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Pixies: la revolución

Guillermo Artés
Por Guillermo Artés
El 09/09/2019
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Pixies: la revolución

Al principio del verano participé en el concur80s, organizado por Culpables de Todo. Como su nombre indicaba, se trataba de acertar preguntas relativas a aquella década mediante un juego en equipos. Se celebró en La Gramola, un bonito café del entrañable barrio de Benimaclet (Valencia).  Una de las preguntas más divertidas fue saber el año en que a Sabrina se le salió un pecho en aquel especial de Nochevieja de TVE…sí, fue en1987.

Una fase del concurso consistía en acertar artistas mediante portadas de discos a las que se les había borrado previamente cualquier referencia escrita. Cuando apareció aquella foto extraña de una bailaora flamenca con los pechos desnudos, no tuvimos dudas: era la portada de Surfer Rosa de Pixies(1988). Solo nuestro equipo acertó la pregunta. Me quedé sorprendido, aunque la razón estaba clara: los demás participantes eran mayoritariamente millennials. Nosotros ganamos el concurso, no sé si por más viejos o más sabios: todos habíamos vivido esa década como niños o adolescentes.

 

 

Pixies (duendecillos traviesos, en inglés) fue la gran banda americana de rock alternativo de finales de los 80. Tan populares en Valencia que, de hecho, conocí a uno de mis buenos amigos, Javi, porque lucía en la facultad una camiseta del grupo. Su primera visita  a la ciudad fue histórica, como bien relata el periodista Rafa Cervera en esta crónica.

Yo estuve allí. Se agotaron las entradas, había mucha gente pegando botes, fue muy intenso. Sobre el escenario, un David Lovering contundente a la batería. Joey Santiago haciendo unos punteos mínimos y efectivos (algunos de una sola nota). Kim Deal tocando el bajo, haciendo coros y sonriendo todo el rato(a diferencia de la mirada severa de la otra Kim, Kim Gordon de Sonic Youth, que había visitado la ciudad unos meses antes). Black Francis, el líder, alternaba la guitarra acústica y la eléctrica, además de cantar melodías poperas o chillar como un poseso. 

 

 

Recuerdo seguir con atención la secuencia de acordes de Where is my mind? En aquella época tenía menos pericia con la guitarra, pero conseguí sacarla entera. Mi deseo era hacer una versión. Al principio la tocaba con el mismo tempo y luego fui acelerándolo. Adapté la canción al castellano, con la dificultad de algún verso ininteligible, incluso para los angloparlantes que conocía. Me tomé libertades y así surgió ¿Dónde estoy yo?, que se publicó en el ep de debut de Kindergarten. Ya de paso, me sirvió para hacer un trabajo oportunista en la universidad en el que intentaba mostrar, precisamente, cómo traducir y adaptar canciones de una lengua a otra.

 

 

¿Qué contaban las letras de sus canciones?  Había referencias al Antiguo Testamento, al Perro Andaluz de Buñuel,  historias de un afroamericano con el pene enorme, de una chica a la que le gusta Lou Reed que metía la lengua en una oreja…Francis había vivido en Puerto Rico, por lo que incluyó el spanglish en algunos textos de sus canciones. De alguna forma, Pixies también nos mostró la creciente influencia de los hispanos en EEUU. Escuchar  “Yo soy playero pero no hay playa” varios años antes que a los madrileños The Refrescos,  no tenía precio.

 

 

En cierta decadencia,  Pixies publican Trompe le Monde, el último álbum de su primera época, en septiembre de 1991. Paradójicamente,  el mismo mes y año en que Nirvana publican Nevermind. Cobain nunca ocultó sus influencias y confesó que él quería que su banda sonara como Pixies. Resulta evidente en el manejo de la dinámica del sonido(los cambios de intensidad, de suave a fuerte, de fuerte a suave), que son marca de la casa en ambas formaciones. Fijaos en este curioso experimento: pasar el hit de Nirvana de tono menor a mayor. ¿A qué suena? A Pixies.

 

 

Como comenta el periodista Carlos Pérez de Ziriza en No olvidéis las canciones que salvaron tu vida:

“…los Pixies fueron el punk para quienes llegamos —irremediablemente— un poco tarde para empatizar por vía directa con los Clash, los Ramones o los Sex Pistols. Cuando todos estos ya estaban relativamente asimilados por el mercado, convertidos en enseña generacional de nuestros hermanos mayores (…), los Pixies eran aún un diamante en bruto. La señal emergente de que, en alianza con una nueva forma de modular el estruendo, otro revulsivo era posible. El caos como única explicación al sinsentido que nos rodea, amplificado por la adolescencia. Y qué maravilloso caos.”

Pixies siguen en activo, presentan nuevo álbum, Beneath the Eyrie (2019) y estarán tocando por nuestro país durante el mes de octubre. Ya no son lo que eran, pero tampoco nosotros lo somos…

 

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