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¿Por qué nos hace fotos?

Mikel Aristregi
Por Mikel Aristregi
El 05/01/2018
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¿Por qué nos hace fotos?

 

- “¿Por qué nos hace fotos?
- Si quiere hacer fotos es cosa suya, ¿o es que crees que quiere hacernos daño?”

Un día recibes un whatsapp de una estudiante de periodismo de último curso de la universidad de Barcelona diciéndote que quiere hacerte una entrevista para un ejercicio de clase y tú, naturalmente, le dices que sí. El día acordado, a la hora acordada, suena el teléfono. Tras unos breves comentarios de cortesía y una pregunta preliminar acerca de lo que te llevó a querer ser fotógrafo, la voz al otro lado de la línea, sin más dilación, te empieza a lanzar cuestiones en torno a la función de la fotografía documental y la ética subyacente a dicha actividad. En concreto, la pregunta cuya respuesta te dejará insatisfecho una vez hayas leído la entrevista que muy amablemente te habrá enviado la estudiante de periodismo de último curso en formato PDF por considerar que no has sido lo suficientemente preciso es la siguiente:

- “¿Se pone en duda el trabajo de los comunicadores?”

Bien, ahora te gustaría decirle que no solo se pone en cuestión el trabajo de los comunicadores, sino que se pone en cuestión a los propios comunicadores. Lo primero es lícito y aconsejable; lo segundo, hasta que no se demuestre lo contrario, no. ¿Pero no es la misma cosa? Es parecida, pero no es lo mismo. Explícate. Reformulemos la pregunta de la siguiente manera (una manera, por otro lado, a la que todos los que alguna vez hayáis fotografiado en lo que, por abreviar, habitualmente suele denominarse “zonas deprimidas o de conflicto” seguramente habréis tenido que responder): ¿Es lícito buscar el beneficio personal, ya sea económico o de cualquier otra índole (entiéndase, fama, gloria, realización personal, hombres, mujeres o viceversa, etc.) a costa del dolor y la miseria de terceras personas? ¿Cuánto hay de frívolo en desplazarse a un infierno, poner el dedo en la llaga y desaparecer esperando sacar algún provecho de ello? Subamos el nivel: ¿Y cuando se trata de menores?, ¿Menores desprotegidos a los que los voraces fotoperiodistas acribilláis con vuestras cámaras digitales con el dial de modo de disparo en posición de ráfaga de alta velocidad?, ¿está justificado vulnerar su derecho a la intimidad en aras de denunciar la vulneración de otros, posiblemente el resto, de sus derechos fundamentales?


Al hilo de la publicación de -40/96º sobre los vagabundos alcohólicos de Ulán Bator en el blog fotográfico LENS del New York Times en 2013, el señor o la señora S.S. de Portland, Oregón, (nótese el anonimato que le confieren las siglas) escribía el 7 de marzo de 2013 “Es fácil volar a un lugar, hacer fotos durante unos pocos días, y esperar a que sean otros los que hagan algo para solucionar el problema”. Desde Seattle, Washington, No one, otro lector o lectora anónimo o anónima, decía “[Viví y trabajé en Mongolia durante 2 años. Visitaba UB con bastante frecuencia. Mis colegas y yo nos topábamos con el tipo de gente que se describe en el artículo, pero lo más remarcable eran los documentalistas.],[… tenías que esquivar a los preocupados extranjeros que se afanaban por integrarse en la ciudad… con sus bonitas cámaras, dinero, hoteles internacionales y billetes de avión de vuelta con la promesa de una notoriedad en el horizonte]”. Finalmente, Save by Needles, de la ciudad de Nueva York, te interpelaría un día después “Fotógrafo, ¿alguna vez pediste permiso a esta pobre gente para publicar sus fotos? ¿O simplemente estás explotando su precaria situación para aprovecharte de ellos? Como muchos otros lectores han señalado, este tipo de sufrimiento y desamparo existe en todos los lugares, así que empieza por intentar arreglarlo en tu nativa España donde la adicción a las drogas es mayor que en Mongolia. Este tipo de fotoperiodismo tan sensacionalista no favorece a nadie. ¿Así que los héroes son el fotógrafo y su asistente? ¡Qué vergüenza!”. Más allá del evidente proselitismo barato que impregnan estas opiniones por estar basadas en suposiciones infundadas acerca del contexto bajo el que se realizó dicho trabajo, en su líquido amniótico subyace una creencia que habitualmente sirve de justificación a todos aquellos que ante imágenes incómodas no solo prefieren mirar hacia otro lado, sino que demonizan a aquellos que insisten en levantar las alfombras mullidas de sus confortables livings.


¿Recuerdas la primera vez que fotografiaste en el vertedero de Phnom Penh y lo mal que te sentiste al estar preocupado únicamente por la luz pese a la brutalidad de lo que tenías delante? Sí, me acuerdo, nunca lo olvidaré, pero lo de la luz fue la segunda vez que fui. La primera no pude hacer ni una sola foto salvo un retrato a un tipo con una mosca posada en la gorra que llevaba puesta. Me dio vergüenza hacer más fotos. Después, una vez en casa, con las diapos dispuestas en la caja de luz, te diste cuenta de que la visita al vertedero no había servido para nada. También te diste cuenta de que la única manera de haber honrado a las personas que viste trabajando en la montaña de basura habría sido haciéndoles fotos. Buenas fotos. Cuanto más interesantes, mejor, porque habrías tenido más probabilidades de publicarlas o exponerlas y, por tanto, de haber hecho visible a más gente el problema que tratabas de mostrar. Así que sí, aunque pueda parecer frívolo, era normal estar preocupado por la luz. ¿Y eso sirve de algo? ¿El qué? Publicar, exponer, que la gente vea esas imágenes… Dímelo tu. ¿Alguna vez una fotografía (una película, una canción, una pintura…) ha cambiado tu manera de ver las cosas, incluso tal vez ha llegado a modificar tu conducta?


El motivo por el que elegiste hacer este tipo de fotografía es, no te ruborices, porque querías cambiar el mundo. No fotografías el dolor ajeno porque quieras ganar dinero; cualquiera que lo haya intentado alguna vez sabrá que con este oficio no se gana dinero, más bien al contrario. Conozco diez o veinte fotógrafos que pierden dinero por cada uno que vive de ello. Tampoco buscas fama; pidan a cualquiera que no sea fotógrafo que nombre a un o una fotógrafa y verán qué pocos pueden hacerlo. ¿Reconocimiento?, ¿prestigio? Desde luego, pero como una consecuencia del trabajo bien hecho y no como el fin en sí mismo (es cierto, los hay, y muchos, que lo enfocan a la inversa. Esos que no faltan nunca a la inauguración de una expo y a los que siempre les va muy bien cuando se les pregunta qué tal, ¡pues trabajando mucho, a punto de empezar un proyecto cojonudo!). Solamente con cierto grado de reconocimiento podrás permitirte seguir trabajando y, con un poco de suerte, si te lo sabes montar, vivir de ello. Sí, los fotógrafos también tenemos el mal hábito de querer cobrar por nuestro trabajo. Y desde luego que hay mucho de realización personal y de idealismo y de querer vivir la vida de forma intensa y de tocar con la punta de los dedos la muerte y algo de verdad y de probarte y de verte en situaciones en las que nunca te habrías imaginado y de saciar algo de tu curiosidad y de ser testigo de los acontecimientos más allá de lo que acontece en tu zona de confort y de sondear los misterios de las almas más vulnerables porque solamente en situaciones extremas aflora lo que de auténtico hay en el ser humano. Fotografías el dolor ajeno porque es ahí donde se ubican las historias que te interesa contar y porque es la realidad que querrías transformar. Y siempre con respeto y honestidad hacia quienes se apunta con la cámara, nuestras flamantes cámaras.


Ya lo dejó dicho el maestro Kapu, Los cínicos no sirven para este oficio.


3 de febrero de 2014, Pagoda de Wat Koh, Phnom Penh, Camboya.

- Khun Khouch: ¿Por qué nos hace fotos?

- Ka: Si quiere hacer fotos es cosa suya, ¿o es que crees que quiere hacernos daño? Creo que es bueno para nosotros que haga fotos, ¿no lo crees así? Así que no digas que es un cabrón. Nos hace fotos porque realmente quiere conocer nuestras historias, ¿entiendes? Siempre estamos pensando que viene aquí a jodernos con sus fotos, pero eso no es cierto. Solo quiere conocer nuestras historias. Quizá pueda ayudarnos. Si nos pasara algo… si nos pasara algo podríamos llamarlo para que nos protegiera de la poli.

- Khun Khouch: ¡Eh, vuelve!, ¡ven a hacerte una foto conmigo!, ¡vuelve a hacerte una foto!

- Ka: Cuando nos pille la poli… cuando nos maltraten... podemos llamar a su organización. Podemos llamarlo para que nos ayude. Así que no digas esas cosas. Está aquí porque quiere comprender nuestra situación. No sabemos una mierda de él. Tú crees que está loco por venir aquí a hacernos fotos, pero no lo está en absoluto.


 

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Anónimo

El 17/01/2018

Excelente !!!!!!!!!!! Muchas gracias

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