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Robótica: La cuarta revolución

Culturafnac
Por Culturafnac
El 03/04/2017
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Robótica: La cuarta revolución

 

La robótica está más cerca de nosotros que nunca. Quizás no con la forma que imaginábamos hace unos años, pero dispuesta a ayudarnos en nuestras tareas cotidianas

 

Nos cuenta Fritz Lang que en el 2026 un robot rebelde se alzará contra la clase opresora, movilizando las masas obreras para liberarlas de la esclavitud a la que se han visto sometidas. Algunos de ellos con forma humanoide, símbolos de la libertad y determinantes para el futuro de la raza. A menos de 10 años para que llegue esa fecha, observo a mi robot limpiador con estupor, preguntándome cómo evolucionará tan rápido, entre pelusa y pelusa y choques con la pared, como para levantarse del suelo y luchar por los desamparados.

Puede que el cine, como tantas otras veces, nos haya creado una impresión errónea de la facilidad con la que evoluciona la tecnología, pero no debemos menospreciar los avances en robótica, esa ciencia multidisciplinar que promete regalarnos tiempo libre y liberarnos del trabajo más duro. Y sí, la tenemos más cerca de lo que parece.

 

robotica asimov y metrópolis

Los fundamentos de la robótica son muy sencillos: autonomía, movimiento, aprendizaje y programación. Visto desde esta perspectiva, es fácil entender que estamos rodeados de equipos que se mueven por sí solos, analizan el entorno, aprenden de él y obtienen información. Estos conceptos pueden aplicarse en muchos ámbitos de nuestra vida, pero la razón de existencia de un robot es concisa: ayudar al ser humano.

Tal es la presencia (a veces desapercibida) de la robótica en nuestras vidas que las tres famosas leyes que Asimov planteó en su ficción (y que permanecen vigentes en el subconsciente colectivo) se han formulado en la vida real, el 12 de Enero del 2017; y no, no ha sido donde todo ocurre en las películas, en Estados Unidos, sino muy cerquita de nuestras fronteras. El Parlamento Europeo ha redactado cuáles deberían ser los derechos y los deberes de los androides que convivan con nosotros; 9 leyes que pretenden “legalizar” su presencia. Entre ellas: proteger al ser humano, respetar su libertad de decisión y gestionar adecuadamente los datos que el androide recopile de su interacción con los seres vivos. Mi favorita, por encima del resto, es la ley que restringe el derecho del ser humano a las tecnologías de mejora… El temor a que usemos la robótica para desarrollar, sustituir o adaptar nuestro cuerpo creando un “Cyborg”. En palabras textuales “los seres humanos quedarían en el olvido, obligándolos a mejorar o desaparecer”. Y no, esto no es ciencia-ficción. Es real, ha ocurrido hace poco tiempo, y demuestra que el ser humano quiere legislar con antelación lo que pueda llegar.

Estas leyes, que nos recuerdan a ratos el universo apocalíptico causado por Skynet, deberán ser estudiadas, reformuladas o aprobadas por la Comisión Europea y marcarán el inicio de una nueva era en nuestra relación con los robots. Prueba fehaciente de una realidad muy cercana.

 

robot aspirador
 

Volvamos al robot-limpiador insurrecto, ejemplo perfecto de integración robótica-hogar. Nuestra relación más cercana a esta ciencia con tintes futuristas es la que nos podemos permitir para mejorar nuestro nivel de vida, regalándonos parte de nuestro tiempo por un módico precio. Podemos encontrar numerosos ejemplos de robots domóticos. Los aspiradores son uno de ellos: con sensores que memorizan la ubicación de los muebles y pueden programar su propio recorrido, estos eficientes limpiadores se desplazan libremente por nuestra casa, siguiendo nuestras indicaciones in-situ o bien a distancia, gracias a aplicaciones móviles que permiten su gestión sin estar presentes. Nos liberan así de la tediosa carga de limpiar el suelo de casa, pudiendo aprovechar el tiempo libre para otras tareas más mundanas.

Pero no todo queda en la limpieza: la alimentación también cuenta con la ayuda de la robótica. Es difícil encontrar un hogar sin un robot de cocina. Estos aparatos electrónicos cuentan con múltiples funciones en un solo equipo, sustituyendo a picadoras, batidoras, amasadoras, hervidores… Pueden programar la cocción de los alimentos, manteniendo el mejor estado de los nutrientes y nos ayudan a ganar tiempo mientras ellos se encargan de realizar, paso a paso, las recetas guardadas en su memoria.

Y si buscamos una ayuda más precisa, el recién presentado Flippy de la marca Miso Robotics nos ayudará a preparar las mejores hamburguesas de nuestra vida. Con forma de brazo, este pinche de cocina con visión 3D acatará nuestras órdenes de una forma rápida y sencilla, reconociendo la temperatura de los alimentos gracias a sus sensores de control.

 

 

En el mundo de la automoción la robótica no se queda atrás. Recientemente se presentaba Robocar en el Mobile World Congress, un fórmula uno sin piloto que puede alcanzar los 200 kilómetros por hora. Sus 20 sensores y 6 cámaras analizan su recorrido, ajustando la velocidad en las curvas cerradas y evitando los obstáculos que pudieran surgir. Y como no sólo de velocidad vive el hombre, las empresas de transporte esperan (entre el temor a lo desconocido y el placer de la amortización) que los camiones autómatas comiencen a circular por nuestras carreteras. En octubre del año pasado, la empresa Otto hizo el primer viaje de su camión robot, cargado con 50000 latas de cerveza, en Estados Unidos, y fue todo un éxito, demostrando que el futuro está a la vuelta de la esquina.

 

 

Evidentemente, esto no es del agrado de aquellos que temen que el desarrollo de la robótica pueda afectar a los puestos de trabajo realizados por seres humanos. El miedo es fundado. Las previsiones estiman que dentro de 30 años la mitad de los empleos ocupados por nosotros serán desempeñados por robots. Cómo afectará esto a la economía es algo impredecible: el interés de las empresas por ocupar sus puestos con robots que no enferman, trabajan sin descanso y son muchos más productivos es evidente, pero la inversión necesaria para robotizar una marca tampoco será asumible para todos, al menos a corto plazo.

Compañías como Google dedican gran parte de su presupuesto a la investigación y desarrollo de la robótica. Su empresa, Boston Dynamics, tiene actualmente nueve patentes en construcción: desde androides antropomorfos que trabajan sin descanso hasta robots animaloides que corren a velocidades de vértigo e incluso pueden trepar o saltar obstáculos.

 

robot jia jia

 

La ficción adquiere sentido cuando metal, plástico y microprocesadores quedan ocultos bajo látex y silicona. Los esqueletos robóticos que causan admiración en su movimiento provocan más atracción cuando revelan formas humanas. El ejemplo más actual de ello es Jia Jia, el robot ginoide que es capaz de responder a nuestras preguntas gracias a su inteligencia artificial y gesticular expresando diferentes movimientos faciales. Su IA es capaz de reconocer el sexo de su interlocutor y mantener una conversación sencilla con ellos. El perfeccionamiento de este robot humanoide pasará por diferentes fases, entre ellas el aprendizaje de su conocimiento del entorno y la capacidad de expresar más emociones en sus modificaciones faciales.

Y si pensábamos que la robótica no era un juguete, estamos confundidos. Empresas dedicadas al ocio infantil desarrollan cada vez con más éxito una amplia gama de electrónica de consumo robotizada para los más pequeños de la casa (y algunos grandes también, reconozcámoslo…). Dinosaurios con una gran variedad de movimientos, robots con un clara afición por el baile… En algunos otros casos, como la empresa española BQ, su famoso Zowi se postula como una posibilidad perfecta para aprender los conceptos de esta ciencia y promete infinitas posibilidades de programación gracias a su placa arduino.

 

Productos robótica - Robots y  juguetes
 

Este futuro más presente que lejano ya tiene un nombre: La Cuarta Revolución Industrial. La presencia de los robots en nuestros entornos laborales supondrá un incremento en la productividad empresarial similar en comparación al que provocó la introducción de la máquina de vapor allá por el 1800. Si hemos sido capaces hasta el momento de adaptarnos a tres de ellas, nada hace pensar que no podamos asumir una cuarta… pero si en algún momento los robots adquieren conciencia de sí mismos, no nos quedará otra que invocar a un T-800. Él ya lo dijo: “Volveré”.

 

 

Texto: Rafael Lázaro (Fnac Sevilla)

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