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Viñetas analógicas

Laura Pérez y Pablo Monforte
Por Laura Pérez y Pablo Monforte
El 19/02/2016
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Viñetas analógicas

 

Pablo:

Remontarse al pasado para contextualizar una historia siempre entraña una porción de riesgo. Por supuesto, cuando se trata de un pasado próximo el riesgo es menor, perfectamente asumible. Y en cualquier caso, nosotros somos lo que se dice hijos de los ochenta, mal que nos pese.

Razones para abordarlo así teníamos muchas, y creemos que todas válidas. Pero probablemente la mejor de todas sea la más sencilla: queríamos describir las relaciones sociales que poblaban nuestras viñetas —en todas sus facetas y vertientes—, antes de ser invadidas por la tecnología. Así fue nuestra adolescencia al fin y al cabo, un lugar donde SMS, mp3 o Email era lenguaje de novela orwelliana. No digamos las redes sociales. Por supuesto, no existe en esta decisión pataleta alguna; muy al contrario, nuestra labor de documentación, si no imposible, sí se vería enormemente dificultosa sin internet. La imaginería de nuestra niñez sigue viva en nosotros, crecimos entre cassettes, videoclubs y escasa oferta televisiva, pero poder visitar, por poner un claro ejemplo, mapas y calles con la facilidad que permite la red, no tiene precio.

Pero tampoco lo vamos a negar, efectivamente también hay algo de sana nostalgia en 'Náufragos'. Nos inquietaba un poco el hecho de que se considerara nuestra obra un fiel reflejo de una época, el tan manido análisis sociológico de un momento concreto en la historia de nuestro país. Y no van por ahí los tiros. Trabajamos duro en describir fielmente el momento, en tejer de forma veraz y honesta un telón de fondo. Pero nos gustaría que ahí se quedase, y que la historia y sus protagonistas protagonicen el peso del cómic.

Nuestra labor de documentación en realidad pasa por un placer culpable: descubrir viejas superpop de un primo, vergonzantes fotos familiares, hemerotecas analógicas, cine quinqui, o sencillamente la música, la música como elemento vertebrador de los cambios. Y eso no es una simple excusa para hablar de post-punk. Lo prometemos.

 


Siouxsie And The Banshees

 


Laura:

Ahora la vida es muy inmediata.

Siempre estamos al tanto de todo, y si queremos saber algo de cualquiera, tenemos medios para saberlo al instante. Está siendo muy gratificante desarrollar una historia entre personajes que necesitaban sus tiempos y silencios. Lo que eran los 80; tener que esperar en una plaza, en un lugar de quedada habitual y no buscar excusas; ser más disciplinado para cumplir con tu palabra, para poder llegar. Ahora un pequeño texto en el móvil sirve para cambiar de opinión. Es un cambio de mentalidad en todos los aspectos que ha modificado la vida social y personal de la gente.

Todo va más rápido: los modelos de negocio, los cambios en la educación, las relaciones personales, la manera de conectar con el mundo. Queremos reflejar esos cambios, y describir escenas en las que una notita, una llamada por teléfono en la que no estás y te dejan el recado, o las llamadas al timbre del portal eran parte de la rutina social. También del anonimato. Ahora podemos saber quizás demasiadas cosas antes de conocer a alguien en persona, si es que lo conocemos por las redes. Ya sabemos de qué hablarle o no, tenemos la opción.

Incluso cuando nos encontramos a una persona que hace tiempo que no vemos, ya no nos sorprendemos tanto por sus noticias: seguramente las hayamos visto antes en facebook. Creo firmemente que había algo especial en esas esperas aunque también tuvieran sus contras.

El proceso de documentación es una parte muy interesante del proyecto, pero sobre todo se trata de reflejar la actitud de los personajes ante los acontecimientos, y ver realmente ese cambio de la adolescencia a la madurez, que es algo que, sea la generación que sea, todos vivimos con miedos, inseguridades y experiencias por descubrir.

Y qué decir la cantidad de carpetas que hago con cosas que vamos encontrando de los 80 y 90,  sobre pelos, estética, películas, series etc. Como ilustradora tengo que decir que me lo estoy pasando muy bien dibujando a tanta gente y contextualizando esas dos ciudades en esas dos décadas.

Y como consideramos que hay que observar de cerca los lugares en los que crecen, ríen o sufren nuestros personajes, no será raro que nos vean deambulando por Madrid y Barcelona, libreta y cámara en mano, pateando Poblesec o Carabanchel, El Carmel o Arganzuela. La poesía urbana está ahí escondida, de manera que intentaremos educar nuestra mirada para que no pase desapercibida.

 


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