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La niebla y Mark Hollis

Antonio Luque
Por Antonio Luque
El 04/03/2019
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La niebla y Mark Hollis

Hace más de una semana que vi La niebla en la tele y aún tengo miedo. Conocía algunos fragmentos, de hacer zapping y pasarla rápido, porque no soy de ver películas de miedo yo. De niño me llevaron a ver Carrie a un cine de verano y debió de marcarme demasiado; quizá era demasiado pronto, quizá lo del bulling me había tocado ya de cerca. ¿Cómo pueden pensar en sociedades utópicas los que saben que existe el acoso entre niños no ya de la edad de Carrie, sino mucho menores? ¿No han observado nunca al típico menor carajote liándola en el parque infantil? Siempre está más cerca de llevarse a cabo la distopía de algún aclamado enfermo mental: eso son los nuevos héroes populares, y me pregunto si no ha sido así desde la noche de los tiempos. Se está rifando una tragedia y pronto repartirán las papeletas. 

Tengo miedo de noche, por el día se me va pasando. Me encojo cuando pasa el tren a lo lejos, de madrugada, seguramente cargado con coches de Martorell, para que el pueblo siga padeciendo el colapso de las rondas, o jugándose el pescuezo propio y ajeno mirando el móvil al volante: es escandaloso el porcentaje de conductores que lo hace. Cuando cruzamos el país en la furgoneta los veo de lejos, dando bandazos. Camiones, coches con niños, de todo ves, con la pantalla del móvil delatándoles. Por cierto que es raro que en un viaje de 900 Km me cruce con más de una patrulla de la Guardia Civil. Muchas veces no hay ni una. ¿Qué estarán haciendo? ¿Afinando sables? Bueno, no me olvido de aquella pareja escondida en aquel pueblo fantasma de Burgos, donde aprovechaban la inútil señal de 50 para repartir poemas de miedo con foto a los velocistas motorizados en forma de notificación certificada de correos. 

¿Por qué les gustan a los niños las películas de terror? Seguro que he contado también lo que pasó aquel día en el apartamento playero de alguno de la pandilla de los primeros años ochenta, tendría yo la edad de Guille, cuando se aprovechó la ausencia de sus padres para llevar a las niñas, poner Posesión Infernal, bajar las persianas y esperar el estremecimiento de ellas para lograr el propio, de una naturaleza supuestamente distinta. En aquellos tiempos se creía en esas diferencias. Yo veía que no las veía, para empezar porque cada vez que la cosa se ponía chunga en la historia del videocasete me tapaba los ojos. Hice bien, aquello no tenía nada que ver con Stephen King.

Después de La niebla contaron en la tele un poco la vida del autor en un documental. Me pregunto por qué a todos los que han logrado el éxito con sus obras les da así por la cocaína y el alcohol. ¿No suben bastante la autoestima las cifras de ventas? Es posible que el propio autor comprenda lo fortuito de la situación y deba compensar en sus adentros lo que de él se dice afuera, o lo que dicen los números. No sé si me explico. Bueno, sigue vivo. Espero que lo haya disfrutado y que haya dejado atrás las resacas, tan temibles. 

Hoy ha muerto Mark Hollis. En las necrológicas de los diarios algún crítico ha puesto que su último disco con Talk Talk fue de post rock y he aprovechado para escucharlo. Post rock. La madre que los parió. Para colmo el copia-pega está funcionando y en varios periódicos dicen lo mismo. La de Living in another world siempre fue de mis favoritas. Hacían unos cambios en las canciones increíbles, como esa nota de paso en It´s my life que hace que estrofa y estribillo estén en diferentes tonalidades y que casen tan bien. En Living in another world también pasa eso, creo. Luego lo miro con la guitarra. Me he enterado de su muerte por un tuit de mi amigo el Canijo. El Canijo es de otra pandilla de la playa. Es la misma playa de Valdelagrana, que es muy larga, y mis padres se mudaron de un extremo a otro en el año 87, no sé por qué. Luego me extraña que parezca no tener raíces yo. Una vez superado cierto número de mudanzas no se puede parar.

La pandilla del 87 en adelante, la de los bloques de Valdemar, no veía películas de miedo, ni había niñas alrededor. Eran, son, de Jerez de la Frontera, de discusión correosa e infructuosa, a lo Arrimadas, y solo el Canijo (Francis) controlaba por entonces de música, como yo, aunque los demás aprendieron rápido. Lo bueno le gusta a todo el mundo; solo hay que dar la oportunidad de que lo conozca. Es más fácil dar basura a troche y moche y luego decir que lo demás es elitista, y como estrategia de dominación está funcionando, no cabe duda, así que enhorabuena a los cómplices. La madre que los parió. Post rock. Copia y pega. 

Descanse en paz Mark Hollis. Tenía una voz preciosa.

Con los de Posesión Infernal hacía ouija también. Por entonces era un juego para niños que se vendía en los kioscos. Mi hijo me preguntó hace poco si pasaba algo raro al hacer ouija. Lo llevé a ver Verónica porque uno de los guionistas de la peli es colega, y porque a Guille, mi hijo, le gustan las películas de miedo. También tenía yo curiosidad: esa historia me sonaba de los programas de radio de aquellos años 80, cuando mi padre se sentaba en el balcón del primer piso, en verano, donde la ouija, con la cadena SER y ese sonido del muelle que de por si daba miedo, y aquellas pesadillas que tenía luego mirando a la parte aún no urbanizada, donde jugábamos de día con los hierros para forjar hormigón y con los medicamentos abandonados en la basura, y haciendo la guerra contra los de las torres altas con manojos de juncos para atizar, y con las piedras blancas de allí, los pelotes, la caliza. Formábamos verdaderos ejércitos. ¿Qué necesidad había? Ay, las utopías de confort.

Una noche vi a Satán en mi habitación. No le doy mayor importancia, la verdad. Supongo que era un sueño. Me daba más miedo un espíritu de los que salían dibujados en aquel tablero de plástico de la ouija de Jaime, el pelirrojo, ¿qué habrá sido de él?

Era una mujer rubia de ojos grandes subida en un árbol, medio desnuda. Espero no ver nunca de noche una mujer así en un árbol. En cuanto a Satán, no hace falta buscar mucho para verlo. En los juncos también estaba, si se quería.

A Guille le confesé que aquello se movía. No repondió nada. Debí callarme. Él, que presumía de ver muchas pelis de miedo en casa de su madre, estuvo agarrado fuerte a la butaca cuando Verónica en muchos momentos. Igual era por la pantalla grande. Igual es que la sangre no es lo peor, y menos si es de colores, como en Posesión Infernal (lo único que recuerdo: qué película más mala). Espero no haber cometido el mismo error que mi madre llevándome a Carrie. Los errores se heredan, libres de impuestos.

Me gustó lo que contó Stephen King de El resplandor. Es verdad que parece que Jack Nicholson parece un loco desde el principio. ¿Por qué no le dejaron corregir ese error? Se ve que ningún éxito da al autor libertad sobre lo que se hará luego con su obra. Se compró un chalet con la pasta de Carrie y allí la presión de repetir el éxito estuvo a punto de volverlo loco; de eso va el Resplandor, o su inspiración. Yo, que me voy a morir con las ganas de haber tenido un chalet aislado, por evitar a los mal nacidos de los vecinos con sus martillazos a la hora de la siesta y sus campeonatos de arrastrar muebles, pero al mismo tiempo para poder poner el amplificador de guitarra más allá del punto 1, debería pensar que ha sido mejor así, vivir en colmenas con lo justo, con auriculares (no obstante sigo componiendo y mirando casas en alquiler en Idealista, aterrorizado).

La película esta, La niebla, tiene sangre y cosas desagradables, claro: hay que contentar al espectador medio. Me dicen: lo único bueno es el final. Respondo: ¿te parece poco? Tengo que leer el libro, seguro que es mejor.

Alerta spoiler:

¿Hay que mantener la esperanza? ¿En el ejército? ¿Son los que causan los problemas los que pueden arreglarlos? ¡Si al menos siguiésemos peleando con juncos!

El tren que lleva los coches hace en mi cabeza dormida el papel del bicho enorme ese del final. He tenido pesadillas varias noches seguidas, yo, tan devoto del sueño erótico. 

Tampoco ayuda a que olvide la película que cuando me pongo a tocar mis nuevos sintes de los ochenta me hago demasiado el intensito y tengo tendencia a las bandas sonoras de la época.

Mejor me olvido de Stephen King y estudio estas cosas tan chulas que hacían los Talk Talk, puesto que con un teclado es más fácil de entender que con la guitarra. O eso decía mi profesora de canto. 

Clases de canto. Cómo pasa el tiempo. Eso sí que da miedo. ¿De qué habrá muerto Mark Hollis, si apenas tenía edad de jubilarse? ¿Y por qué dejó el negocio de la música hace 20 años? Prefiero no pensarlo. Lo homenajearemos escuchando sus discos, como dice el Canijo. Un abrazo, Francis.

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