• Tienda
  • Cultura Fnac
Blog

Cuerpo frágil como un vidrio

Agustín Fernández Mallo
Por Agustín Fernández Mallo
El 13/05/2019
26
Cuerpo frágil como un vidrio

El tubo de ensayo común, el que se halla presente en laboratorios de investigación y de análisis clínicos, si nos detenemos unos segundos a pensar en su nombre comenzamos a detectar cosas extrañas. Para ser un “tubo” debería estar abierto por los dos lados, de modo que a ese objeto más bien habría que denominarlo “recipiente de ensayo” o “vasija de ensayo”. Por su parte, la palabra “ensayo” tampoco se ajusta totalmente a sus funciones ya que el tubo de ensayo sirve para ensayar hipótesis, sí, pero también para demostrarlas, por lo que tampoco esa palabra es del todo satisfactoria. 

Pensemos ahora en su forma y veremos que posee unas estrictas medidas de altura y diámetro, comunes a todos los tubos de ensayo del planeta. Puede decirse entonces que todos los tubos de ensayo son el mismo tubo de ensayo. Esto se hace evidente si en diferentes Continentes comparamos las medidas de los objetos de nuestro día a día. Por ejemplo, es sabido que en los Estados Unidos todas las cosas son más grandes que en Europa, allí el tamaño de los objetos está multiplicado por un factor de escala de aproximadamente 1,10. Así, las puertas, los coches, las cucharas o las aceras son en ese país un pelín más grandes que las nuestras. Si pensamos en Asia, especialmente en Japón, ocurre lo contrario, todas las cosas son un poco más pequeñas; están multiplicadas por un factor de escala respecto a Europa de 0,90. Sin embargo, los tubos de ensayo son iguales en Europa, Estados Unidos, Japón, África u Oceanía. Incluso lo serán en Marte si algún día el planeta rojo es colonizado. 

La forma del tubo de ensayo nos dice incluso muchas más cosas, y aquí ya nos metemos en antropología. Sabemos que todas las culturas han planteado su particular canon de cuerpo humano, bien sea fundamentado en ideas matemáticas o simbólicas. Los egipcios tomaban como referencia matemática el puño, y así el cuerpo humano ideal debería tener 18 puños de altura. El canon griego tomó como referencia las 7 cabezas propuestas por Policleto, que Miguel Ángel amplió a 7,5 y de Leonardo de 8. La imaginería cristiano-románica planteó un canon muy distinto, simbólicamente fundamentado en la evolución de las representaciones del cuerpo de Jesucristo, que nunca cumplen la regla impuesta por el cuerpo griego, por eso el Jesucristo de esa época siempre aparece como contrahecho. Tampoco los cánones simbólicos de las culturas antiguas de la India, Nueva Guinea o lo que hoy en México, todas ellas de corte fundamentalmente simbólico, tenían que ver con los nuestros. Ya en siglo XX, el canon Occidental más conocido fue el propuesto por el arquitecto Le Corbusier, al que llamó Modulor, relacionado con los espacios habitacionales arquitectónicos y el mobiliario que habitualmente usamos. 

Sea como fuere, lo que aquí nos interesa, la verdadera novedad, aparece cuando se repara en que la altura y la anchura del tubo de ensayo guardan entre sí la misma proporción que la altura y anchura del cuerpo del humano medio. Pero no sólo eso, sino que, si lo analizamos por partes, a su vez los brazos y las piernas humanos tienen cada uno las mismas proporciones de altura/diámetro que los tubos de ensayo. En efecto, el tubo de ensayo no sólo es idéntico en todo laboratorio y cultura, sino que es idéntico a todo cuerpo humano del Planeta, y esto lo convierte en el implícito, desapercibido y acaso secreto, canon del humano contemporáneo. Como corolario, obtenemos la certeza de que el cuerpo, nuestro cuerpo –y esto incluye a los afectos y al amor que toda nuestra carne despliega-, tiene hoy su extensión natural y abstracta en las praxis de laboratorio. El cuerpo humano ha encontrado su natural destino, ser él mismo un tubo de ensayo, ser él mismo revolución, frágil como el vidrio. 

 


Tlatilco

 

Figura de barro, Tlatilco, hoy Cuenca de México, 1500aC

Tu valoración : Je détesteJe n'aime pasCa vaJ'aimeJ'adore
Atención Ha ocurrido un error, por favor inténtalo de nuevo más tarde.