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Azulejos

Julián Rodríguez
Por Julián Rodríguez
El 11/01/2016
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Azulejos

 

En 1992, Chandeigne publicaba en edición «de lujo» La frontière, novela corta de Pascal Quignard ilustrada con imágenes (sus famosos azulejos) del Palacio de los Marqueses de Fronteira en Lisboa.

Dos años después, aparecía una edición sobria y de bolsillo, barata (aunque con muy pocas ilustraciones), en Folio, de Gallimard.


Palacio de los Marqueses de Fronteira



Ya en 2005, en edición de Funambulista y con traducción de Ascensión Cuesta, la teníamos en español: La frontera. La editorial adelantaba así la novelita en la contra: «En esta obra se cuentan los sobrecogedores amores e infortunios de la bella dama Luisa de Alcobaça en el Portugal del siglo XVII, la historia de una pasión imposible que desemboca en una terrible y vengadora castración», y seleccionaba un fragmento del texto de Quignard: «El príncipe Cosme insistió, alargó el dedo señalando un azulejo azul que representaba el pubis rasurado y tatuado de una mujer. El rey dijo: Puede que las obras de arte sean fruto de la venganza. Uno de mis camaradas tal vez se haya vengado a pesar de la prohibición que le hice. El deseo nos enloquece a diario y su carencia nos abandona a las sombras. Y es cierto que las sombras son azules».



Palacio de los Marqueses de Fronteira



El palacio Fronteira fue construido a finales del siglo XVIII como pabellón de caza para João de Mascarenhas, primer marqués de Fronteira. En el jardín se encuentran numerosas escenas narradas por medio de azulejos, entre la historia y la fábula… y como parte de ésta hombres convertidos en animales y animales convertidos en hombres. Vida cotidiana, pero también «alegorías burlescas, presencias silenciosas, inquietantes o fantásticas». Quignard escribió o intuyó La frontera a partir de lo que cuentan algunos de estos azulejos.

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