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Sirve el arte

Guillermo Artés
Por Guillermo Artés
El 14/07/2020
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Sirve el arte


“Sois muy comedidos, esto es una puta mierda.”


Ese era mi mensaje en un grupo de chat de compañeros de trabajo un día de abril. Acababa de ver una imagen y leer unos comentarios. Me vi sorprendido usando este tipo de lenguaje, que no es nada habitual en mí.


Soy profesor de educación secundaria y una amiga acababa de compartir una foto de barracones recién instalados en nuestro instituto que aún no habíamos podido ver debido al confinamiento. Faltan aulas y esta es la solución que nos da la administración autonómica. Para mayor ironía, han arrasado con el huerto escolar. Parece ser que los técnicos, a los que no solemos ver las caras, no podían colocar esos feos mamotretos en ningún otro rincón del centro. Ahora reposan encima de tierra fértil donde una vez hubo lechugas y habas. Si antes se divisaba desde el exterior una huerta, un patio con árboles y adolescentes charlando, ahora se verá una barrera de feas estructuras.


Resulta también paradójico que se haya acabado con la enseñanza de una asignatura que sería realmente útil si, hipotéticamente, nuestra sofisticada civilización se fuera a tomar por saco. Después de lo que estamos viviendo, podría ocurrir. Podría ocurrir.


He de aclarar que la administración anterior colocó hace unos años una valla enorme con la leyenda “Ací el teu nou institut” (Aquí tu nuevo instituto). Nunca llegó. Probablemente, el dinero se desvió a otros menesteres más prosaicos. Las letras del cartel fueron amarilleando y curiosamente, este mismo curso se desmontó la valla. La solución de la administración actual es que aguantemos en el viejo edificio, además de una prótesis temporal. Temporal.

Puede que la virulencia de mis palabras surgiera debido a días y días de encierro o quizás por intuir que la nueva normalidad nos va a quitar muchas cosas bonitas. Parafraseando el estribillo de una canción de R.E.M., “it’s the end of the world as we know it and I DON’T feel fine”.

 

 

Durante el confinamiento, estuvimos semana tras semana en un continuo standby, ese consumo en espera. En aquel momento, el gran problema no era el ahora, sino el después, que en la actualidad está siendo una mezcla de ahora y después.

Al final, lo que hemos vivido, más que una distopía, es un drama realista tirando a cutre, con un castizo “Resistiré” de banda sonora, ese medio plagio del genuino “I will survive”. Además, carecemos de un Will Smith o un Charlton Heston que nos salve al final de la peli. Más bien, nos sentimos como otro Smith, de nombre Winston, el de 1984 de Orwell: en vez de huir de las telepantallas, apagaremos el móvil para que no vigilen nuestros movimientos.

Al día siguiente, para compensar, subí al chat un vídeo con mi versión casera de Perfect Day de Lou Reed, con voz y guitarra. Hay unos versos que me encantan : “Just a perfect day, you make me forget myself, I thought I was someone else, someone good”.

 


En una red social, me he dedicado a compartir canciones de muy distintos artistas y épocas, una por cada día de confinamiento. Lo llamé “canciones bonitas” y siempre citaba parte de la letra, ya fuera en castellano, inglés, valenciano, francés, italiano, portugués o alemán. Ha sido una experiencia reconfortante, muchos amigos se alegraban o daban sus opiniones.

Escuchabas Cena Recalentada, “cuando llego tarde a casa”, de Golpes Bajos y regresabas a algún momento nostálgico de tu adolescencia.

 

 

Te llenabas de melancolía con la guitarra etérea de Durutti Column y la voz susurrando “and tomorrow never comes, tomorrow never comes…” cuando todos los días se parecían demasiado.

 

 

 

Daban ganas de llorar al escuchar a Kate Tempest recitando “there is so much peace found in people’s faces”, cuando no podíamos ver a casi nadie.

 

 


Las canciones nos han ayudado a muchos a sobrellevar el encierro y actuaron como catarsis para superar la pandemia. Personas de distinto sexo, edad, condición y cultura habían creado música bella con palabras con las que sentirse identificado, que nos recuerdan que no estamos ni solos ni locos: simplemente somos seres humanos que sienten todo tipo de emociones.


Mi amigo Gilberto, más conocido como Gilbertástico, compuso un tema llamado “No sirve el arte”. El protagonista narra cómo intenta ayudar a amigos y familiares proporcionándoles poemas y melodías. Sin embargo, los rechazan porque están muy ocupados trabajando o estudiando y creen que solo les causarán molestias. Él, entristecido, concluye la canción con un “os quise ayudar en vuestra vida normal”.

 

 

 

Creo que, como pretendía Gilberto, sí que sirve el arte, para precisamente comprendernos y escaparnos un rato de la vieja y nueva normalidad, aunque parezca que el arte no sirva para nada útil. Mientras exista una novela, una película, un cuadro o una canción que nos emocione, pienso que se alejará, aunque sea durante unos minutos, la amenaza de que nuestro mundo se convierta, finalmente, en una puta mierda.

Etiquetas: guillermo artés
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Anónimo

El 15/07/2020

pues sí... menos mal que existe el arte... y bien que se ha recurrido a él durante el confinamiento para sobrellevar el miedo, la angustia, la soledad... y que poco se valoraba en la antigua, y me temo será igual en la nueva, normalidad...