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Después de Schiller

Julián Rodríguez
Por Julián Rodríguez
El 30/11/2017
40
Después de Schiller

 

A pesar de que era domingo tenía que revisar unas galeradas. Cumplí con la mayor parte del trabajo y me puse a leer a Nancy. Pero en algún momento no sé qué me llevó a la nueva 'Blade Runner', que vi hace unos días, y recordé lo que había pensado entonces, al salir del cine. Entre otras cosas, que el peso del cine negro "clásico" se había difuminado, por decirlo suavemente, en la secuela. Así que me puse a ver 'Angel Face'. Luego dormí un poco la siesta, trabajé de nuevo, me hice un té blanco. Y fue la música que sonaba en la casa y el recuerdo de otro hecho, una conversación, los que me llevaron a Schiller. En su relato "El paseo bajo los tilos" dos amigos, Edwin y Wollmar, suelen pasear por una avenida de tilos "para sus reflexiones". Según su creador, Edwin concebía el mundo con una gozosa candidez "que el triste Wollmar revestía con los colores del luto de su desolación".
Edwin: "¿Es que he de pisotear la violeta porque no puedo conseguir la rosa? ¿O he de perderme ese día de mayo porque una tormenta puede ensombrecerlo? (...)"
Wollmar: "Allá donde haya caído tan sólo una semilla de placer, brotan ya miles de granos de desesperación. (...)"
De este modo, sigue la conversación de los dos amigos. Sí, unas veces somos Edwin y otras, Wollmar. En la literatura como en la vida.
Siempre me ha gustado, y a veces entristecido, el final de ese maravilloso relato:
Edwin: "Junto a este tilo me besó mi Juliette por primera vez".
Wollmar (marchándose de allí a toda velocidad, según subraya Schiller): "Bajo este tilo yo perdí a mi Laure."

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