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Rivera Garza , Rulfo y los libros queer

Adolfo García Ortega
Por Adolfo García Ortega
El 21/12/2017
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Rivera Garza , Rulfo y los libros queer

 

1. Conocí a la escritora mexicana Cristina Rivera Garza en junio de 2003, con motivo de un encuentro de escritores latinoamericanos que Seix Barral promovió en Sevilla. Entonces había publicado una interesantísima novela titulada Nadie me verá llorar y varios libros de cuentos y de poemas. Demostraba ser una escritora de enorme talento y creatividad y el devenir de sus obras lo ha confirmado ampliamente. Hoy es una de las voces más importantes de las letras hispanas en toda América. En la FIL de Guadalajara (México) de este año compré su último y aclamado libro: Había mucha neblina o humo o no sé qué y lo devoré en el vuelo de vuelta a Madrid.
Se trata de una novela que también es un ensayo que también es poesía que también es un estudio que también es una biografía. Hay hasta restos de autobiografía interlineada de la propia autora. Gira el libro, básicamente, en torno a la figura (real) y la obra (real) de Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, una novela de 1955 que no deja de crecer en influencia y modernidad en la literatura mundial, y cuyo centenario se ha celebrado este 2017. El libro que ahora ha escrito Rivera Garza supone un acercamiento a los claroscuros de un hombre como Rulfo, que siempre tuvo que trabajar para ganarse la vida desde casi la miseria, pero que, gracias a sus trabajos, muchos de ellos para empresas del Estado que acabaron explotando a los habitantes de regiones remotas del norte de México, terminó trazando el verdadero perfil del campesinado mexicano y del país mismo. Rivera Garza saca a la luz la contradicción secular de México, que está basada en una multiplicidad de “fronteras”: la históricamente problemática con EE.UU., la de los vivos y los muertos, la del crecimiento polarizado entre el desarrollo de las urbes y el subdesarrollo del ámbito rural, y, en fin, la del hombre y la mujer, que es la frontera entre el poderoso y la sometida. Rulfo siempre vio una danza de espectros en esas diversas fronteras. Y es lo que recoge en su obra, no más extensa que su novela corta Pedro Páramo y los pocos cuentos de El llano en llamas.


2. El libro-plural de Rivera Garza es un libro queer -por traer a cuento un aspecto definitorio que la propia Rivera Garza aplica a la sexualidad en la novela de Juan Rulfo-. Es queer en tanto que es novela y no lo es. Es queer en tanto es una novela/no-novela femenina y no lo es. Y en ambos extremos indefinibles, Rivera Garza ha logrado una singularísima obra que traspasa y transciende al propio Rulfo y se adentra en un México absoluto y esencializado. Un México espectral, diría yo, porque revive en presente un irreal acercamiento entre la narradora y el fantasma de Rulfo, como si ambos se unieran “físicamente” en la esencia del mundo rulfiano: la sexualidad flotante, líquida, que se desborda con libertad por la obra ambigua del gran escritor mexicano; y se desborda también, tan virtual como sensitiva, en el libro de Cristina Rivera Garza. Hay en Había mucha neblina o humo o no sé qué una afortunada impresión de madurez (algo que he visto en libros de Coetzee, por ejemplo). De madurez literaria y vital. Estamos ante un libro adulto que, prácticamente, es un extremado coito entre la narradora y el personaje de su interés, un fantasma, una voz. Humaniza a Rulfo hasta la desmitificación, pero aborda el contradictorio amor salvaje, sexual, que supone hacer esa desmitificación. En esto, Rivera Garza realiza una vuelta de tuerca literaria fascinante y novedosa. Y mitifica la obra de Rulfo, sin duda, pero lo hace situándola en el contexto real al que pertenece, el de una colectividad de voces, hechos, situaciones y paradojas que no son de Rulfo, sino de los campesinos indígenas de los que Rulfo fue un genial notario. El libro de Rivera Garza ha sido polémico en su país por todos los aspectos que encierra. Es una novela valiente, que estoy seguro ningún hombre habría sido capaz de emprender, pero que los hombres deberían entender a fondo o se perderán una perspectiva interesantísima para comprenderse a sí mismos. Creo que Rivera Garza, consciente o no, ha abierto un camino nuevo en la literatura. En realidad no me extraña: cuando la conocí en 2003 ya parecía llevar en la frente grabado “soy el futuro”. Gran libro, gran tema, gran escritora.

 

 

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