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Hacerlo con estilo

Antonio Hitos
Por Antonio Hitos
El 17/01/2017
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Hacerlo con estilo

 

Dibujar no ha sido una decisión consciente para mí. He dibujado desde que podía dibujar, y he dibujado siempre. He tenido algunas idas y venidas, claro, de rachas más o menos activas, pero nunca he llegado a irme lo suficiente como para poder volver. Por eso mis ideas sobre el dibujo han crecido y cambiado conmigo como mis ideas sobre el mundo, y las trato de la misma forma que intento tratar cualquier ideología, procurando que mis certezas no me conviertan en un reaccionario. No es fácil con el dibujo. Es la actividad que consume la mayor parte de mi tiempo, y eso crea una especie de hábitat en el que es fácil aislarse de ideas ajenas que cuestionen o incluso ataquen las propias. Por suerte, cuando los tebeos salen de la mesa a la mano de los lectores, el diálogo que generan obliga a pensar en los motivos y los caminos que han hecho que el libro sea ese y no otro, y obliga además a pensarlo y entenderlo lo suficiente como para ser capaz de explicarlo.

 

Algunas de las preguntas que más he contestado en los últimos meses tienen que ver con el estilo, entendido como la suma de rasgos característicos que hacen que un dibujo pueda asociarse con su autor. A muchos lectores y periodistas, y sobre todo a dibujantes más jóvenes, les interesa conocer el proceso que hay que recorrer para que tu dibujo sea reconocible. Por suerte no tengo muchas certezas al respecto, pero pensar en una respuesta convincente me ha llevado a darme cuenta de algunas cosas que sospecho que pueden aplicarse también a cualquier otra forma de expresión. Es imposible elaborar un estilo propio hasta que se tiene. Cuando nos referimos al estilo de tal o cual autor o escuela, normalmente hablamos en términos absolutos, pero lo que finalmente termina convirtiéndose en estilo es en realidad la suma acumulada de soluciones individuales que el dibujante ha incorporado a su método a medida que se ha encontrado con problemas para representar objetos, reales o figurados, en su trabajo. Cuanto mayor sea la coherencia de estas soluciones, más marcada será la identidad del autor, y por eso forzar los códigos antes de que surja la necesidad (y la necesidad surge tarde o temprano cuando se trabaja lo suficiente) es arriesgado. El estilo es también el resultado de las propias limitaciones, porque no se puede dibujar como no se sabe y, perdón por el trabalenguas, nadie sabe lo que sabe hasta que se lo cuestiona. Seguramente es importante también un planteamiento teórico sólido que oriente la toma de decisiones, pero sólo se hace estilo en su aplicación práctica.

 

Esto no es una reivindicación del academicismo. Cuando hablo de práctica no me refiero a un aprendizaje clásico, y de hecho gran parte del mérito de crear una corriente es su ruptura con otras corrientes anteriores y contemporáneas. Las opiniones tienden a polarizarse mucho en este asunto, pero yo personalmente pienso que para romper con una tradición tanto vale conocerla como ignorarla, y en última instancia el trabajo debe hablar por sí mismo. Aunque el conocimiento siempre multiplica la libertad, también es verdad que la formación puede llegar a ser una losa, porque no es fácil desprenderse de vicios y recursos una vez que se han interiorizado. No sé si es una sensación extendida entre los dibujantes, pero he notado que el estilo se vuelve más evidente para los otros que para uno mismo. Esto me ha ayudado a relajarme, porque de alguna forma me ha hecho entender que finalmente es inevitable que hábitos inconscientes se abran paso en mi trabajo: el estilo está definido sobre todo por la forma de pensar, de la que cada uno es al mismo tiempo dueño y esclavo. Sin embargo, aceptar esto sin más es también una postura perezosa, porque legitima el inmovilismo y desincentiva el esfuerzo imprescindible para evolucionar. Aceptar el azar no está reñido con intentar modularlo.

 

He aprendido a buscar una dirección. Es verdad que no puedo decidir conscientemente cada detalle de lo que hago, pero puedo orientarlo en el sentido que, pensado en frío, me lleve a donde quiero estar. Mi búsqueda hoy es la sencillez, y eso es, a su manera, una postura ideológica. Espero estar alerta para cambiar de rumbo cuando cambie de opinión.

 

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Anónimo

El 30/01/2017

Interesante y utilísima reflexión para los que queremos llegar al lugar donde está Antonio en este momento. La obsesión por tener un estilo propio es algo que siempre atormenta a cualquier creador, sea del tipo que sea. Me quedo con que, en mi caso, aún no he dibujado (ni pensado) lo suficiente para tener un estilo que reivindicar como mío. Deseando leer tu nuevo trabajo Antonio.

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