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Dazzle ships

Antonio Luque
Por Antonio Luque
El 15/03/2016
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Dazzle ships

 

Viajo en tren a Barcelona. Hoy me entrevistan y me graban en el Canal 33. Preferiría decir Sur, me pilla más cerca, pero digo 33. Me adapto. Sé decirlo en catalán, no es ningún problema, al contrario. Lo entiendo perfectamente, lo hablo en la intimidad. ¿Qué sería de mí sin Barcelona? Estaría muerto, sin duda. 

En el 96 fui con un amigo al BAM en autoestop. Va a hacer veinte años. No era la primera vez que iba, pero ahora me acuerdo más de esa. Fue cuando tocaron los Tindersticks, acababan de grabar el segundo disco. ¿1995? Aún no aburrían por hacer siempre más o menos lo mismo. Ya sabemos que si hubiesen cambiado demasiado tampoco nos parecería bien. 

Es duro el oficio del escritor de canciones. Se aceptan los cambios siempre que sean tan espectaculares como accesorios. Así, por ejemplo, el tren va ahora a 300 km/h, pero huele tan mal o peor que cuando iba a 80 y se podían bajar las ventanas. Algo ha cambiado, sin embargo cruzo la misma España. Esa misma que distingo en el aeropuerto de Málaga en cuanto entro a mear. Podría ir con los ojos vendados y sabría que he vuelto a casa. ¿A qué casa? Ya no lo sé. La de los terremotos.

Ha subido una señora del lejano oriente. Ha puesto una mueca de disgusto al oler. Apesta. Habla castellano. Le he dicho que haga como yo, que ponga una hoja de reclamaciones, que vean que no es que yo esté loco. El personal del tren debe de estar acostumbrado. Te habitúas a la peste y asunto arreglado. A la corrupción, a la desidia. Te rindes y eres feliz. Te adaptas. Perder el olfato, he ahí una prueba de adaptación al medio. Tabaco, rape, pegamento, lo que sea. También estaría bien instalarse un iPod con Spotify Premium en los tímpanos. Esta fantasía es recurrente.

He preguntado por el vagón en silencio, porque tengo a varios ineducados alrededor usando sus tabletas para ver vídeos, a solas o con sus hijos pequeños, sin usar auriculares. Como los azafatos están enfadados porque haya pedido y cumplimentado la hoja, y porque he dicho que seguramente la usen también para la higiene de los wc, el primero al que le pregunto en qué extremo está el coche en silencio dice que en este tren no hay. Imbécil, no sabe que estoy hasta el rabo de repetir la mudanza dentro de la mudanza. Es solo que con tantas idas y vueltas no sé si estoy en el principio o en el final del tren reversible, un prodigio de la tecnología preparado para su pronta privatización, en su salsa del "que venga otro y lo haga". Me pide el bolígrafo que me prestó para que rellenase la hoja la mujer que me la trajo. Es uno pequeño de esos de hotel, vamos, que apenas da para escribir una hoja y ha sido robado de un AC. Pero me lo pide. Quería devolvérselo a ella, y no que este supiera nada de la hoja, porque iba a pedirle el favor del cambio de asiento. Iluso yo, debe de saberlo ya hasta el conductor. Espero que no se líe hablando por teléfono del asunto. Es solo orín, orín viejo. Dice la azafata que es un problema del sistema del WC. La verdad es que no se ven sucios y confieso que me gusta desde pequeño comer riñones, aunque por mucho que se laven conserven algo de aroma. Le devuelvo al tipo este el puto boli del AC. Curiosamente hay dos policías en el tren. No sé qué buscan. Prefiero no saberlo. Igual los ha mandado Joan Gaspart. No, Gaspart es de los hoteles HUSA. Y ya tampoco, creo.

En el vagón en silencio hay un cabrón hablando por teléfono sin parar. No tengo explicación para esto. Hay muchos asientos libres en el tren. ¿Por qué no se va junto a los de las tabletas? Porque si para algo sabemos organizarnos es para molestar.

En Málaga las montañas de basura me obligaban ayer a caminar por la carretera. Y qué cantidad de coches también. Le conté a mi hijo que con su edad jugábamos al fútbol 15 niños en la plaza cada día tras hacer los deberes. Le inoculo la nostalgia de lo no vivido. Me arrepiento en seguida. Me alegra no tener coche. Este fin de semana buscaremos niños para un partido en la arena. Es un milagro que se conserven los campos de Pedregalejo. En 2009 y 2010 veía desde el balcón que el tráfico en la N340 había disminuido hasta el punto de notarse sin poner en la calzada ningún medidor. Era evidente. Asustaba. Si la gente no tiene para coche es que ya no tiene para nada. El coche es lo último a lo que renuncia un ciudadano normal. Puede que no solo vaya el tren medio vacío por el tufo, quizá haya quien prefiera hacer los 1000 km en su vehículo, bajando la ventana a voluntad. Normalmente voy en avión. Es una lástima que discriminen de ese modo tan descarado a los que llevamos una guitarra a cuesta, soplándonos 50€ más mientras sonríen con la cara de "en cuanto podamos le tronchamos el mástil además, farandulero". Una cara conocida.

Alrededor de la basura, en la avenida con nombre de pintor, Sorolla, o en la avenida con nombre de descubridor, Elcano, en mi camino hacia Correos, había como un círculo de asteroides escapando del agujero negro, toda clase de objetos esparcidos por el suelo, salidos de las bolsas rotas, recuerdos de tiempos mejores, fugaces en su capacidad para evocar pertenencias abandonadas, sueños de un futuro mejor solo en cuanto pueda ser fruto del reciclado. Así, en una parcela de acera para ella sola, estaba la carátula del Dazzle Ships de OMD en casete, la misma que yo tuve, una de mis primeras cintas. El descubrimiento de una obra de arte.

El año pasado tocaron el miércoles en el Primavera Sound. Fue muy emocionante cuando empezaron como empieza ese disco. Luego iban rompiendo el ambiente con canciones nuevas, menos interesantes, pero están aún en forma. Es una pena que quisieran triunfar con baladas románticas más o menos estandarizadas, porque no lo consiguieron. Si fuera tan fácil todos los compositores estaríamos disculpados por intentarlo. Sin embargo solemos perder el rebaño en busca de la oveja perdida. 

Un cabrón. Una oveja. La influencia del paisaje.

La parada de Córdoba. Ahora apesta a tabaco. Como tienen que empalmar tren con el que viene de Sevilla, se tarda un poco y la gente sale a fumar. Pero sale solo un poquito. Ponen un pie fuera y ya se enciende el cigarrillo. Y a echar el humo adentro. Es la venganza contra una ley que se cumple. Aún se preguntan cómo pudo ser. Yo también me lo pregunto. Creo que eran los policías. Se han ido. Menos mal, me veía jurando que no tenía intención de quedarme con la mierda de boli del AC. Tengo muy comprobado que apenas dan para escribir el setlist. Es solo que no quería que el que tenía que ofrecerme una plaza en el vagón en silencio supiera que yo era el de la hoja de reclamaciones. Como si fuese fácil camuflarse con una camisa de lunares (topos en Barcelona), barba y 191 cm de altura.

La azafata me dijo que lo sentía, que la solución que les daban los jefes es que pusieran ambientador. No me extraña que la próxima vez haya un pino de taxista colgando de cada ventana. Así se llevaría a cabo aquella fantasía de Rajoy de los 500.000.000 árboles. ¿Recuerdan? ¡Qué tío!

He estado leyendo estos días un poco del libro ese de Nando Cruz sobre el indie. No quería ni abrirlo, pero como te llegan comentarios y lo tienes en casa, lo abres. Me extraña que interese a nadie más que a los que nos prestamos a charlar con el autor, sin saber, al menos en mi caso, que tramaba marcarse un Lenore, un morir matando un poco triste. Es divertido cómo ha montado una ficción estableciendo un falso diálogo entre los participantes, recortando y secuenciando las diferentes declaraciones como le ha convenido para sus intereses, más pequeños aún que el circo que pretende retratar, pues la destrucción siempre es más breve que la construcción, y si es más efectiva es a cambio de la tristeza de toda guerra. Pero se trata de una ficción, y tiene mérito pergeñar una ficción sin, aparentemente, poner una palabra tuya. Digo aparentemente porque creo que "encegar" no puede salir de mi boca, pero, quién sabe. Una mala tarde... Ya de la palabra pergeñar no estoy muy convencido.

Sería también meritorio que Cruz tuviese la paciencia de subir todas las grabaciones que hizo a los entrevistados a un Soundcloud, por ejemplo. Las declaraciones íntegras de cada uno de los participantes, como si fuesen, él y los otros dos o tres que hay como él, las taquígrafas del congreso, ese gran circo del que otros compañeros de entonces, como Ignacio Escolar, de Meteosat, o Javier Gallego, de Insecto, por ejemplo, saben dar cuenta con mayor utilidad para el despertar de la conciencia política del pueblo, si tal fenómeno fuera posible en un país de cómplices.

Por supuesto lo del Soundcloud no tendría valor como ficción, y se vería obligado a regalarlo como nosotros las canciones, de modo que he de decir que prefiero el libro, y que encuentro que todo el mundo tiene sus razones para ser parte de la misma farsa. Ese circo es siempre pequeño. Afortunadamente nos quedan esos festivales donde puedes ver a OMD o Tindersticks. Nos queda Barcelona, con o sin vallado.

Quizá cuando vuelva a Málaga ya no haya basura en las calles. Se acerca la Semana Santa y la verdadera cultura popular necesita vía libre de sus propios desechos. Las medallas son de vírgenes y, en ocasiones especiales, para las vírgenes, con lo cual se cierra el círculo de lo inane y quien se conforme puede subir al círculo de la autocomplacencia, lo más parecido al cielo que puede desear una fiera convenientemente adiestrada. Yo siempre preferí el mar, y si algo me gusta de la parte este de Málaga es que la única procesión se saca en barca y en verano, en un plagio tan claro del rito fenicio con la diosa Malac que hasta me gusta, como me gustan algunas canciones de los Hombres G.

Me pregunto dónde estará mi cinta de la OMD. Con las cuatro mudanzas que tuve en 2005 perdí prácticamente todos los rastros de mi pasado, imposibles de seguir, como imposible ha sido que la junta de Andalucía terminara de construir una vía de alta velocidad entre Málaga y Sevilla, no sin despilfarrar antes varios cientos de millones de euros, como ahora se han tirado a la basura varias decenas de millones en no sé qué del anillo ferroviario de Antequera, del que nadie sabe explicar en qué iba a consistir ni siquiera ahora, cuya consistencia es la misma que la de todo lo demás, la del país de las rotondas y su tradición: el eterno retorno de lo irrelevante y sus comisionados y votantes para el statu quo.

Ignoro cuantos miles de cintas de Dazzle Ships se vendieron en España en los ochenta, pero la posibilidad de que la carátula que estaba en la acera fuese la de mi antigua cinta no es nula. Hoy quiero pensar que es una pista que debo seguir para volver al disfrute de la música como experimento. Lejos ya de toda academia y ambición, los cuatro pistas antiguos y modernos deben volver a ser la olla en la que mi cerebro cueza, pues no sólo de riñones vive el hombre, y la cerveza, ese elixir de lo social, ya ha sido suficientemente filtrada.

Me vuelve a entrevistar Nando Cruz (sarna con gusto), y cuando me distraigo me sonsaca una pega que pueda ponerle a los festivales, máximo e indiscutible logro de la gente de aquella generación nuestra de los albores del indie. Sí, Nando, los vasos de plástico hay que reciclarlos. Me consta que están en ello. Deberíamos llevar los vasos reutilizables colgando de un cordel, como los catavinos en la feria de abril. De eso va "La ciudad provisional", una de las canciones más crípticas del nuevo disco de Sr.Chinarro, El Progreso, 8 de abril en sus tiendas.

Conozco un músico de Málaga que trabaja en Limasa, la empresa de recogida de basuras que ha hecho la huelga en Málaga. Una vez le pregunté si reciclaban de verdad el plástico. Yo hice el trabajo fin de carrera sobre el reciclado de residuos sólidos urbanos y, en fin, el tema me interesa. Además, el otro día encontré sobre el contenedor de papel una cazadora Levis del 89 en muy buen estado. Esa no puede ser la mía, porque era un contenedor de Barcelona. ¡Un momento, puede que sí! No, la mía era más azul, más oscura. Claro que en 27 años puede haber desteñido bastante.

En fin, que el de Limasa debió de pensar que tampoco nos conocíamos tanto y calló como quien oye llover así como llueve en Málaga, que parece que tiren de la cadena a veces. Plásticos hay de muchos tipos, no es como el cartón o el papel, que va todo junto. No es tarea fácil. Por supuesto, en las montañas de ahora va todo junto. No estamos para finuras. Hasta te miran raro en el vagón si insistes en lo de la peste a orín. Soy un pesado, ya me callé. La oriental se bajó en Córdoba. Pronto volverán los cuarto operarios de Limasa a charlar un rato bajo mi balcón. Saldré a tender la ropa y me miraran con cara de que parezco un exencargado chivato y subirán un poco más, hasta las casas abandonadas. Todos tenemos un pasado. Las constructoras que poseen la mayoría de las acciones de la empresa de limpieza, antes municipal, ya limpian lo que querían limpiar. Algún día serán empresas de derribo y, ojalá me equivoque, por el bien de mi hijo, de guerra. Derribos exprés. Derribos de alta velocidad.

En la puerta de Correos hay un señor con aspecto de yonki que vende libros usados. Le he comprado ya unos pocos. Es mi librería favorita. Puede que la gente haga obras en los pisos para poder tirar las enciclopedias viejas. Ejercita la destrucción, el plan E y el Fahrenheit 451, tres en uno. No se talan más árboles por comprarle libros al paisano. A veces tiene vinilos, pero no tengo plato. No creo en la reencarnación. He escuchado el Dazzle Ships en Spotify. En el FIB del 99 tocamos una vez, no muy bien, la última, 'Of all The things we've made'. Aún me pone los vellos de punta. 

Solo la higiene impidió que me llevase la carátula a casa. Y gracias a los servicios de música en streaming, con sus algoritmos milagrosos, sus listas de descubrimiento semanal, las recomendaciones de amigos y demás desconocidos en la distancia, vuelvo a creer un poco en lo espiritual, porque aquellos discos que me hicieron ser quien soy son las únicas medallas a las que aspiro, y lo más relevante de ellos, su sonido, se mantiene vivo en las nubes por 10€/mes (cuota de internet para telefónicas privatizadas y obsolescencia programada de los equipos aparte).

Han hecho obras en varias oficinas de Correos de Málaga, no sé si en todas. Creo que ya están preparadas para venderlas a un amigo. Y algún compañero de colegio de algún político, quizá de Icade, estará encargando el Mr.Proper para repartirlo entre los operarios de limpieza en cuanto estos carísimos trenes sean suyos, suyos de él, a un precio irrisorio.

Ciudad Real. Conozco a una persona que vino aquí en avión. El técnico de sonido. Nada importa más que el sonido, ni siquiera el olfato o la visión, este páramo de sangre seca, una ficción cualquiera.

Etiquetas: antonio luque música
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