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El crimen fue en Atapuerca

Adolfo García Ortega
Por Adolfo García Ortega
El 28/06/2019
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El crimen fue en Atapuerca

Leo cautivado La huella del mal (Planeta) de Manuel Ríos San Martín. Creo que después de haber leído la gran novela de Domingo Villar, El último barco (Siruela), esta de Ríos le sigue a la zaga en calidad y estilo. Quizá –lo presumo sin saber– Ríos Martín, guionista, podría pasar por un discípulo aventajado del ya magistral Villar, considerado un maestro del “thriller hispano”. Pero ya digo que es hipotético, porque la novela La huella del mal tiene una sobrada luz propia, debido a que, ante todo, es una muy buena novela. En ningún momento va a decepcionar a los lectores, sean estos amantes del género policíaco o no lo sean. Bien construida estructural y narrativamente, con su imprescindible dosis de intriga y de tensión, esta novela posee una trama novedosa, lo que la destaca entre la proliferación ad nauseam de libros similares con crímenes dentro (y bien digo con intención lo de “similares”, por no decir miméticos).

Desde luego, tiene al lector enganchado desde el principio, y en esto alcanza su objetivo, que no es otro que entretener con una historia intrincada y turbia, de personajes sólidos que entrecruzan sus tiempos y agitan incertidumbres. Llama la atención que se use el contexto de yacimiento prehistórico de Atapuerca, en Burgos, como escenario antropológico de los hechos. La columna vertebral de la trama es el crimen ritualizado de una joven del lugar, Eva, con evidentes conexiones con otro crimen idéntico habido seis años atrás en una cueva prehistórica de Asturias. A partir de ese momento, se despliega con habilidad un abanico de opciones paralelas y subtramas que los investigadores del caso no pueden soslayar, con la consiguiente sorpresa inesperada. Esas subtramas paralelas están perfectamente encajadas en el artefacto final. 

Destaco las más importantes. Una es la historia entre los dos protagonistas, la inspectora Silvia, arropada por su ayudante Rodrigo, y el expolicía Daniel, ambos encargados de resolver en su día, sin lograrlo, el crimen de Asturias y en cuya investigación llegaron a enamorarse y mucho más; ahora, seis años después, esa tensión amorosa vuelve a resurgir, pero desde el fracaso y el reproche. Otra subtrama es la relación meramente sexual, equívoca, que entablan Daniel e Inés, la investigadora jefe de Atapuerca. Otra es la relativa a la oscura personalidad de la joven Eva, la víctima, que se demostrará gran manipuladora de Adrián, su novio, y de su hermano, Gabriel, hasta generar una gran cortina de confusión en los investigadores (y de paso en los lectores). Otra, muy apasionante, es la que conduce a la resolución del crimen, la decisión de un grupo de jóvenes paleontólogos de materializar una vida prehistórica, cazando y matando ritualmente, como tribus desafiantes, etc. Y, en fin, sin olvidar los sucesivos flashback que remiten a los hechos acaecidos seis años atrás en Asturias, pasos atrás en el tiempo con los que se va desglosando la investigación que llevaron a cabo entonces Silvia y Daniel, una pesquisa que, pese a haber intuido quién era el asesino, dejó pistas que vuelven a repetirse ahora en Atapuerca. 

El resultado es un perfecto puzle que, gracias a los efectos y giros realistas, vivaces, detectivescos y nada previsibles, convierte a La huella del mal en una de las novelas policiacas mejor urdidas de los últimos años, a la altura de la muy poderosa novela de Domingo Villar. Lo cierto es que los dos, Villar y Ríos, han sabido dotar a sus historias de un ambiente opresivo, matemático, que no se queda en lo superfluo y se asoma a una deducción investigativa casi forense. Ambos logran montar una maquinaria argumental verosímil y convincente, sin exageraciones ni truculencias. 

Por otro lado, gracias a los diálogos, Ríos ha creado unos personajes con los que es fácil empatizar, porque son muy reales. En este sentido, en La huella del mal, hay una evidente preponderancia de lo femenino, tanto en la investigadora protagonista (Silvia) como en la antagonista (Inés), dejando al protagonista masculino (Daniel) un papel relevante, pero satélite de las otras dos. Finalmente, para quien se empeñe en ver que, pese a todo, el conjunto parezca ya leído o visto en alguna serie televisiva, he de decirle que se equivoca. Es cierto que todos los thrillers responden a un mismo patrón, pero es en la sutileza para manejar de modo diferente esas mismas y elementales piezas, comunes a muchas novelas policiales, donde reside el éxito o la fascinación. Esta novela, ortodoxa dentro de su género, pero inteligentemente sutil, es muy buena porque es policial en estado puro.

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La huella del mal

La huella del mal

Manuel Ríos San Martín Normal | Libro | Planeta | junio de 2019 Desde: 18,90€