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Entrevista a Isaac Pedrouzo

Culturafnac
Por Culturafnac
El 05/02/2020
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Entrevista a Isaac Pedrouzo

Isaac Pedrouzo es DJ, dueño del mejor bar de Ourense, columnista en La Voz de Galicia y acaba de publicar su segundo libro, 'Esto no es Oregón'. Hablamos con él sobre su ciudad, el humor y su nuevo libro que nosotros recomendamos muchísimo. Y, si no te gusta, como dice el propio Isaac, ¡te servirá para calzar alguna mesa!

 

Tu nuevo libro, ‘Esto no es Oregón’, está formado por textos tuyos que has ido publicando en La Voz de Galicia. ¿Cómo nace esa colaboración con el periódico?

Pues fue un poco raro porque cuando Nacho (el editor) y yo decidimos sacar el primer libro, ‘Todo tiene una historia’, allá por 2018, a principios, un día me llegó un mensaje de Facebook de una desconocida. Me decía Hola, me llamo Ruth, soy directora de La Voz de Ourense y acabo de leer unas cosas tuyas aquí hablando de un bar que se llama el París, es un bar muy mítico de Ourense donde la gente más joven, cuando yo era un chaval, íbamos a tomar licor café a primera hora porque era barato y tal, y me dijo me acaba de flipar, he pensado que podrías tener una sección en el periódico sobre cosas de Ourense, quedamos un día y lo hablamos. La verdad es que fue un poco gracioso porque le di mi teléfono para que me llamase y hablásemos. Entonces me llamó… esto es un spoiler de lo que voy a decir luego en la presentación, me llamó y justo estaba en el bar currando, me estaba cagando vivo y me estaba haciendo ya la oferta para trabajar en el periódico. En mi cabeza era: ¿qué hago? ¿Le cuelgo y voy al baño? ¿Aprieto el culo y le digo que sí? Porque evidentemente yo quería hacerlo… Entonces le dije mira, ya te pongo un mail (Risas). Y fue así. Fue una apuesta que ella hizo muy personal y muy arriesgada porque yo nunca había trabajado en prensa. A mí me vino caído del cielo esto. No me esperaba algo así, vaya.

 

Esto No Es Oregon

 

Qué guay, además el anterior libro prácticamente son columnas.

Sí, ‘Todo tiene una historia’ también fue un poco un rollo que yo quería hacer, y al final lo hice con Nacho, con Mont Ventoux. Más que columnas eran cosas que me pasaban. A veces no había ni siquiera una reflexión, como “hoy he estado en el bar, me entró un tío muy raro y me dijo esto”. Ya está. El meterte con una columna de un periódico sí que te genera un poco de miedo. Quiero decir, un libro lo lee el que lo compra, una red social la lee el que entra en la red social, pero el periódico tú lo coges. Yo pensaba, no puedo utilizar ciertos términos, no puedo hablar de ciertas cosas, el lenguaje no puede ser el mismo… Entonces Ruth me dijo No, Isaac, yo lo hago porque quiero que tengas ese tono, sino no me interesaría esto. Entonces la presión se fue un poco. 

¿Éste lo consideras una segunda parte del anterior o para ti son independientes?

No, esto me lo pregunta mucho la gente. No es una segunda parte porque mi primer libro estaba como, inconscientemente y sin ser a propósito, enfocado a mi vida personal, y este libro tiene una pauta que es que todos los textos, de una manera muy explícita o entre líneas, siempre hablan de Ourense. Entonces no es una segunda parte, yo lo llamo “la historia de amor que tengo con Ourense”. 

Precisamente eso te iba a decir, en este libro prácticamente compartes protagonismo con Ourense. No he estado nunca, pero cuando leo tu libro me la imagino como una ciudad casi de fantasía.

¡Claro! (Risas) Pero es como todas las ciudades nuevas. Tú puedes ir a Cuenca, porque te hablan de que Cuenca es la hostia, pero luego llegas allí y piensas que no es para tanto, ¡o sí! Pero sí, creo que Ourense es muy especial. Eso pasa también mucho en Madrid, la gente hace vida en su barrio, pero en Ourense lo que pasa es que los barrios conviven por separado, pero, al final, en el ocio conviven juntos, todos los guetos. Entonces es súper curioso porque en una misma zona de cuatro calles está todo el tipo de gente que te puedes encontrar en Ourense, es muy especial.

¿Tenías de antes esa inquietud de querer ser escritor o publicar un libro?

Nunca. Yo cuando escribía de chaval, escribía para ligar. Yo era el típico gañán de instituto que escribía poemas a las tías. Yo era ese tío, y nunca funcionaba. Era como “esto no vale para nada, joder” (Risas). Fue un poco así espontáneo. Cayó y yo estoy encantado y lo disfrutaré hasta que dure.

A mí me gustan mucho tus textos pues tienen mucho humor, pero del de reírse de uno mismo, lo cual me parece sanísimo y fundamental.

Yo tengo dos cosas que me inquietan por dentro: una es que no soy un tío nada gracioso, no me considero un tipo divertido, y lo de reírse de uno mismo es que un día hablando con mi abuelo, él me decía ¿A quién quieres más? ¿A tu padre o a tu madre? Yo le contesté que a quien más quería era a mí mismo, porque si no puedes quererte a ti mismo, no puedes querer a otra persona, entonces mi abuelo me dijo Menos mal que algo bueno te enseñé. Y lo de reírse de ti mismo es eso, si no puedes reírte de ti mismo, no puedes reírte de cualquier otra cosa.

¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en tus textos?

En ambos libros, haciendo un porcentaje generoso, yo diría que la ficción es un 3%. A mí me cuesta mucho hablar de cosas que no puedo o vivir o que alguien muy cerca de mí no haya vivido. Soy incapaz de inventarme una novela de ficción al uso porque yo tengo que tener la historia ahí, incluso tocar, sino… Hombre, llegado un punto, quizá pueda hacerlo, pero ahora no soy capaz de escribir sobre algo que no visualice en un momento o sea real. 



Isaac Pedrouzo


Trabajas en Café & Pop Torgal, que el año pasado fue su 15º aniversario, un lugar al que prometo peregrinar cuando visite Ourense, pues todo músico que conozco que ha estado ahí habla maravillas de él. ¿Cómo ha podido influir el Torgal en el libro?

(Risas) Hombre, influye tanto que la última frase de ‘Todo tiene una historia’, el primer libro que publiqué con Mont Ventoux, la última frase es “a mí los bares me salvaron la vida”. Yo a los 16 años dejé el instituto, me puse a trabajar en bares poniendo copas de mierda, con música de mierda, ambientes de mierda… Y cuando montamos el bar a mí me salvó la vida, porque yo podría estar ahora mismo… No lo sé, trabajando en el ropero de una discoteca en un polígono. Es decir, el Torgal me influye en todo. Me influye en el día a día, a mis amigos los conocí allí, mi vida diaria es allí, casi paso más tiempo en el Torgal que en mi casa. Con los músicos me pasa eso, llegan y yo lo que quiero, y es un poco el secreto que tiene, es que tienen que estar en su casa. Porque tú aparte si eres músico al Torgal vienes a trabajar, y como en casa no se trabaja en ningún sitio, evidentemente. Es mi filosofía de vida. Por eso el Torgal es muy importante en todo lo que escribo porque me enseñó en las relaciones sociales, que tienes que tratar a todo el mundo como quisieras que te trataran a ti, empatizar con la gente, entender que todos tienen un mal día… Es todo, al final es todo. Es una forma de entender la vida y eso te enseña poco a poco, cada día pasa algo que te dice “joder, esto pasa así, tío”. 

‘Todo tiene una historia’ tenía algo muy chulo que era que cada texto tenía un título de una canción. Como conozco tu faceta de DJ, tanto en el Torgal como otros eventos, quería preguntarte por varias canciones, como, para empezar, cuál es tu canción que nunca falla en una sesión.

Es muy difícil decirte eso porque yo soy de esas personas que no me gusta estancarme con las cosas, y si algo funciona un día no tiene por qué funcionar el siguiente. Te puedo decir la canción que más he pinchado en mi vida, que sería lo más parecido a esto. Yo creo que es Just like heaven de The Cure.

¿Y algún capricho personal que te gusta a ti pinchar?

Uy, muchos. Tengo muchos. Sí, porque con los años, sobre todo cuando pasas la treintena, te abres mucho las miras con la música y, de repente, puedo escuchar un bolero como escuchar un reguetón. Yo soy de los que todavía defienden al reguetón porque piensan que no todo es mierda. Caprichos tuve muchos. De hecho, hay una columna que sale en este libro, en ‘Esto no es Oregón’, que habla de la última canción de un bar. Tuve un capricho que pinchaba durante unos meses para cerrar Amor de hombre de Mocedades, porque me parecía un rollo como muy épico y de abrazarse.

Ostras, sí. Es muy de despedida. 

¡Claro! Pues sí, tuve una época en la que estuve muy obsesionado con cerrar con esa canción.

Hace poco vi pinchar a Aníbal y Carlos de Ojete Calor y cerraban con New York, New York de Sinatra y, oye, cierra perfecto.

Pero está un poco manida, yo siempre lo digo. A mí ahora me gusta mucho cerrar… Me obsesioné con la música de los 50 y con el soul más así, más de medio tiempo, y hay una canción de Jackie Wilson que se llama We have love que es un mega baladón que es como “o con esta vamos a follar o me voy para casa a llorar”. Últimamente estoy cerrando con esa porque me da un buen feeling.

Como última pregunta me voy al décimo texto de ‘Esto no es Oregón’, donde para terminar enumeras de tus cinco vidas que has tenido y te preguntas cómo irá la sexta. Te pregunto, Isaac, ¿qué tal va esa sexta vida?

Pues la sexta… Me acabas de joder (Risas). No me había planteado que esto fuera una sexta vida. Sí puede ser una sexta vida, pero va a ir igual que todas las demás, aprovechando todo lo bueno que venga. Yo soy una persona muy conformista. Siempre decía mi madre que yo con un llavero soy feliz, me lo paso bien. Entonces mi sexta vida va bien, porque yo hace mucho tiempo que no me permito a mí mismo que las cosas malas me influyan demasiado, intento apartarlas, y, como soy muy payaso, todas las vidas van bien. ¿Qué pasa? Esta es nueva, ¿cuándo va a acabar? No lo sé, me da igual. Y si acaba hoy…

Acabaría presentando tu segundo libro, ¡no está nada mal!

Que acabe hoy entonces, que acabe aquí arriba.

 

Texto: Alberto Vaquero (Fnac.es).

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