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Libros de maravillas

Adolfo García Ortega
Por Adolfo García Ortega
El 13/02/2017
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Libros de maravillas

 

1. Sabemos poco de Marco Polo y, sin embargo, está en nuestro colectivo cultural como la referencia del viaje a tierras lejanas. Ahora por fin hay una edición completa y definitiva del libro que este viajero veneciano compuso después de su largo periplo a China, El libro de las maravillas del mundo. Es una edición de Abada Editores, casa que ya nos tiene acostumbrados a recuperar de manera espectacular algunas obras clásicas y fundamentales, como las de Milton, Baudelaire, Marlowe, Hegel, Benjamin, entre otros. En esta ocasión, la edición ha corrido a cargo de Juan Barja, uno de los intelectuales españoles más profundos y exquisitos que hay, y un editor en el sentido más puro del término: un dialogador con los textos, un verdadero mediador ente el texto y su lectura.
Marco Polo (Venecia, 1254-1324) fue a las tierras de Kublai Khan acompañando a su padre Nicolo y a su tío Mafeo cuando era un adolescente y estuvo en aquellas tierras dieciséis años, más otros diez años que invirtió en diversos viajes. En ese tiempo, además de ser considerado una persona principal en las tierras del Khan y un sostenedor de la ruta de la seda, fue el autor de una obra única y fascinante, este “libro de las maravillas”, que le dictó posteriormente a Rustichello de Pisa en una cárcel de Génova, allá por el año 1298. Y Rustichello escribió este compendio en francés. En la obra, compuesta por tres libros y un epílogo, se da noticia del viaje de ida hasta llegar a la China del Gran Khan (primer libro), se cuenta con detalle la política y la administración de su gobierno (segundo libro) y se relata el viaje de vuelta por la India, plagado de descubrimientos geográficos (tercer libro). El epílogo redondea la obra con informaciones sobre Turquía y Rusia que complementan lo que es una de las guías del conocimiento de su tiempo más asombrosas que hubo.
Lo que guía a Marco Polo es el genuino espíritu del viajero: conocer lo distinto, aprender de lo nuevo y fijar el conocimiento como parte de la aventura humana, de la experiencia personal. La curiosidad y el asombro lo impulsan a saber y describir. Fabrica así un relato y construye un viaje, en una época, además, el siglo XIII, en que Venecia y Génova eran los centros comerciales de Occidente y de la Cristiandad. Lo que nos resulta hoy curioso o extravagante (como, por ejemplo, la existencia de unicornios, o la tumba de Adán, o la ubicación del Arca de Noé, o la existencia del mítico Preste Juan, etc.) en este libro es algo natural, algo factible y mensurable; esto convierte a Marco Polo en un investigador con voluntad científica incluso ante lo fantástico. Pero lo inusitado del libro es la segunda parte, centrada en la política y la administración económica del Gran Khan. Es la época de esplendor de la China mongola, del Imperio del Centro que está en consonancia con la perfección de la Utopía. Descubrirá Marco Polo una sociedad regida por la razón y el buen gobierno que, adelantándose a la Italia del siglo siguiente, avanza buena parte de las conquistas del Renacimiento. No obstante, nada es perfercto y aquel era también un mundo no exento de violencia, de pugnas políticas y de desaciertos económicos por la enorme burocratización del Estado. Se vio abocado a la decadencia en menos de dos generaciones, como bien se sigue en la lectura del libro de Marco Polo, una joya de ingenuidad y sabiduría. ¿Y no es precisamente la ingenuidad y la sabiduría lo que define a las maravillas? Finalmente, esta edición de Juan Barja es importante porque ofrece al lector, por primera vez, la que se considera edición definitiva, la del francés Louis Hambis de 1955, y añade el regalo de las 85 ilustraciones miniadas originales de la edición de 1410.

 

2. Otro libro de “maravillas” muy distinto es Nocturnario, de Ángel Olgoso. Se trata de una obra singular por varias razones. La primera y principal, porque son 101 collages de Olgoso absolutamente asombrosos, irónicos y surrealistas. Combina con humor situaciones paradójicas, estrambóticas, anómalas, inquietantes, con el estremecimiento en el espinazo de lo saturnal y oscuro. La segunda razón es que siempre son collages que manipulan grabados del XIX mezclados con dibujos actuales que imitan el estilo de otras épocas. Todas son ilustraciones chocantes, imaginativas y geniales, en su concepción y en su realización. Olgoso es escritor, pero ha desvelado en este innovador libro una deslumbrante faceta de “compositor” de imágenes oníricas, minuciosamente montadas desde el chispazo creativo que causa sonrisa, admiración y sorpresa. Sobre todo una enorme sorpresa. La tercera razón de la originalidad de este libro, publicado por la editorial Nazarí, es que aporta un valor añadido: Olgoso le pidió a 101 escritores que creasen un breve texto a la luz de los collages. El resultado es magnífico: puede decirse aquí que los textos “ilustran” las imágenes y asumen su papel subsidiario. Los microcuentos o poemas, todos inéditos, de los 101 escritores realzan la fuerza impactante de los collages, pero están a disposición de estos para “recrearlos”. Es Nocturnario, también, una especie de “gabinete de las maravillas” a su manera y no merece pasar desapercibido en el bosque de los libros. Una gran antología y un gran museo se dan cita en esta cuidada edición.

 

 

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El libro de las maravillas del mundo

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