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Harri-Burni-Egur-Herri (deporte rural)

Mikel Aristregi
Por Mikel Aristregi
El 08/03/2016
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Harri-Burni-Egur-Herri (deporte rural)

 

El deporte rural vasco muy probablemente se originó como casi todo en la Edad de Piedra, con dos individuos macho-alfa en torno a una gran mole de sílex y con uno de ellos pronunciando las fatídicas palabras que, mal que nos pese, han activado los mecanismos de la historia y precipitado el devenir de los acontecimientos, ¡A que no hay cojones de…! A lo que el otro respondió -y aquí no hay ni espacio para la duda ni margen para el error- de la única manera para la cual, como vasco, estaba capacitado, ¿Qué te juegas? Porque al vasco primigenio no había nada que le gustara más que apostar, primero, y levantar piedras, después, razón por la cual, y vaya esto a modo de anexo, fueron tan apreciados como mano de obra por reyes, jeques, sultanes y emperadores de todo el mundo en la construcción de sus respectivos palacios, tanto de invierno como de verano, marcando el inicio de lo que posteriormente se conocería como la diáspora vasca. Así, de la síntesis del juego y el trabajo nació el deporte popular o los herri kirolak, que es el nombre genérico que reciben en el País Vasco las diferentes disciplinas que lo aglutinan.

 

Herri Kirolak de Mikel Aristregi

Roman Elosegi “Zaharra” (El Viejo) y sus bueyes Sortu y Bildi durante un entrenamiento (Zaldibia, Gipuzkoa)


Herri Kirolak de Mikel Aristregi 

El aizkolari Joxe Mari Olasagasti con sus asistentes Joseba y Urtzi durante un entrenamiento (Igeldo, Gipuzkoa).


Herri Kirolak de Mikel Aristregi

Joxean y Patxi Uzkudun durante un entrenamiento con sus bueyes (Hernani, Gipuzkoa)



A lo largo de los siglos cientos, miles, millones de piedras fueron alzadas y otros tantos patrimonios, para alegría de unos y tristeza de otros, pero sobre todo de otras, traspasados; tierras, rebaños, caseríos, monedas de oro y plata, boinas, camisas y alpargatas, mercedes, rolex y todo aquello cuanto permitiera la ley; estamos ante los albores de la ludopatía. Siendo cristianos, católicos, apostólicos y romanos, los vascos se tomaron tan en serio aquello de te ganarás el pan con el sudor de tu frente que se les fue de las manos. Hicieron de ello su leit motiv, convirtiendo en ocio aquellas mismas actividades que desempeñaban diariamente en sus haciendas y lugares de trabajo, ya fuera con el hacha o la guadaña, cargando piedras o arrastrándolas con el buey. El vasco, por fin, había descubierto el divertimiento, que no consistía en otra cosa que en trabajar ya no solo más, sino con más ahínco todavía: cuantos más kilos alzados, cuantos más troncos cortados, cuanta más yerba segada, más diversión. Puro vicio lo de los vascos, ¡una fiesta!



 

Herri Kirolak de Mikel Aristregi

Joseba Ostolaza levantando la cúbica de 113 kg. con una sola mano (Abadiño, Vizcaya).



Herri Kirolak de Mikel Aristregi 

Desafío entre Xabier Orbegozo “Arria V” y Donato Larretxea con 12.000 euros en juego
(Plaza de toros de Tolosa, Gipuzkoa).

 


Las demostraciones de fuerza tomaron las plazas de todos los pueblos y aldeas del país. Ante cada nueva proeza digna de mención, la noticia, pese a la ausencia de whatsapp, corría como la pólvora, primero entre los vecinos y después, catapultada tras la celebración del mercado semanal donde no había puesto ni parada en la que no se comentara la última hazaña conseguida por éste o aquel otro morrosko, a veces con rigor, las más añadiéndose datos e informaciones poco contrastadas, adornos en apariencia insignificantes cuya finalidad no era otra que la de embellecer la historia pero cuya paulatina sedimentación iba dotándola de dimensiones mitológicas según se iba ramificando de boca en boca, de oreja en oreja, entre la población, llegando a haber incluso quienes no dudaban en calificar los hechos de milagro, aunque justo sería decir que también los había numerosos en el bando de los incrédulos, más allá de los límites imaginables. Que a nadie le extrañe que, ante esta coyuntura, el deporte rural vasco se convirtiera en poco tiempo, valga la redundancia, en el deporte rey del país, que no en el deporte del rey, que aunque parecido, no es, ni de lejos, lo mismo.




Herri Kirolak de Mikel Aristregi

Inaxio Perurena con la rectangular de 303 kg. (Asteasu, Gipuzkoa)


Herri Kirolak de Mikel Aristregi

Xabier Orbegozo “Arria V” tras perder el desafío contra Donato Larretxea
(Plaza de toros de Tolosa, Gipuzkoa)




De esta manera es como se fue forjando el arquetipo vasco, un individuo ideal cuyo concepto ha ido degenerando a lo largo del tiempo en la imagen estereotipada que hoy en día se tiene del vasco, aceptándola como cierta incluso en la psique de la propia sociedad de origen, lo que está propiciando la marginación de los físicamente menos dotados como en el caso de un servidor, a quien hasta su propia abuela lo ha mirado con desprecio en más de una ocasión por no ir en mangas de camisa durante todos los días del año o simplemente al contemplar como se le resistía la tapa de un tarro de mermelada en almíbar -probablemente de albaricoque; ante todo, sobriedad, nada de gustos exóticos-. Por suerte, siempre podía recurrir a aquellas mágicas palabras que le devolvían automáticamente su fe y su esperanza en la vida, ¿Amona, qué te juegas a que lo abro?



Herri Kirolak de Mikel Aristregi

Exterior de la cuadra donde Iñaki Oliden guarda sus bueyes (Orio, Gipuzkoa).


Herri Kirolak de Mikel Aristregi

Iñaki Oliden con sus bueyes durante un entrenamiento (Orio, Gipuzkoa).




Portada: Beñat Telleria hace estiramientos en su casa ante la cúbica de 100 kg. (Lasarte, Gipuzkoa).


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