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La Grandeza de Isabel Allende

Adolfo García Ortega
Por Adolfo García Ortega
El 16/09/2019
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La Grandeza de Isabel Allende

1. Me admiran los escritores y las escritoras que dominan su oficio, jugándosela siempre en el filo entre la calidad literaria (que supone una exigencia vigilante) y la capacidad comercial (que supone una inevitable concesión). Por eso respeto y admiro a Isabel Allende. Su última novela, Largo pétalo de mar, es exactamente eso: una novela al filo. Y sale airosa del desafío, una vez más. Por primera vez, Allende escribe sobre la guerra civil española. El poético título se toma de unos versos de Pablo Neruda, personaje colateral del libro que tiene una presencia etérea a lo largo de toda la novela. Cada capítulo se abre con una cita suya. Neruda, que había sido cónsul en España, se instaló en París en 1939, donde, desde su cargo de cónsul para la inmigración española, gestionó la ayuda a refugiados. Entre otras acciones, quizá la más ambiciosa fue la de fletar el barco Winnipeg, que trasladó a más de dos mil refugiados republicanos a Chile. Este hecho es el eje vertebrador de la novela. Entre los pasajeros del Winnipeg se encuentran el médico Víctor Dalmau y su amiga la pianista Roser Bruguera, los auténticos protagonistas de Largo pétalo de mar, que se vieron obligados a partir al exilio. Una vez en Chile, disfrutaron de unos años de paz, amor y libertad, pero de nuevo el infortunio cae sobre ellos al producirse el golpe de Estado del general Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, quien aparece en la novela como personaje secundario, junto a otros también reales.

Curiosamente, con esta novela, pero desde un enfoque muy distinto, se llega al mismo punto donde acababa La casa de los espíritus, la primera novela que escribió Isabel Allende: la situación traumática del golpe de estado de Pinochet y sus consecuencias. Esta tragedia política de Chile subyace en todo el imaginario de esta autora. Quizá no sea la mejor novela de Isabel Allende, ya que es cierto que subyace una ligera sensación de rutina del oficio, como viene sucediendo desde El amante japonés, pero no pierde eficacia. Maneja, en un mismo y repetido cóctel, unas historias de amor cruzadas, unas mujeres fuertes en medio del drama y un didactismo en materia política e histórica que dejan satisfecho al lector fiel. Eso se llama poderío.

 

isabel allende-largo pétalo del mar

 

2. Es innegable su dominio de lo que podría denominarse “un patrón contemporáneo de folletín”, consistente en el establecimiento de una historia principal de corte amoroso del que surgen varias subtramas de corte extraordinario e insólito. La gran virtud de Allende es su capacidad de contar, introduciendo toques de humor y elementos asombrosos y de urdir una red de personajes que atrapan con sus amores y desamores. Personajes más buen arquetípicos, que están a disposición de esa “bondad humanitaria” que Allende transmite siempre en sus historias. Otro elemento folletinesco que Allende domina a la perfección es la mezcla entre tiempo vivido y tiempo recordado, de modo que en la novela el lapso es muy largo, pasan muchos años en sus páginas, décadas a veces. Y en ese tiempo ocurre algo sustancial, una evolución inesperada. Por eso, el elemento constante de las novelas de Isabel Allende es la transformación, ya para evidenciarla, ya para negarla.

Todas sus novelas -así parece concebir esta autora el género- son melodramáticas dentro de un contexto histórico y social muy conocido, políticamente hablando. Como parte de ese patrón folletinesco, introduce la política desde un punto de vista crítico, comprometido con una izquierda de trazo muy amplio. La han comparado con García Márquez. Desde luego, hay ecos del colombiano, pero, en realidad, el molde de donde nacen sus novelas es el chileno José Donoso, sobre todo por sus dos grandes novelas El obsceno pájaro de la noche (1970) y Casa de campo (1978). 

Es notorio el feminismo explícito o latente en su obra. También sucede, como no podía ser menos, en Largo pétalo de mar. Es un factor muy relevante en sus personajes femeninos, hasta el punto de ser lo femenino el vértice de toda su obra. Un feminismo que adopta la forma del testimonio, es decir, de la memoria, desde una óptica de mujer. Este feminismo tiene también un claro desarrollo en el erotismo. En sus novelas, lo erótico tiene un papel destacado y liberador.

Y pese a todo lo anterior, la consideración crítica de Isabel Allende ha sido dispar. Aunque sus primeras novelas gozaron del reconocimiento de sus valores literarios, la carrera de éxitos comerciales de sus novelas a partir de Hija de la fortuna la distanció cada vez más de la alta valoración que siempre se le dio a los autores del boom, con quienes a menudo se ha visto comparada. Ha sido juzgada con un rasero excesivamente exigente, cuando no machista, pese a gozar del amplio favor del público, a veces por millones. No obstante, es la autora que con más habilidad pervive en ese filo entre lo exquisito y lo popular. Un don, desde luego, envidiable.

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