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Un proyector para cada persona

Culturafnac
Por Culturafnac
El 19/12/2016
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Un proyector para cada persona

 

Tengo las palomitas y el microondas, pero me falta lo más importante…el proyector.

 

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Llueve, hace frío, es tarde… Qué pocas ganas de coger el coche, conducir hasta el cine más cercano y buscar aparcamiento; pero me apetece ver una película, a oscuras, en una pantalla bien grande que me permita vivir la experiencia en todo su esplendor. Cómo me gustaría poder hacer lo mismo en el salón de mi casa.

Quizás hace años esto fuera una utopía no apta para los bolsillos más maltratados por la economía, pero afortunadamente, la evolución tecnológica tiene entre sus ventajas el abaratamiento de los costes de producción. Hoy en día no tendremos que hipotecar nuestra vivienda si queremos montar una pequeña sala de cine en casa, aunque deberíamos leer este artículo si queremos comprar con criterio.

Aclaremos en primera instancia los valores más determinantes a la hora de escoger un proyector: resolución, brillo y contraste serían los tres pilares fundamentales si quiero entender lo que estoy comprando.


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La RESOLUCIÓN, al igual que en las pantallas retro iluminadas de los televisores, nos permite mejorar la definición de la reproducción. A mayor número de píxeles, básicamente, mejor nitidez en la proyección de la señal. Encontraremos proyectores SVGA, XGA, WXGA, HD y FULL HD. Existirán resoluciones intermedias no demasiado comunes, por los que las obviaremos en este artículo, así como la resolución 4K, que actualmente excede el presupuesto de la mayoría de los mortales. No obstante, no es difícil encontrar proyectores FULL HD a precios asequibles.
Como en otros sectores, la resolución escogida determinará la calidad final de la imagen y estará relacionada con la fuente de la señal. Por ejemplo, casi todos los ordenadores actuales permiten emitir señal a 1920x1080, por lo que un proyector Full HD sería algo recomendable. Por el contrario, si vamos a reproducir DVD´s que tienen una resolución de 720x576 píxeles, nos bastaría con un SVGA (800x600).


Pero, ¿de qué serviría tanta resolución si luego no podemos ver nuestra película con claridad? Ahí es donde entra en juego el BRILLO. Podríamos comparar el proyector con una linterna. Imaginemos que usamos ésta para iluminar una pared blanca de día y con las persianas levantadas; no percibiríamos el haz de luz con definición. Por el contrario, el efecto incrementaría notablemente si oscurecemos la habitación. El proyector, básicamente, emite luz hacia esa pared o esa pantalla. Por lo tanto, a mayor nivel de brillo, mayor calidad de imagen. Este dato se mide en Lúmenes y puede oscilar entre 100 o 3000 comúnmente, una gran diferencia que explicaremos con posterioridad, pero valores a partir de 1000 Lúmenes serían lo más recomendable.


¿Qué papel juega el CONTRASTE, entonces? Fundamental si queremos apreciar unos negros definidos y unos blancos sin sobreexposición. Hay que tener en cuenta que un brillo excesivo puede convertir los negros más puros en grises, por lo que el ratio de contraste tendrá que ser alto si queremos disfrutar de una buena experiencia cinéfila. A partir de 1:1500 podemos escoger con tranquilidad. Un dato importante a tener en cuenta es que el contraste tiene que ser siempre nativo o estático. Este dato es el real y el que interesa verdaderamente. Los contrastes dinámicos que anuncian los fabricantes con ratios extremos son sólo eso: publicidad. Algo parecido a los Watios PMPO en música.

 

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Una vez dominadas las características genéricas, viene la segunda parte: elegir qué tipo de proyector es más aconsejable para nuestro uso. Sin conocer este dato, es muy probable que nos dejemos llevar por la estética, y el envidiable tamaño de los proyectores LED nos seducirá ineludiblemente.


Este tipo de tecnología, muy extendida últimamente, permite diseñar proyectores ultra portátiles con un peso y tamaño imbatibles, una conectividad muy completa y una duración longeva de la lámpara (hasta 30000 horas dependiendo del modelo). Casi todos cuentan con una batería que permiten autonomías de unas dos horas, aproximadamente y, en algunos casos, podemos sincronizarlo vía WIFI o Bluetooth con otros dispositivos. A primera vista, pueden parecer la opción perfecta, pero sería honesto recordar sus dos limitaciones: el brillo, comprendido entre 100 y 600 Lúmenes habitualmente, y las pulgadas proyectadas, que no suelen superar las 120”. La tecnología LED sería, en resumen, una buena elección si vamos a desplazar el proyector con asiduidad y podemos oscurecer sin problemas el espacio donde lo usemos. Para otros menesteres, quizás sería mejor apostar por DLP o LCD.


Tanto una tecnología como otra necesitan una carcasa de tamaño muy superior a los LED’s. Para empezar, la refrigeración tiene que ser constante al tener una temperatura mucho más elevada y es necesario integrar un ventilador que disipe el calor. Esto aumenta el peso de los proyectores DLP y LCD, y aunque no van a dañarse por desplazarlos con cuidado, están más pensados para un uso sedentario. Además, la duración de la lámpara es bastante más limitada que la de los LED’s, estando comprendida en la mayoría de los casos entre 8000 y 10000 horas. Si a esto sumamos el precio del recambio, rondando en algunas ocasiones el 30% del precio del proyector, podríamos asustarnos, pero hagamos el cálculo como yo lo hago cuando detecto la dilatación en las pupilas de los clientes. Pongamos como ejemplo 8000 horas de duración de vida de una lámpara e imaginemos que somos unos cinéfilos empedernidos con mucho tiempo libre. En el supuesto de que usemos el proyector cuatro horas al día, la lámpara duraría 2000 días, más de 5 años. Visto así, el susto es menor. Y, siendo realistas, ¿quién puede ver dos películas al día?


¿Por qué elegir entonces un proyector que es más grande, pesado, caduco y delicado que un LED? Pues porque en algunos casos son más baratos que estos, porque permiten proyectar hasta 300” en la mayoría de los casos, porque su brillo supera con creces los 2000 lúmenes, y porque su contraste es enorme si lo comparamos con los LED’s. Razones de peso, entre otras, para un uso continuado de la proyección.

 

Los proyectores LCD y DLP también usan tecnologías muy diferentes entre sí y generan imágenes con sus pros y sus contras. A grandes rasgos, en el caso de los LCD’s encontramos una reproducción del color más fiel a la realidad, mientras que los DLP’s pueden presumir de un contraste excepcional. Las bondades de ambos sistemas de proyección se unen en la tecnología LCoS, no muy extendida en ámbitos domésticos por su elevado precio. Sony la implementó en sus equipos SXRD y JVC hizo lo mismo con sus D-ILA.

 

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En resumen, ¿con cuál me quedo? Dependerá, como hemos visto anteriormente, del uso que le demos al proyector. Pondré algunos ejemplos prácticos y reales. Para quienes necesitan un proyector con el que hacer presentaciones en distintas salas su mejor opción serían los LED’s (profesores, arquitectos, ponentes…). Para aquellos que le van a dar un uso empresarial y estático (exposiciones, bares, congresos, hoteles…) un DLP sería la opción perfecta. Para quienes necesitan respetar con fidelidad la imagen original (fotógrafos, pintores…) un LCD sería el adecuado.


¿Y para el resto que queremos asistir a una sesión de cine sin salir de casa? Pues para estos (entre los que me incluyo) todas serían una buena elección, en casi todos los casos mejor que nuestro televisor. Pero aquí, entre nosotros, y sin desmerecer al resto, mi primera elección sería LCD, por si algún alma generosa quiere tener un detalle con el que escribe. ¡Será bienvenido!

 

Texto: Rafael Lázaro (Fnac Sevilla)

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