Garth Ennis

Garth Ennis, el guionista de The boys, Predicador o Crossed, es uno de los puntales del arte del cómic desde finales del siglo XX hasta ahora. ¿Y de dónde vino? Pues Ennis cruzó el charco desde la Gran Bretaña, después de una etapa en 2000AD. Dicho...
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Garth Ennis

Garth Ennis, el guionista de The boys, Predicador o Crossed, es uno de los puntales del arte del cómic desde finales del siglo XX hasta ahora. ¿Y de dónde vino? Pues Ennis cruzó el charco desde la Gran Bretaña, después de una etapa en 2000AD. Dicho así parece fácil pero fue su capacidad para analizar los problemas sociales mezclado con su aserrada y dolorosa forma de expresarlos, recordemos que se crio en la sangrienta Irlanda de los 70 y 80, lo que llevó a la dirección de la mítica 200AD a darle la oportunidad. Y lo hizo a cargo de la resurrección en calidad de un personaje tan emblemático del cómic británico cómo es Juez Dredd, siendo capaz de meter guiños totales a su Irlanda natal en Emerald Isle (sin que falte una buena mención a Guinness) o realizar la que, para muchos, es la mejor saga del personaje, El día del juicio final., en donde tuvo a su lado al maestro del dibujo Carlos Ezquerra.

Los dos grandes sellos de cómic norteamericanos se pegaron por tener en sus equipos a este guionista norirlandés cuyos libretos rezumaban humor, violencia y mucha mala leche. En DC lo dio todo en el sello Vertigo, con Hellbrazer cómo ariete. Allí estuvo creando unas historias que le iban cómo anillo al dedo al protagnista, John Constantine, el mejor practicante de magia que uno puede encontrar, si obviamos que es un cínico tramposo, que bebe y fuma casi tanto como respira y el cual tiene tendencia a tomar malas decisiones que pagan sus seres más cercanos. Es en Vertigo en donde Ennis, al lado de los lápices de Steve Dillon, se atreve a tocar todos los temas más delicados (religión, racismo, homofobia, sexualidad, el abandono del Estado con sus ciudadanos, …) de la manera menos delicada posible en su Predicador. A juego con el tono de western crepuscular que lo impregna, su protagonista será Jesse Custer, un pastor descreído cuya conciencia se personifica en forma de John Wayne, que efectuará toda una road movie a lo largo y ancho de lo más putrefacto de la sociedad de EEUU (acompañado de su desquilibrada a la par que peligrosa novia y de su mejor amigo, un vampiro irlandés borracho con una ética que le capacita para intentar levantarle la novia a Jessie). Humor negro, salvajismo gráfico y todo el espectro de degradación que se puede encontrar junto con un filoso sentido de lo correcto, la capacidad de perdón, la contraposición entre los antiguos valores fundacionales de los EEUU y su disrupción en la sociedad actual. Su éxito fue total y abrumador.

Así las cosas Marvel también quería al enfant terrible, aun cuando fuera arriesgado poner en sus manos a los chicos con capas. Y el riesgo de darle material súper heroico debía ser alto a tenor de la historia que hizo con Amanda Conner, The Punisher, dándole un trasfondo a un personajes que casi era una caricatura y logrando en el sello MAX de Marvel la libertad para generarlo. También tocó personajes cómo Ghost Rider o incluso el nórdico dios del trueno Thor. El uso de los tópicos de los enmascarados justicieros para retorcerlos y lanzar todo un panegírico contra la estupidez, el militarismo, el capitalismo salvaje o la búsqueda de salvadores tuvo un nombre en la producción de Ennis y ese nombre es The boys. En esa obra no queda en pie nada, tan indigesta resultó para las editoriales y solo Dynamite se atrevió a seguir con ella, decisión del todo acertada pues se convirtió en uno de los grandes hitos del cómic, llevado a serie de televisión en donde también está rompiendo previsiones.

Siendo la polémica su marca de referencia, nuestro norirlandés incorrecto y prolífico siguió levantando ampollas con su serie, Crossed, en donde los cruzados hacen de todo y nada bueno. Aquí la sinceridad domina en lo que ofrece al lector: zombies y humor grotesco vía gore, esto es, su vena más divertida, burra y falta de cualquier freno.

Aunque también es capaz de afinar y ser cortante cual estilete para darle un revolcón a los clásicos espías machos alfa, de disparo fácil para abatir enemigos o ligarse mujeres, en Jimmy’s Bastards, en donde el olor a rancio y naftalina de este arquetipo pasa por la picadora revisionista y crítica de Ennis. En esa vertiente ácida, contenida, al tiempo que analítica con los males que aquejan su América está A Walk Through Hell, y es que Ennis, cuando quiere dejar de lado su vertiente más macarra, es capaz de brindar unas historias para enmarcar.

 

Miguel Herreros