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El delirio de un Origen

Agustín Fernández Mallo
Por Agustín Fernández Mallo
El 10/07/2017
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El delirio de un Origen

 

 

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Nunca he estado especialmente interesado en conocer quienes fueron mis antepasados. Más allá de mis abuelos y si acaso una bisabuela, es como si la Historia desapareciera en lo que a mí respecta. Me gusta percibir mi filiación como si hace 150 años los hombres y las mujeres de los cuales remotamente procedo se hubieran materializado en la Tierra, una estirpe que desde algún planeta hubiese irrumpido en éste para colonizar una pequeña parcela de vida. Además, francamente, nada hay más desagradable que esa clase de gente que busca justificaciones a sus actos en los de sus antepasados. Individuos que buscan no sé qué prestigio en comportamientos y acciones que ellos mismos jamás han llevado a cabo, y ni de lejos han visto. Cuando la última crisis económica estalló (habrá más, no cunda el pánico), recuerdo patéticas escenas de gente acomodada compitiendo a ver quién tenía un antepasado más humilde, más pobre o más “hecho a sí mismo”, gente inventando un extracto social que no es que sea verdadero ni falso sino que sencillamente da igual, ni suma ni resta nada a nuestros actos de hoy, que han de hablar por sí mismos. En justa correspondencia, y aún más años atrás, cuando todos éramos millonarios, recuerdo similares esencialismos pero de signo contrario: a ver quién tenía el antepasado más noble, distinguido o cercano al poder.




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Cuando trabajaba en un hospital, en las largas guardias, si no había urgencias solíamos jugar a elaborar complejos experimentos mentales. El más común consistía en pensar hasta qué punto puede un cuerpo humano ir perdiendo miembros y órganos y aún así poder seguir siendo llamado “cuerpo humano”. Comenzábamos por lo obvio, piernas y brazos, y continuábamos con elementos que sería violento desgranar. Llegábamos siempre a la misma conclusión: resulta absurdo preguntarse por ese grado cero del cuerpo humano. En efecto, la inquietud derivada de la búsqueda de un origen genera este tipo de indagaciones, carentes de sentido.


Tampoco tiene sentido preguntarse cuál fue el aspecto físico, el rostro, de tu primer antepasado; hay un experimento que lo prueba: pon sobre la mesa una fotografía de tu padre o de madre, y sobre ella la de tu abuelo, y sobre ésta la de tu bisabuelo. Procede así con las fotografías de todos los familiares que te precedieron (en algún momento rebasarás la línea en la que se data la invención de la fotografía, pero eso ahora da lo mismo). Cuando llegues a la foto última, ésta será la de algo muy parecido a un pez.


Ésa y no otra es la cara de tu antepasado más lejano.


Lo extraño del asunto es que cada individuo de cada una de esas fotografías es de la misma especie que su predecesor, y sin embargo esa regresión nos lleva a especies radicalmente diferentes. En efecto, no existe el rostro de tu primer antepasado, de igual manera que no existe el cuerpo sin órganos mínimo por el cual pueda denominarse a un humano, “humano”.


La búsqueda de una esencia, de un lugar prístino y original de procedencia, ya sea social o biológico, no es más que un disparate que, no obstante, como un estribillo de verano una y otra vez regresa. Tenemos miedo a no venir de ningún lado, y lo cierto es que así es, a efectos de legitimar nuestros actos no venimos de ninguna parte, todos los cuerpos y las vidas que nos han precedido son un ejército de fantasmas de ficción. Asumida esa verdad, nociones como estirpe, linaje o patria pertenecen al ámbito del delirio.

 

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Anónimo

El 31/07/2017

Has realizado un buen estudio de Corte, barato y eficiente, como le gusta al gerente. Deberías ahora realizar uno de Cohorte. Quizá cambiara tu modo de percibir esa exclusiva influencia del presente, que aunque valida como mecanismo de supervivencia psicológico resulta incompleto para un análisis profundo social. ¿Qué te da más "visión de conjunto" un video o una foto? Excluyendo el hecho de que ninguno esté "tuneado" claro. Aunque tienes razón en que conceptos como linaje, raíz, etc. nada tienen que ver con la esencia pero si con el fundamento. Es importante cocinar con esencia pero también con fundamento. Sino pregúntale a Carlos Arguiñano !! Un saludo