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Con V: Vargas, Vilas

Adolfo García Ortega
Por Adolfo García Ortega
El 11/11/2019
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Con V: Vargas, Vilas

1. Mario Vargas Llosa y Manuel Vilas, con Tiempos recios (Alfaguara) y Alegría (Planeta), respectivamente, ensanchan el concepto de novela. La de Vargas está emparentada con el género del largo reportaje historiado. En este caso, un reportaje milimétrico sobre los gobiernos caribeños durante la Guerra Fría. Hay muchísimo dato, muy escrupuloso y detallista, acerca de cómo y por qué se formaron los diversos gobiernos que, derrocados más o menos violentamente, fueron tejiendo una mentira sobre la influencia del comunismo soviético en la zona (cuando, en realidad, únicamente hubo tal en Cuba). La manipulación de las sociedades centroamericanas por parte de la CIA propiciaron gobiernos militares carentes de ética y dados a la tortura y al crimen, siempre en beneficio de los intereses comerciales de las compañías estadounidenses, sobre todo la United Fruit. Aquel clima de manipulación y falsedad está recogido admirablemente en este libro de Vargas Llosa.

 

tiempos recios - mario vargas llosa

 

En concreto, se cuenta un período de la historia de la Guatemala de entonces: los gobiernos de Jacobo Árbenz (liberal), de Castillo Armas (dictador), que depone a Árbenz de mala manera con una revuelta militar, y de Ydígoras, que sube al poder después de que Castillo Armas sea asesinado. Los protagonistas de la novela son los hechos históricos –muy pormenorizados aquí–, pero la fuerza de este escritor es literaria, por eso centra la peripecia en una serie de personajes importantes o colaterales en esos hechos, a los que dramatiza como si fueran ficticios y cuyas relaciones, acciones, diálogos, devenires, etcétera, son lo verdaderamente apasionante de la novela. Tiene momentos de gran destello literario, al igual que los tiene de alto nivel periodístico. Gracias a ambas cualidades, la novela se aguanta muy bien como tal, sin dejar de ser, en realidad, un ensayo político-histórico con excursos ficticios.

Se la ha comparado con La fiesta del chivo, pero Tiempos recios no tiene la misma rotundidad literaria, ya que en La fiesta del chivo predominaban inequívocamente la narración, los diálogos, la caracterización de los personajes históricos y la novelización de una tremenda dictadura desconocida para los lectores. No obstante, en Tiempos recios no cabe duda de que Vargas Llosa ha logrado hacer un relato documental melodramático, de gran eficacia captadora. Ahora que los términos para definir una novela son cada vez más amplios y ambiguos, y que la novela se nutre de la no-ficción para abarcar nuevas dosis de narratividad –la predominancia de los “hechos reales” recreados–, esta de Vargas Llosa supone una lección al respecto, lo que le añade más mérito a su probada capacidad literaria. Una capacidad que, dicho sea de paso, se vio muy mermada en su anterior novela, Cinco esquinas. Aquí, el mejor Vargas resurge con un buen libro muy bien urdido, como si se sacara de la chistera un conejo, no por rancio, menos vivo e inesperado.

2. La novela de Manuel Vilas, Alegría, entra en el campo de la autoficción y de manera poderosa. A partir de lo confesional, Vilas ofrece al lector su propia evolución desde que su vida se vio alterada por el éxito editorial de su anterior novela, Ordesa. Y lo hace mostrando que ese yo, reconocido, que no se esconde ni camufla, es, en realidad, tan ficcionable como un personaje puramente ficticio. Porque la frontera de lo ficticio, en la novela moderna, está cambiando sensiblemente, fagocitando otros géneros (baste el ejemplo del proyecto de Mi lucha, integrado por seis novelas, de Karl Ove Knausgård, un autor de autoficción muy del gusto de Vilas).

 

alegría - manuel vilas

 

De fondo está la familia del protagonista, tanto la pasada –relación con sus padres y con amigos perdidos–, como la de ahora y la que vendrá en un futuro que imagina –la relación con sus hijos y con sus esposas–. Todo está engarzado con la naturalidad del devenir de la respiración, con el sutil paso de las cosas por la vida, hecha de momentos en hoteles, viajes, pequeños encuentros, situaciones que llevan al autor-narrador a reflexionar, muy poéticamente a veces (no olvidemos que Vilas es un extraordinario poeta, ahí están sus libros Gran Vilas y El hundimiento). 

El mayor logro de la novela es que la sitúa en un plano colectivo, de sentimiento plural, en el que todos nos reconocemos. Es esa humanidad que unifica lo hermoso y lo bueno con una leve melancolía feliz lo que Vilas llama alegría. Una alegría sin heroísmo ni narcisismo, una alegría pequeña pero intensa, que lo relaciona todo como una tela de araña y que, paradójicamente, siendo un cuadro colectivo, se transmite a los demás como un autorretrato. Por esa intención de hacer de esa alegría un refugio global, esta novela de Vilas es grande. Habla de la bondad, de la sorpresa y del tiempo como un viaje a la madurez hecho de lugares y de personas, eso que Cavafis, en su poema Ítaca, llamaba “experiencia”. Esta novela de Vilas es pura experiencia y me ha recordado mucho el maravilloso poema cavafiano: “desea que tu camino sea largo, / que abunden las mañanas estivales / en que llegues con placer, con infinito gozo, / a puertos antes nunca vistos”. Pues eso, gran Vilas.

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