los jóvenes de su edad, certeza de la que infieren que “era una chica normal”. Llegado este punto los propios portavoces del hallazgo, así como todos los medios de comunicación, se esfuerzan en darnos a entender que algunos de esos textos, que hoy se considerarían machistas o denigrantes para la mujer, son los normales de su época. Tal precaución –hay que admitirlo-, aunque del todo redundante, parece lógica dada la oleada de lecturas que retrospectivamente juzgan hechos pasados sin tener en cuenta sus contextos sociales e históricos -como si la moral fuera un ente que, platónico, atravesase inmaculadamente los siglos-, y no vaya ser que alguna gran cabeza vaya ahora a acusar a Ana Frank de misoginia y tengamos ya formado un lío.


Lo gracioso del caso –por no decir directamente delirante-, es que cuando ya se ha divulgado la “histórica” noticia, si leemos la letra pequeña, y según el New York Times, uno de los responsables de la investigación, llevada a cabo por el Huygens Institute for the History of the Netherlands, nos dice que las nuevas páginas desveladas “no son importantes por su contenido sexual, Ana Frank aborda materias similares en otras partes del diario, incluso a menudo en términos más explícitos. Las páginas son importantes porque muestran a una Ana Frank que intenta escribir en un tono más literario”. ¡Qué me dices! ¡Menuda decepción!


Llegados aquí –y por si aún no nos habíamos enterado- es cuando nos damos cuenta de que los desvelos sexuales de aquella adolescente son una noticia inflacionada que no debería haber ocupado más de una nota a pie de página en un tabloide de chismorreos, lo cual plantea problemas acerca de cómo conceptualizamos qué es noticia y qué no lo es, qué es histórico y qué es un falso hallazgo, qué es relevante y qué es mero cotilleo. Así las cosas, cabe decir:

1) El escaso o nulo interés histórico de esas páginas, que sólo hablan de la natural necesidad de todo adolescente por preguntarse por el cuerpo. De hecho, la verdadera noticia hubiera sido precisamente la contraria, que en su diario no hubiera nada referente a esos asuntos.


2) Se han utilizado novedosos métodos de fotografía digital no invasiva, lo cual les llena de orgullo. Parece que estamos más interesados en no maltratar un trozo de celulosa que en maltratar el explícito deseo de Ana Frank de ocultar su intimidad a su familia, y por supuesto a luz pública.


3) Qué derecho tenemos a hacer público algo que la autora dejó explícitamente oculto, sobre todo si tenemos en cuenta que su deseo no fue enunciado hace tantos años, ocurrió prácticamente anteayer, se trata de una persona que aún puede ser recordada por gente que la trató directamente. No creo que rija aquí el mismo derecho que si fueran encontrados unos inverosímiles diarios secretos de Safo o de Sócrates, ni mucho menos el mismo derecho que cuando se radiografía un lienzo de Rembrandt, personajes todos ellos constituidos ya en figuras, entes históricos objetivamente separados de lo que entendemos por “una persona”.


4) Como corolario, cabe la paradoja: los medios de comunicación acostumbran a poner un rectángulo negro o velar los ojos de los niños fotografiados. Si damos por buena esa práctica –por lo demás muy cuestionable-, no veo por qué ahora debe ser motivo de aplauso desvelar de este modo no sólo los ojos sino el cuerpo de Ana Frank.

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Anónimo

El 27/05/2018

Interesante información y opinión.

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