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Metodologías

Laura Pérez y Pablo Monforte
Por Laura Pérez y Pablo Monforte
El 09/05/2016
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Metodologías

 

A uno le da por pensar que algo le debe a la inexperiencia cuando analiza la metodología que empapa nuestro día a día en 'Náufragos'. Quiero decir, el hecho de que sea nuestra primera novela gráfica, el no haber emprendido retos de estas características con anterioridad, creo que nos otorgaba cierto margen de libertad, de intuición poco contaminada. Todas esas cuestiones que se planteaba uno al principio, y que más tarde resultaron no ser tal. Y en mi caso, algunas de ellas propiciadas precisamente por el talento de Laura. Ya en la génesis de 'Náufragos', cuando en cinco folios mal contados se concentraba todo lo escrito hasta entonces, me veía sorprendido ante el instinto narrativo de mi compañera. Yo, que vivía obsesionado por la lírica de la composición, por la distribución de espacios, por el juego de los planos. Yo que analizaba una y otra vez el trabajo de Juan Giménez, o el de Miguelanxo Prado, o el de Katsuhiro Otomo, descubría con enorme alegría que pocos reparos tendría a los storyboards de Laura. De manera que al afrontar mi parte del asunto, dediqué las primeras semanas a escribir, cuadrar, reflexionar de un modo exclusivamente literario, dejando de lado cualquier otro aspecto. El uso de Google Drive nos salvaba la vida, y una vez ambos asimilamos el contenido de cada capítulo, Laura realiza un primer borrador. En realidad eran pocas las escenas cuya narración visual había definido con pelos y señales. La razón es sencilla: me fiaba de la aportación instintiva de la dibujante, y en ese aspecto hemos sido muy flexibles ambos. Creo que de lo contrario, habría sido mucho más complicado trabajar juntos.

 

Pablo Monforte

 

1981


Son pocas las reuniones que necesitamos para cuadrar cada uno de esos storyboards, teniendo en cuenta que nos vemos unas dos veces por semana. De todas formas siempre dejamos unos días ese boceto en el cajón, para de ese modo tomar distancia y juzgar una segunda vez si las decisiones tomadas son las correctas. Claro, hay muchísimas correcciones, a menudo propiciadas por los diálogos, cuya creación a menudo es paralela al story, pero otras tantas veces posterior o anterior, dependiendo de la naturaleza de aquello que se cuenta. En cualquier caso, esa cantidad de correcciones supongo que son fruto del perfeccionismo, en nuestra opinión una actitud nada desdeñable.

Estamos contentos. Hemos cogido confianza con el paso de las semanas, y eso es una gran noticia.

 

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Suena el teléfono, mensaje:

P- ¿Cómo lo llevas?

L- Aquí voy (incluyo foto de boceto, color, ordenador)

P- He terminado los diálogos del 9, creo que están acertados, me ha costado mucho, pero ya están, los dejo en Drive.

L- Vale, luego lo leo, que hasta que no termine la página no hago otra cosa, hoy estoy rindiendo.

P- Ok

P- Sigo, que voy a tope!

L- Besis!! (emoticono)

 

Teléfono:

L- ¿Qué tal?

P- Atascado, anoche no podía dormir.

P- ¿Nos vemos luego?

L- Yo también estoy atascada, claro, donde siempre, pero donde siempre de la otra vez, no la anterior.

P- Ok, ¿Hora?

L- ¿19:30?

P- Ok!

 

No siempre se va a tope ni tampoco podemos estar atascados mucho tiempo.

Nos pasa a los dos, unos días todo fluye y otros simplemente no sale, así que en ese momento es mejor parar y hablar, reflexionar, tomar aire y ponerse de nuevo sin formar.

Funcionamos con reuniones, mensajes de Whatsaap, Google Drive, Facebook, cervecerías que nos quedan a mitad camino de cada casa, a las que vamos cuando tenemos que poner en orden el trabajo de la semana o bien porque nos hemos atascado en algo y necesitamos que el otro te saque del atolladero. Y siempre lo hacemos, volvemos a casa con la sensación de que cada idea que surge parece que la hemos cuajado mejor, algo que tranquiliza.

Sin experiencia en la novela gráfica y tampoco en trabajar con alguien a dúo, compartiendo ideas por igual; es curioso, difícil y fácil a la vez, fácil en este caso porque nos conocemos hace ya unos 16 años. Y sabemos qué se le pasa por la cabeza al otro.

Los diálogos que Pablo se imagina cuadran mejor la historia, los personajes se muestran y expresan cosas que al principio intuíamos que podrían decir, pero se concreta. Y se dibuja.

En ocasiones él escribe los diálogos a partir del storyboard que subo al Drive, otras veces hago el story a partir de sus diálogos, en un trabajo metódico pero orgánico, como un pequeño caos ordenado que va funcionando.

Algunas veces hago los bocetos en hojas A3, otras en cuartilla, y otras trabajo directamente sobre el storyboard, en el que cada página tiene el tamaño de una goma de borrar, así que voy aprendiendo a desarrollarlo con y sin boceto detallado; quizás debería haberme puesto un método siempre igual, pero cada página pide una cosa, y trato de dárselo.

 

Laura Pérez

Laura Pérez



En ocasiones trabajo en casa y otras me voy con la libreta y los textos a alguna cafetería cercana, si es posible pegada a algún ventanal con vistas a la calle, donde poder respirar e inspirarme de la calle con su gente, y ver los momentos fugaces que de alguna manera tengo que plasmar.

Viajar a las ciudades donde se desarrollaba la trama fue necesario, de manera que nos lo repartimos, yéndose uno a Barcelona, y el otro a Madrid, tomando fotos de aquellos lugares presentes en la historia.  Barrios como Poblesec en la Barcelona del 91, o rincones como la calle Toledo en el Madrid de los ochenta. El bar 'Los Caracoles' sigue casi intacto, y no les costó nada explicar cómo era la vida desde la barra entonces, y cómo había cambiado esa parte de la ciudad.

 

 

Pablo en Barcelona

Los Caracoles Madrid


Trabajar en conjunto es un proceso de aprendizaje que no va a la par con la historia. Te descubres mientras la descubres a ella misma.

Y como le digo a Pablo, cada vez que hacemos mudas las secuencias de dibujo de sus tan detallados y conmovedores textos, me parece que algo realmente se pierde pero se gana como combinación de ambos. Parece que nos echamos flores los dos constantemente, pero lo cierto es que no habríamos comenzado un proyecto así si no confiásemos el uno en el otro.

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