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El genio

Antonio Hitos
Por Antonio Hitos
El 11/07/2018
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El genio

El pasado 29 de junio, Steve Ditko moría en su casa de Nueva York a los 90 años y aún activo, después de una larguísima carrera plagada de hitos con los que el resto de creadores apenas podemos fantasear. Es imposible exagerar la trascendencia de su figura en el lenguaje de los cómics y la cultura pop del siglo XX, y en los últimos días el medio se ha inclinado en un sentido homenaje a una de sus figuras más definitorias. Una de las reflexiones más compartidas es la extrañeza, casi rechazo, que su trabajo genera en un primer golpe de vista. Una extrañeza que, sin embargo, es hipnótica, y que a poco que prestemos atención va desvelando una maestría fascinante en el uso de todos los mecanismos invisibles del cómic. Se necesita un tipo de genialidad extraordinariamente infrecuente para conseguir que una voz que es tan radical y tan personal resuene con tanta fuerza e impacte de esa forma tan inequívoca a generaciones de autores de todo el mundo, que reconocen su profunda influencia más allá de la superficialidad del estilo o la industria. He leído a varios compañeros explicar su relación con el trabajo de Ditko como un placer adquirido, y me he reconocido en esas historias.

De niño, los cómics de Spider-Man eran una obsesión constante para mí. Leía las mismas grapas decenas de veces, y podía pasarme días enteros copiando las viñetas en un cuaderno. Estaba convencido de que podría dibujar a Spider-Man toda la vida y no aborrecerlo jamás. Los demás superhéroes estaban bien, pero había algo en Spider-Man y su diseño único e inconfundible que lo hacían irresistible. Sin embargo, ninguno de los cómics que cayeron en mi mano durante aquellos años estaban firmados por Ditko, y mi entrada al personaje vino en reediciones de las páginas dibujadas por John Romita y Gil Kane, en ese estilo canónico que aún hoy, cincuenta años después, sigue siendo la base sobre la que se explota gran parte del merchandising del personaje. La figura de Ditko siempre me sobrevoló como el creador original, pero a esa edad no creo que le concediera mayor importancia. No consigo recordar con exactitud cuándo me encontré con su trabajo por primera vez, pero sí recuerdo que me incomodó que en algunas viñetas la dirección de las telarañas dibujadas en el traje de Spider-Man fueran en la dirección incorrecta, y que incluso se vieran las pupilas de Peter Parker a través de la máscara cuando descubre la identidad del asesino de su tío Ben. La verdad es que no quedé impresionado.

Seguí leyendo los cómics de Spider-Man cada mes (aún hoy procuro mantenerme al día con el personaje), y quedé prendado, sucesivamente, del trabajo de Mark Bagley, Todd McFarlane y John Romita Jr., entre tantos otros. Por su importancia histórica, cada cierto tiempo me reencontraba con aquellas páginas de Ditko en reediciones, referencias y homenajes, y supongo que en algún momento fui aprendiendo a apreciarlas por su valor documental en la cronología del héroe, sin reconocerle el mérito en su justa medida. Con el tiempo me fui interesando en otro tipo de cómics más allá del mainstream norteamericano, y esto sí lo recuerdo bien, me llamó profundamente la atención la primera vez que leí a Daniel Clowes, importantísimo para mí, nombrar a Ditko en una entrevista como una de sus principales influencias. Esto me hizo ver el trabajo de ambos con una mirada nueva, y efectivamente, el rastro estaba ahí. Indagué entonces en la trayectoria previa de Ditko y, sobre todo, en sus cómics de terror, de una atmósfera enferma insuperable. Ahí, sin la distracción de Spider-Man y condicionado positivamente por la opinión entusiasta de Clowes, descubrí al Ditko autor que me había sido invisible hasta entonces. Con una planificación de página exquisita, quizás improvisada, y un tono incómodo cuyas herramientas me era imposible identificar, su potencia expresiva era abrumadora. Cuando recuperé su trabajo en Spider-Man vi que esa personalidad inimitable estaba también ahí, y eso es lo que hace al personaje, y el mundo que fabricó a su alrededor, un artefacto tan fascinante. A partir de ahí, mi interés en el resto de su obra no hizo más que crecer.

La obra de Ditko fuera de Spider-Man y el resto de sus creaciones más populares en Marvel, DC y la Charlton, es dispersa y está llena de historias cortas que funcionan con un ritmo infalible, y en cuya brevedad Ditko consigue desarrollar ideas que en manos de otros autores podrían extenderse cientos de páginas. Mientras escribo esto, he sacado de la estantería los varios volúmenes que recopilan el trabajo de Ditko que he acumulado a lo largo de los años, y forman una pila altísima junto al ordenador. Era un autor prolífico, como mandaban los estándares de la industria norteamericana en las décadas de los 50 y 60, pero sobre todo era un visionario. Algunos de estos recopilatorios están producidos con escaneados restaurados de las revistas publicadas en su día (cuando se hace bien, en mi opinión es la mejor forma de presentar reediciones de material antiguo), y el color tramado y el ruido en las masas de negro delatan su edad. Pero si uno pasa por alto la reproducción y se fija únicamente en el trabajo del autor, puede encontrar tratamientos que pasarían por rompedores en autores contemporáneos. Hay un tomo de 2014 publicado por IDW Publishing y Yoe Books que recopila un buen montón de historias brevísimas de Ditko, de una, dos o tres páginas, y una en concreto, titulada ‘Automata Ultima’ (1959), tiene una resolución gráfica que me fascina y me parece muy sintomática de parte de su visión. Es el año 4958 y la humanidad ha desaparecido. Las máquinas fabricadas para la guerra que acabó con todo son lo único que queda, y durante nueve viñetas Ditko recorre su fisionomía en dibujos tan sintéticos que casi parecen abstracciones. Ese tipo de enrarecimiento y recreación en las formas extrañas tan característicos del autor, y que seguiría explorando toda su vida, me cautiva con una intensidad que parecería exclusiva de asuntos más elevados.

En España la obra de Ditko ha gozado de un tratamiento razonablemente bueno en los últimos años, considerando el interés moderado que su obra podría despertar en el gran público. Sus etapas completas en Spider-Man y Doctor Extraño, las dos principales aportaciones que hizo al universo Marvel, están publicadas en voluminosos tomos por Panini Comics, que también ha recopilado su paso por otros personajes como el Hombre Máquina o el Increíble Hulk. Además, la editorial Diábolo ha traducido al español los tres primeros tomos de ‘Los Archivos de Steve Ditko’, publicados originalmente en EEUU por Fantagraphics, en una edición primorosa y con fantástica atención al detalle que incluye gran parte de las mejores historias del autor fuera del género superheroico. Talentos como el de Steve Ditko son irrepetibles, y su huella es, felizmente, imborrable.

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