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La tienda de regalos

Antonio Hitos
Por Antonio Hitos
El 17/03/2017
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La tienda de regalos

 

El otro día, en una conversación un poco hiperbólica con amigos, decía que el dibujo era el camino más corto entre la idea del autor y la cabeza del lector/espectador. Es así solo a veces, claro, pero sí es cierto que ese intercambio elimina de forma natural una gran parte de los intermediarios reales o simbólicos presentes en cualquier forma de comunicación. La capacidad figurativa del dibujo le da una universalidad que no tiene la abstracción pura del lenguaje escrito o hablado, y es además un proceso que no necesita intervenciones colectivas: el dibujo es, casi inevitablemente, una expresión íntima. Se puede educar y se puede olvidar, se puede sofisticar o se puede embrutecer, pero en ningún caso se puede disociar de su autor. Dos personas que dibujan la misma cosa no producen jamás dos imágenes idénticas, porque el dibujo no es una extensión del objeto dibujado, sino del ojo que lo mira (o que lo piensa, que para el caso es lo mismo). Por eso, cuando alguien le dice a un dibujante que no dibuje así o asá, lo que en realidad le está diciendo es que no piense de esa manera. Y esto tiene utilidad en el mundo académico, porque el dibujo tiene también unos códigos propios que se pueden aprender y se pueden destruir, y al dibujante a veces le sirven las opiniones de otros ojos que miran el mismo objeto. Pero si es un juez, con la ley en la mano, quien te prohíbe que dibujes como dibujas, entonces no sirve para nada.

 

Esto es lo que le acaba de pasar a Mikel Urmeneta. Hace diez años, sus dibujos le dieron forma a la empresa Kukuxumusu y su estilo se convirtió en una marca reconocible para mucha gente. La intrahistoria del conflicto es extensa y, como en todos los conflictos, varía según la versión, pero el hecho es que las desavenencias entre Urmeneta y Ricardo Bermejo, director de la compañía, acabaron con el dibujante fuera de la marca que él mismo había fundado. Así nace Katuki Saguyaki, un nuevo esfuerzo creativo y empresarial de Urmeneta junto a otros tantos dibujantes salidos a su vez de Kukuxumusu. Al poner en marcha el proyecto, los autores se encuentran con una demanda que les acusa de plagiar y reproducir las imágenes y personajes que habían sido creados y cedidos contractualmente a Kukuxumusu cuando aún trabajaban allí. Y el fallo, que acabamos de conocer, concluye que Urmeneta y el resto de integrantes de Katuki Saguyaki no son dueños de lo que la sentencia denomina “el Universo Kukuxumusu”. La acusación de plagio, esto es lo importante, viene sobre obra nueva producida por las mismas manos que le dieron forma a Kukuxumusu, al considerarse que éstas son demasiado similares a sus creaciones anteriores. El juzgado de lo Mercantil de Pamplona-Iruña le ha dado la razón a la empresa demandante, y marca así un precedente peligroso para los derechos de todos los creadores, muy particularmente de los dibujantes.

 

Un estilo sintético y reconocible como el de Urmeneta no sucede por accidente. Es el resultado de un camino que no se puede desandar, y supone el patrimonio más importante de un dibujante: es su voz. Los dibujantes somos también profesionales, y como tales aceptamos que los dibujos tienen un precio, y las creaciones pueden ser compradas y comercializadas previo acuerdo con sus autores. Pero la forma de dibujar, la mano del autor, sólo puede ser propiedad suya. Los dibujos tienen un precio, los autores no. Y cuando un dibujante dibuja, lo que hace es inventar algo que no podría existir de la misma manera si lo hiciera otro dibujante, y ese valor inmaterial es indistinguible de la persona que lo hace posible. Es una problemática llena de matices, pero el desequilibrio de poder propio de las dinámicas capitalistas convierte siempre al autor en la parte débil del conflicto. Y conviene recordar que, débil o no, en cualquier actividad creativa y más allá de empresarios, impresores y comerciantes, la única parte imprescindible de todo el proceso sigue siendo el ojo que mira el objeto.

 

Toro de Mikel Urmeneta

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Anónimo

El 19/03/2017

O sea que George Lucas, aún habiendo cobrado de Disney por sus personajes de Star Wars ¿tiene derecho a seguir haciendo cuantas películas le de la gana con Darth Vader?

Anónimo

El 18/03/2017

Bravo, man. Más claro imposible.

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