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La ternura de la carcajada demoledora

Adolfo García Ortega
Por Adolfo García Ortega
El 24/07/2019
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La ternura de la carcajada demoledora

1. Ya sé que llego tarde con Los asquerosos, la novela de Santiago Lorenzo que es todo un éxito desde hace meses, y merecidamente. Pero no por ello voy a dejar de comentarla y, creedme, con entusiasmo. A quien no la conozca aún, le pongo en aviso del argumento muy por encima, pues creo que es bueno no saber mucho de lo que va este libro. 

Un joven al que el narrador llama Manuel advirtiendo de que es un nombre falso, demostró, desde muy niño, dos cosas por naturaleza: su desapego de los vínculos paternales y una enorme capacidad inventiva para arreglar o inventar cosas, mecanismos y cacharrería. Esto le fue dando una clara autonomía a medida que crecía, de manera que, acabada la carrera, allá por el 2013, empezó a independizarse y a ganarse la vida de diversas maneras. Con veintipocos años vivía solo, administrando bien sus irregulares ingresos, en un apartamento de la madrileña calle Montera.

Cierto día, cuando salía de casa, tuvo la mala fortuna de coincidir con una manifestación de indignados que pasaba por su calle. Justo en el portal, un antidisturbios entra con violencia y lo confunde con un manifestante. Trata de aporrearlo con saña. Pero en ese momento, Manuel saca un destornillador-amuleto que lo ha acompañado desde niño y se lo clava en el cuello. Luego se va, dejando al policía malherido en el portal. A partir de ese momento, la vida de Manuel cambia radicalmente. Aquí dejo la explicación del arranque de la novela, porque todo lo que viene en adelante es un cúmulo de sorpresas, que van del drama a la comedia, de la angustia a la carcajada. Un hallazgo, un portento, un acierto, eso es Los asquerosos.

 

los asquerosos

De su autor, Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964), por lo que pone en su biografía, se dice que vive en un pueblo perdido de Segovia –lo que le da autoridad para contar la vida “robinsoniana” de su protagonista–. Se ha centrado sobre todo en el mundo de la imagen y del cine. Son conocidas sus películas Mamá es boba y Un buen día lo tiene cualquiera. Sus novelas anteriores, todas con similar humor y originalidad, son Los millones, Los huerfanitos y Las ganas. No está mal definido cuando lo llaman “el Tom Sharpe español”.

La novela es excelente en todos los sentidos. Narrativamente está muy bien construida y armada. No le sobra ni la falta nada. Es original, tanto en la perspectiva desde la que se narra, como en la relación de los personajes entre sí y su evolución transformadora, como también en la invención de personajes, en la resolución de los distintos problemas u obstáculos de la trama y en la conclusión de esta. Un final redondo, inteligente a más no poder y nada forzado: todo encaja, hasta la ternura, lo que deja un buen sabor de boca. Literariamente, Santiago Lorenzo sabe adónde va, en qué tipo de literatura quiere enmarcarse (una de corte británico, elegante y de sutil humor negro) y la lectura es fluida, absorbente y sorpresiva. Hay, además, un cierto suspense que tiene al lector en vilo.

2. Es muy de destacar que tiene una enorme inventiva lingüística, en la que se mezcla un lenguaje coloquial, de narrador oral –pues toda la novela, contada por el tío de Manuel, parece “hablada” más que escrita–, muy actual, muy de hoy, en el que combina términos rurales, muy precisos de la vida en el campo, en un pueblo o en la naturaleza, con otros inventados aposta o ingeniosamente ocurrentes. Su castellano es muy rico, muy exacto y muy imaginativo.

Desde luego, uno de sus grandes aciertos es el sentido del humor, primero imposible –en los dos primeros capítulos parece que la novela va a derivar hacia una denuncia social mediante una huida de Manuel a la desesperada por una España en crisis política–, pero luego, a medida que el lector comprende que el meollo de la historia va a consistir en la evolución de Manuel en un entorno precario y natural, centrada en su soledad, se da una relajación y se avanza por una trama en la que solo sucede el ingenio resolutivo de Manuel para sobrevivir. Esta parte está llena de encanto y diversión. Se trata de un humor fino e inteligente, más de frases –lo que es más asombroso y difícil aún– que de situaciones, más de descripciones ingeniosas y sin piedad que de diálogos tontos. Es un humor “británico”, a lo Tom Sharpe, a lo Julian Barnes, o al estilo del primer Landero.

Finalmente, en el último tercio de la novela, el humor se desparrama a partir de la llegada de los “machufos”, esa sociedad burguesa de medio pelo –los “asquerosos” propiamente dichos– que retrata a todos los españoles telecincoadictos, que no saben dialogar con la naturaleza, solo asolarla, y que representan lo peor de los urbanitas estupidizados. La descripción del mundo machufo y la historia de la relación con esa Joaqui-madre-mezquina-cretina es hilarante. Siempre con un humor inteligente, de sonrisa y de sorpresa.

El título procede de cómo llama el tío de Manuel a todos los que, a diferencia de Manuel, terminan por caer en la mezquindad de la vida de consumo sin criterio ni sentido crítico. Todos son/somos esos asquerosos. En este sentido, hay un cierto aire critico-político que sobrevuela por toda la novela y que la hace más identitaria de una ciudadanía rebelde contra las convenciones burguesas.

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Los asquerosos

Los asquerosos

Santiago Lorenzo Normal | Libro | Blackie books | octubre de 2018 Desde: 19€