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Me gustó más el libro

Antonio Hitos
Por Antonio Hitos
El 30/05/2016
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Me gustó más el libro

 

Cada cierto tiempo me encuentro con una lista de ‘Nosecuantos cómics/novelas gráficas/tebeos que deberían ser películas’, y aunque entiendo que esos ejercicios casi siempre bienintencionados son un fenómeno inevitable colateral a los bombazos taquilleros de los superhéroes y al todavía reciente interés de las productoras cinematográficas por los cómics, se me ocurre que ahí subyace también el complejo de inferioridad crónico que algunos periodistas culturales y blogueros especializados tienen con respecto al audiovisual y demás medios de masas: ¿cuántas listas se publican en sentido inverso? La excusa puede estar en la descompensación económica del encuentro, porque una adaptación exitosa al cine puede transformar radicalmente las ventas de los cómics de una forma difícil de imaginar al contrario, pero no creo que ninguna industria cultural deba anhelar su viabilidad comercial colocándose a la sombra de un gigante más potente, sobre todo cuando la posición de un medio hacia el otro se vuelve tan sumisa. Hemos visto cómo en los últimos años algunos tebeos populares se iban ‘corrigiendo’ en lo superficial para no perder el compás con sus versiones de la gran pantalla actualizando personajes, tramas y cronologías clásicas, pero también, y esto es lo que yo personalmente considero más problemático, la adaptación a un ritmo y un tono más cinematográficos, a expensas de los recursos propios de un medio que está al mismo tiempo, en otras encarnaciones, en plena explosión creativa.

 

Hay una tendencia que afecta a casi toda la producción cultural que entiende como legitimación de la obra su trasvase a otros medios o su repercusión y trascendencia fuera de su propio campo, entendiendo que la conquista de territorios ajenos es un síntoma de calidad. Y claro, a veces es verdad, pero más veces no lo es. Desde luego, para un autor puede ser una fantástica noticia ver su trabajo traducido y reinterpretado a otros lenguajes que con un poco de suerte le proporcionarán una notoriedad que le estaba vetada en un nicho más reducido, pero un mal cómic convertido en una película sigue siendo un mal cómic, y los cómics que se conciben ya desde sus cimientos con la intención de este trasvase en la mente de sus creadores corren el riesgo de nacer formalmente capados. No tiene mucho sentido polarizar las relaciones entre las dos artes (ni ninguna otra) porque el tránsito de ideas entre disciplinas es una fuente de hallazgos que resulta muy fructífera para todas las partes, pero eso sí, siempre y cuando este trato suceda de igual a igual. De cualquier otra manera, el intercambio no podrá ir nunca más allá de lo referencial y anecdótico en el mejor de los casos, o convertirse en mera apropiación parasitaria en el peor. Aunque es muy comprensible que el público ocasional caiga en la conclusión reduccionista de que los mejores cómics son los que se han hecho conocidos para ellos por canales distintos de los cómics mismos, es difícil de entender que haya tantos profesionales cercanos al medio que compartan la misma opinión.

 

Pero esto no sucede sólo en la relación de subordinación de un arte con respecto a otro, sino que ocurre también en el seno propio. He oído y leído muchas veces distintas formas de argumentar el valor de los fanzines, las historias cortas y las ediciones marginales como una especie de vehículo hacia los formatos y canales tradicionales, como un espacio de tránsito cuyo fin último es formar al autor en los modelos oficiales asumidos como canónicos. De nuevo, esto es verdad muchas veces, pero no lo es muchas más. Tengo la sensación de que con demasiada frecuencia, cuando se habla de este circuito editorial paralelo, se describe como una nebulosa de la que ocasionalmente emerge un nuevo talento que ocupa su espacio en un plano más visible, y que es esta eventualidad la que justifica la existencia del campo de pruebas del que viene. Es un criterio que puede servir a quien quiera tener una comprensión superficial de la situación del medio, pero que se queda muy corto para entender la creatividad que lo sostiene. Algunos autores harán un fanzine y lo dejarán para siempre, otros publicarán una historia corta en Tumblr cada dos meses durante un par de años, otros saltarán a la novela gráfica y ganarán premios y concederán entrevistas, y otros se pasarán la vida fotocopiando sus autopublicaciones y distribuyéndolas por festivales. Y cada uno hará lo que sea que haga por motivos distintos: unos querrán y no podrán pasar al otro lado del circuito, pero otros podrán y no querrán. Y en cualquier caso, ninguna de las posibilidades habla de la calidad de su trabajo. Cuando esperamos a que las vías conocidas acepten a estos autores para empezar a prestarles atención, en realidad lo que estamos haciendo es despreciar todo aquello que queda fuera de la norma. Que es, por cierto, donde viven los visionarios.

Etiquetas: antonio hitos comic
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