Arthur Conan Doyle

Sir Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859 - Crowborough, Reino Unido, 1930) ha pasado a la historia de la cultura universal por la creación del detective más famoso de todos los tiempos, Sherlock Holmes, así como uno de los grandes nombres de la...
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Arthur Conan Doyle

Sir Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859 - Crowborough, Reino Unido, 1930) ha pasado a la historia de la cultura universal por la creación del detective más famoso de todos los tiempos, Sherlock Holmes, así como uno de los grandes nombres de la literatura de la Era Victoriana.

Nació en el seno de una familia escocesa de modesta condición, y muy numerosa: tuvo diez hermanos, de los que tres murieron en su infancia. Su padre, Charles Altamond Doyle, era un funcionario e ilustrador que, tras una serie de fracasos profesionales, terminó alcoholizado y falleció recluido en una institución sanitaria. Sería su madre, Mary Foley Doyle, la que se vio obligada a sostener el hogar familiar, convirtiendo el hogar de la familia en una pensión; al mismo tiempo, no descuidó la educación de su retoño, al que contagió de su amor por las letras. Otra influencia importante fue la de uno de los huéspedes, el doctor Bryan Waller, que llegó a ser su preceptor y lo impulsó a estudiar medicina, como él, en su misma universidad, la de Edimburgo.

Allí demostró ser un estudiante brillante y se aficionó al boxeo, al rugby y al golf (anecdóticamente, mucho más tarde le enseñaría a jugar a este último deporte a otro escritor eminente de su época, Rudyard Kipling). Admiraba en especial a uno de sus profesores, Joseph Bell, especialista en la ciencia forense y famoso por su inteligencia deductiva, lógica y veloz. Según la mayoría de sus biógrafos, llegaría a ser uno de los modelos de su personaje más famoso. Otro sería, sin duda, el investigador inventado por Edgar Allan Poe, Auguste Dupin, mientras que se basó en el coprotagonismo de Don Quijote y Sancho en la gran obra de Cervantes, para darle un compañero en el leal, torpe y caballeroso doctor Watson.

Tras unos cuantos años aventureros, en los que se embarcó en mercantes y balleneros como cirujano, entre 1882 y 1890, ejerció como médico en Southsea, Inglaterra. Tenía graves dificultades económica; por si eso era poco, su primera esposa, Louise Hawkins, contrajo la tuberculosis, que la acabaría matando tempranamente; en una situación apurada pensó en escribir algún relato de ficción, con la idea de conseguir algunos ingresos extra. Este es el origen de la primera novela de Sherlock Holmes, Estudio en escarlata. El éxito fue tan abrumador como inesperado. El público empezó a reclamar más aventuras de Sherlock Holmes; sin embargo, tras unas cuantas secuelas, decidió acabar con el personaje, ya que esperaba alcanzar el prestigio como escritor con novelas de género histórico. Cumplió lo prometido, al darle muerte en la ficción, junto a su enemigo mortal, el profesor Moriarty, el Napoleón del crimen, en El problema final. Sin embargo, el público británico reaccionó con un gran enojo y el hogar del escritor se vio inundado de miles de cartas, procedentes de lectores de todas las clases sociales, indignados. Finalmente, accedió a escribir una nueva novela de Sherlock Holmes, con El sabueso de los Baskerville, una de las mejores.

Como su personaje, Conan Doyle fue un ferviente patriota británico y no dudó en poner su pluma en varias ocasiones al servicio del Imperio. Por sus escritos en favor de la intervención británica en Suráfrica durante la guerra de los Boers, se le nombró sir. Al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914, trató de alistarse como médico del ejército y, luego, como simple soldado raso. Tenía 55 años, pero en una carta dirigida a la oficina de reclutamiento defendió que aún se encontraba en buen estado físico. Le rechazaron, pero él colaboró en el servicio civil durante el conflicto. Tras la muerte de su hijo mayor, Kingsley, en las trincheras, padeció una crisis espiritual que le hizo acercarse a los círculos espiritistas, junto a su segunda esposa, Jean Leckie, de los que fue miembro y propagandista hasta su muerte.

Existen muchísimas ediciones de las las novelas y de los relatos de Conan Doyle, que nunca han dejado de reeditarse. Entre las múltiples adaptaciones de las aventuras de Sherlock Holmes destacan, las recientes películas de Guy Ritchie, la serie Sherlock protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, que lleva sus andanzas al presente, la serie de animación de Hayao Miyazaki y la genial La vida privada de Sherlock Holmes de Billy Wilder, sin duda, la mejor traslación a la pantalla jamás realizada del universo de Watson & Holmes.