• Tienda
  • Cultura Fnac
Blog

La fiesta de la democracia. Capítulo III

Mikel Aristregi
Por Mikel Aristregi
El 03/10/2016
29
La fiesta de la democracia. Capítulo III

 

Si no fuera porque es la tercera vez que F acude a las urnas en menos de un año, podría haberse dicho, como tantas otras veces, que había llegado la hora de la verdad. Y, sin embargo, F se presenta en el colegio electoral como quien va a una reunión de vecinos, sin carga emocional, rozando la indiferencia, dispuesta a introducir, una vez más, la papeleta por la ranura, en esta ocasión, eso sí, con grácil movimiento, no como la última vez en la que el sobre, ya fuera por un inoportuno pliegue en una de sus esquinas inferiores (F no se había fijado), ya fuera por falta de coordinación entre la mano depositaria y los ojos miopes que la guiaban, el sobre, decíamos, parecía no querer entrar, como si dentro de la urna se hubiera invertido el peso gravitatorio y lo impeliera hacia arriba. Si F hubiera sido supersticiosa habría pensado que se trataba de una señal inequívoca de que aquella, la suya, era una mala elección, y tal vez habría acabado por cambiar el voto o, incluso, quién sabe, por no votar; pero, al no serlo, finalmente F había acabado metiendo el sobre en la urna empujándolo bruscamente con su dedo índice al mismo tiempo que se había ruborizado por los comentarios jocosos del presidente de la mesa que aunque lo pretendían, no hicieron gracia a ninguno de los presentes, en parte porque todos allí lo conocían y a ninguno de ellos les caía bien. Queda demostrado, por lo tanto, que todo lo que no tiene F de supersticiosa lo tiene en timidez, con especial incidencia en su sentido del ridículo, a todas luces exagerado, al menos en esta ocasión. Y una cosa más sobre la naturaleza genética de F: también sabe reconocer los beneficios que la repetición de una actividad conlleva en futuras ejecuciones, por lo que espera bordar el acto mismo de votar en esta nueva oportunidad que en un intervalo tan breve de tiempo le ha vuelto a brindar la fiesta de la democracia. Aun no se ha decidido si probar con un tiro libre o hacer un mate de espaldas para deleite de los presentes en la sala, que como mínimo ya sabe que serán tres. Entretenida en estos pensamientos y en otros que desconocemos, F realiza el trayecto desde su casa al lugar que le ha sido asignado asomándole la papeleta por el bolsillo trasero del pantalón, lugar que consideró el más idóneo para evitar la aparición en el sobre de alguna posible y potencialmente inoportuna doblez que pudiera provocar una nueva concentración descontrolada de glóbulos rojos en sus mejillas, ya de por sí coloradas a causa de un abuso continuado en el consumo de rioja. Por si esto fuera poco, F sufre del mal de Rutherford, también conocido como el Síndrome Transitorio de la Transmutación del Voto (STTV), según el cual, quien lo padece es dominado por la paranoia de que el signo del voto introducido en el sobre transmuta a otro sin que existan causas que justifiquen empíricamente dicha alteración; es decir, como por arte de magia. Por este motivo, en los momentos previos a ejercitar su derecho a sufragar, F se ve empujada a comprobar una y otra vez que la papeleta en el interior del sobre sigue siendo la misma que introdujo ella misma días atrás. A pesar de las incomodidades que la patología le causa, no es grave, por lo que no merece la pena que nadie se preocupe por ella, no al menos en lo relativo a esta cuestión, aunque tal vez un poco sí por la del vino. Camino va, decíamos, de la fiesta, y desde las paredes de las fachadas de los edificios que conforman el municipio donde vive F, también desde las vallas publicitarias, los y las candidatas le sonríen, algunos estableciendo contacto visual, otras escuchando o haciendo que escuchan, la mayoría, mujeres, aunque también hombres, con la mirada puesta en el infinito, metáfora de futuro, siempre mirando a la derecha de quien las mira, a la izquierda de quienes miran, es por la dirección de lectura en la cultura occidental, porque si fuera al revés mirarían hacia atrás, al pasado, que ojo, también es conveniente, incluso necesario, ya saben, de dónde venimos, etcétera, pero el mensaje sería otro, y ya se sabe que de memoria nunca anduvo bien el pueblo, éste y otros, y que el pasado vende poco y mal, sobre todo por aquello de las promesas incumplidas. Esos mismos rostros a los que hoy se venera, se descompondrán –literalmente- el día de mañana, ya sea por la baja calidad de la cola empleada en su sujeción, ya sea por las inclemencias meteorológicas entre las que la lluvia, más que el viento, tan frecuente y abundante en esta parte de la península, destaca por su nocividad, deformando, acartonando, rasgando, arrancándolos del pedestal desde el que nos contemplan y devolviéndoles la tridimensionalidad; ya sea por la mano creativa de algún aspirante a ilustrador o simple bromista que, rotulador de punta negra en ristre, añada complementos y atributos a quienes carecían de ellos sin que a nadie, y permítanme la expresión, le importe una mierda.

 

La_fiesta_int2_new

Tu valoración : Je détesteJe n'aime pasCa vaJ'aimeJ'adore