• Tienda
  • Cultura Fnac
Blog

Memoria e Historia (ese gato de Schrödinger)

Agustín Fernández Mallo
Por Agustín Fernández Mallo
El 18/05/2016
27
Memoria e Historia (ese gato de Schrödinger)

 

En Armenia en prosa y en verso (Acantilado, 2011), el malogrado Ósip Mandelstam, aquel que en 1938 desapareció tras ser deportado a Siberia, nos dice que la memoria es una gestación fetal. En efecto, todos sin sospecharlo somos portadores de un enorme experimento embriológico, el experimento de los recuerdos, que no llegan de golpe, crecen en la mente como lo hace un embrión. Primero aparece una mano, luego un olor, luego una frase, un sonido, hasta que con vida propia se forma ese cuerpo autónomo que es el recuerdo. Y como ocurre en todo recuerdo, algunas de esas partes reaparecidas son fruto de una invención hecha desde el presente; son una invención verosímil y circunstancialmente justificada, pero al fin y al cabo una invención. Se escribe siempre desde el hoy, de modo que aunque hablemos del pasado estamos hablando de cómo ese eventual pasado se ha metamorfoseado en nuestra actualidad, cómo se explicita y se revela, cómo se hace cuerpo en el presente inmediato: necesariamente, tras innumerables filtros individuales y colectivos la memoria es transformación. En pocas palabras: lo que hace de la memoria algo singular es que sólo existe en primera persona, y lo que hace de la Historia algo singular es que sólo existe como relato consensuado de una comunidad académica. Esto, dicho sea de paso, pone de manifiesto el desafortunado nombre de Memoria Histórica; encomiable tarea que no se merece tal contradicción en términos. Como si de un gato de Schrödinger se tratara, memoria e Historia resultan magnitudes que, ocultas en una caja, tienen dificultades para entenderse y darse a conocer simultáneamente. O el relato es clasificado como memoria, o como Historia.

Hace algún tiempo en otro lugar recordé una novela un tanto extraña y lúdico-filosófica titulada La intuicionista (Mondadori, 2001), en la que el autor, Arch Colson Whitehead, nos abre las puertas al mundo de esos objetos tan inquietantes que son los ascensores. Resumo: una tal Lia Mae Watson es la primera inspectora negra de la historia del Departamento de Inspectores de Ascensores de la ciudad. Como suele ocurrir en todas la profesiones, los inspectores de ascensores están divididos en dos escuelas enfrentadas: los empiristas, que revisan los ascensores siguiendo estrictamente el manual de posibles averías, de modo que son unos técnicos de primera magnitud, y los intuicionistas, que conocen el estado técnico del ascensor nada más entrar en él, de modo que podríamos decir que son una especie de médiums de ascensores. Lia Mae Watson pertenece a estos últimos, y contra todo pronóstico tiene la mayor tasa de efectividad del departamento. Pero un día el ascensor de un rascacielos que ella había revisado se viene abajo, y ahí empiezan los problemas para la corriente intuicionista.

El debate entre memoria e Historia lo veo un modo parecido: la memoria (que es muy intuicionista) se vale de la oralidad o de técnicas narrativas textuales para trasmitir conocimiento, ello la convierte en algo muy propicio a la empatía, es altamente efectiva, su éxito está casi asegurado, pero se ve acosada por la Historia, que intenta hacer valer su empirismo de tal modo que, implícitamente, la pretensión de la Historia es refutar siempre y en todo momento el relato oral, la memoria, o como mínimo aceptarlo a costa de insertarlo en un corpus científico. Al igual que le pasaba a la intuicionista inspectora de ascensores Lia Mae Watson, si en algún momento al relato contado por la memoria se le detecta una falla o una llamativa imprecisión, la Historia, siempre al acecho, intentará echar por tierra el relato al completo. Es por ello que, del mismo modo que la Historia no ha de hacerse pasar por literatura si quiere conservar su prestigio, tampoco la memoria ha de trabajar en “modo Historia” si quiere conservar la buena salud de sus ficciones.

Y todo esto para decir que no llego a comprender ese género narrativo llamado Novela Histórica.

NOTA: después, habría una especie de literatura intuicionista y profética, que casi podría constituir una “Historia anticipada” pues se adelanta a los hechos. Por ejemplo, Mandelstam, en su citado libro, escribe:

 Nunca más te veré

cielo miope de Armenia 

Y así ocurrió. Poco después sería enviado a Siberia. 

Tu valoración : Je détesteJe n'aime pasCa vaJ'aimeJ'adore