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Lo secundario

Laura Pérez y Pablo Monforte
Por Laura Pérez y Pablo Monforte
El 21/03/2016
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Lo secundario

 

Laura 


Una de las cosas con las que más disfruto a la hora de dibujar son los personajes secundarios o extras, no sabría bien cómo definirlos. Son esas personas que están ahí, a tu alrededor; puede que te percates o no de su existencia, pero rodeados de su mundo también forman parte del tuyo, seamos conscientes de ello o no. Todos nos influimos.

Ese joven sentado, solitario, a la espera de que ocurra algo distinto ese día, la mujer que no tiene tiempo para sí misma, esa otra que sin embargo no tiene tiempo para los demás. Los personajes que se cruzan sin saber que años después terminarían estando de alguna manera juntos, o bien el anciano que no cree que la vejez le haga a uno más sabio, sino más inseguro y frágil.

 

Laura Pérez

Laura Pérez

Laura Pérez


Mientras se van creando los actores en las páginas del cómic, es inevitable pensar un poquito sobre sus vidas, como también lo es reconstruir elementos de la mía propia, ya que de lo conocido se puede hablar mejor, o por lo menos, de una manera más personal.

Las calles y su contexto, las gentes o su ausencia hacen que las historias se enriquezcan o bien se empobrezcan, ya que todos vamos tratando de buscar nuestro camino entre toda esa gente que son los otros.

Muchos bocetos los realizo en cafeterías o espacios públicos, donde observar es el mejor ejercicio para refrescar personalidades y trazos físicos. Muchos de ellos aparecen en 'Náufragos', gente real que podría pertenecer a cualquier generación o momento pues son los que cuentan las historias.

 

Laura Pérez

 


Pablo

Decía Mies Van der Rohe que “dios está en los detalles”. Esta afirmación, que puede sonar un poco recurrente –no por ello menos cierta- se queda corta sin esta otra; “los lugares son más fuertes que las personas, el escenario más que el acontecimiento. Esa posibilidad de permanencia es lo único que hace al paisaje o a las cosas construidas superiores a las personas". La cita, perteneciente a Aldo Rossi, otro arquitecto, resulta útil para introducir y explicar el profundo deseo que tenemos de dejar caer a los intérpretes de esta historia en un espacio vivo y real. Un espacio que haga de perfecto contenedor de las emociones que se suceden a lo largo de las páginas.

Y es que hay algo de poesía encerrada en los espacios vacíos, en los espacios que fueron. Las personas, los acontecimientos se tornan volátiles prácticamente al mismo tiempo que se ven ejecutados. Lo tangible del momento se antoja tan frágil que uno no puede sino agarrarse a la materialidad del escenario. Es un consuelo del que 'Náufragos' es partícipe, y es por eso que nos tomamos tanto tiempo en describir qué rincones son protagonistas de los acontecimientos que gobiernan las vidas de Julio y Alejandra, de Carla y Ramona. Porque quizás ellos mismos encuentran una brizna de melancolía en esa porción inamovible de lo que pasó y no vuelve.

Así puestos, ese deseo de realidad se traduce en trabajo y más trabajo. Elegimos la ciudad, nos acercamos un poco más como si lleváramos una lupa, a esos barrios y viviendas, para entonces dar comienzo a un proceso de documentación que va desde la fotografía del lugar en cuestión, hasta la hemeroteca, una ficha catastral o un plano técnico. Al final uno se da de bruces con la sensación de estar tratando esos edificios como un personaje secundario más y, al igual que Laura disfruta con la gente anónima que puebla sus viñetas, yo mismo no puedo evitar hacer lo propio con la arquitectura que rodea a los protagonistas de esta novela gráfica.

 

Pablo Monforte

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