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Nuclear no

Antonio Luque
Por Antonio Luque
El 09/02/2017
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Nuclear no

 

Había y hay una canción de Gabinete Caligari, 'Malditos refranes', en la que se quejaban de que solo se cumplía ese de "quien bien te quiere te hará llorar". Muchos votantes deben de estar convencidos de la exactitud de esa sentencia, como yo lo estoy de que de todas las supuestas maravillas del progreso solo la de la energía nuclear llegó para quedarse. Ni a los átomos pudimos dejar tranquilos. Puede que sea el mejor modo de llegar al final, buscar el origen y destriparlo.

La democracia es el caballo de Troya de lo de siempre. Mientras nos quitamos las caretas, sigamos consumiendo a tope. No quiero dar mensajes negativos, estoy harto de ser un aguafiestas donde no hay ni agua ni fiestas; los mensajes están fuera de nuestro alcance.

No podemos dejar sin trabajo a nuestros Homer. Es difícil estar sin nada que hacer. El aburrido no inventa nada bueno. El Diablo inventa y Dios contempla. A mí me ha tocado hacer canciones como podría gestionar oleoductos a mala pipa sobre territorios sioux.

Apoyo la guitarra en el sofá, y si hace frío me echo una manta. Busco furgonetas online, para llevar de un lado a otro los amplificadores a válvulas. Todas tienen motores de gasoil, son anacronismos ambulantes, como las lámparas para el sonido. No podemos compartir tambores; click en furgoneta grande pues.

Cada cual con su calor. Posibles tasas para los abrazos, ¿lo han pensado? Ya existen. Sin embargo no nos tapamos la boca al toser. Es el encanto de las destrucciones invisibles. Todos con el mismo virus. Igualdad al fin. Estamos compinchados, también en eso que llaman "la sana alternancia en el poder". Un montón de egos con almas de ascendencia en los protozoos organizados, es un decir, en una competición absurda. Aquí, en el tejido social, no hay fuera de juego. La humanidad se poda. Cada incierto tiempo. Los sables nunca dejan de sonar.

A uno que se cree muy listo le engañan en el banco dos veces sobre la misma cuestión. No está preparado. Sus días están contados. La pantomima de PP, PSOE y Ciutadans sobre las cláusulas suelo muestra que no temen quedar en evidencia. Y a Podemos, la gran esperanza de buena parte de la juventud, parece importarle el asunto solo en la medida en que hubo desahuciados; el resto de engañados puede joderse, por burgués (les leo entre líneas). Tomo nota. Abuelos, gastaos las herencias que por miedo guardáis para no sabéis qué ser eterno que os invade mediante cláusulas y versículos ininteligibles. Vivid un poco, vosotros que vivisteis la sinceridad aplastante de una Guerra Civil, o de su posguerra, la escasez organizada.

No hay lugar en el mundo donde huir. Se cumplen 80 años de la masacre fascista sobre la población de Málaga La Roja, que sigue con su bestial pulsión anarquista latiendo bajo un voto recurrente en nómina del señor venerable que fue de la UCD. Me escapo, ma non troppo, corredor mediterráneo que soy, a paso ligero, sin aspavientos, y en un trastero de Barcelona encuentro una bicicleta muy vieja hecha en Liverpool con una dinamo de la marca Lucifer Baby. Pregunto si puedo arreglarla. No sé aún. Paciencia.

Cuando estuve en Camprodón me informé sobre cómo de difícil era llegar a pie a Francia desde allí. No son tan altos los Pirineos al precipitarse a la costa. Me veo capaz. Yo también fui a EGB y no he olvidado mi francés. Lástima que el idioma de las hipotecas sea más difícil. ¿Nos avisarán a los tontos los medios de comunicación de un cambio de estrategia global o local? Puede que el ritmo de suicidios durante esa gran estafa que llamaron crisis sea muy bajo y pasen a repetir planes antiguos. La maniobra no estuvo mal, pero es poca cosa para los más sádicos, los psicópatas, que llegan más lejos. La gente ve que las guerras son antiguas. Ni crueles ni nada: antiguas. Las imágenes de Aleppo son como de película, o muy lejanas. Y son del presente y de ahí al lado, en el mismo Mediterráneo. No nos creemos que por dinero los que mandan, que son siempre los mismos se haga lo que se haga, y no son exactamente los que vemos en televisión, son capaces de cualquier cosa.

Los ultras de los equipos de fútbol se van preparando y se citan en bosques para ensayar combates cuerpo a cuerpo. Eso ya pasó de moda, porque la moda exige un mayor consumo de medios, y porque no hay mejor invento que una bomba. Caras de fabricar, duran unos segundos, y con su destrucción dejan vía libre a la feliz cadena de comisiones de las constructoras. Ojalá opten por el viejo camino de las rotondas de 500.000 euros, aquellas que trazaban con compases de oro. Hablando de compás, voy a dejar de escribir esta nueva carta al director ausente y a agarrar la guitarra, que sin disco nuevo no como.

La energía nuclear se usará para que durante un tiempo no tengamos que usar una manta, que es de pobres. La mía me encanta, y velas tengo. Velas como de iglesia, no de barco, al velero no llegué. Ni siquiera sé si me puedo quedar con la bici de Liverpool. Pero las bombas volverán.
En la casa de unos vecinos del apartamento de verano acogieron una vez a un niño de Chernobil.
Tengo demasiada memoria, será mejor que pare. Hasta otra. Que vaya bien, Sr. Director.

 

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