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#savepepe

Antonio Hitos
Por Antonio Hitos
El 03/11/2016
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#savepepe

 

 

En 2006, un entonces desconocido Matt Furie publicaba en una micro editorial de Portland, Teenage Dinosaur, un cómic de 40 páginas en blanco y negro titulado ‘Boy’s Club’ en el que contaba, en forma de historias de una o dos páginas, el día a día de cuatro fumetas que compartían pizzas, videojuegos y mugre: Andy, Brett, Landwolf y Pepe. El cómic tuvo algo de movimiento por los circuitos de la small press norteamericana, y en junio de 2008 los personajes volverían en ‘Boy’s Club 2’. De características casi idénticas a la primera entrega, la pandilla de (pseudo) animales antropomórficos se integraba ahora en Buenaventura Press, el sello editorial afincado en Oakland del añorado Alvin Buenaventura, figura imprescindible en el cómic independiente anglosajón. El nombre de Furie empezaba entonces a sonar en algunas publicaciones especializadas, y su trabajo paralelo como ilustrador despegaba. Luego seguirían ‘Boy’s Club 3’ en 2009 y más tarde ‘Boy’s Club 4’ en 2010, que llevaba la cabecera a Pigeon Press, también bajo el amparo de Buenaventura, e introducía por primera vez a un nuevo personaje al grupo: Bird-Dog.

 

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No recuerdo cuándo me encontré por primera vez a la rana Pepe convertido en un meme de internet, pero me llamó la atención que un personaje tan minoritario fuera asimilado y redimensionado por la cultura popular a una escala parecida a la de figuras mucho más públicas como Yao Ming, Neil deGrasse Tyson o Julio Iglesias. Como todo el mundo sabe, los designios de internet son inescrutables, así que nunca le di más vueltas. Luego he sabido que el origen fue una viñeta extraída del segundo volumen de ‘Boy’s Club’ y posteada en Myspace y 4chan alrededor de 2008 en la que Pepe respondía con un “Feels good man” (sienta bien, tío) a la pregunta de Landwolf de por qué se bajaba los pantalones hasta los tobillos para mear. La viñeta había sido recortada y coloreada de forma que sólo quedaran la cabeza de Pepe y el bocadillo con su frase fuera de todo contexto, lo que la hacía ideal para ser usada como respuesta inmediata en foros virtuales de cualquier tipo. La popularidad del personaje llevó a otros internautas a escanear más viñetas en las que el gesto de Pepe indicaba distintas reacciones, y ahí se desató una especie de fiebre en la que las versiones de Pepe se multiplicaban fuera ya de todo control, con creaciones propias e imitaciones ajenas a la obra de Furie. El autor ha explicado varias veces que aunque no hay mucho que él pudiera hacer para manejar la situación, tampoco se sintió entonces contrariado por la nueva vida de su personaje, y en una especie de juego de reapropiación, incluso él mismo comercializó merchandising con representaciones de Pepe dispersas en la red.

 

Pero este año, la broma ha tomado un giro desagradable e inesperado.

 

Durante la campaña a las elecciones presidenciales norteamericanas, simpatizantes del candidato republicano Donald Trump y movimientos cercanos al supremacismo blanco empezaron a usar a Pepe como icono racista, xenófobo y reaccionario, caracterizándolo como miembro del Ku Klux Klan, de las SS e incluso como el mismísimo Adolf Hitler. El equipo de campaña de la candidata demócrata Hillary Clinton terminó de empeorar las cosas cuando publicó un artículo en su página web en el que criticaba a Trump por usar a Pepe en su campaña, reconociéndolo como el icono segregacionista en el que la derecha pretendía convertirlo. El efecto se hizo notar de inmediato, y la opinión pública quedó polarizada a favor o en contra de un dibujo cuyo sentido original no podía estar más lejos de las connotaciones por las que había sido popularizado. Para terminar de rizar el rizo de la confusión la Liga Anti-Difamación, una ONG judía con sede en Estados Unidos dedicada a combatir el antisemitismo, incluyó a Pepe en su base de datos como símbolo de incitación al odio junto a imágenes tan reconocibles como la bandera confederada, la cruz céltica o la esvástica.

 

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Aunque Matt Furie intentó evitar el asunto durante algún tiempo, la dimensión que los medios le habían otorgado le obligó a dar un paso al frente: por supuesto, la deriva hacia la que Pepe había sido arrastrado estaba suponiendo un golpe difícil de encajar. Pocos meses antes de que todo se desmadrara, la legendaria editorial Fantagraphics Books había recopilado los cuatro volúmenes originales de ‘Boy’s Club’ en un solo tomo de 176 páginas, y su lanzamiento tuvo que hacer frente al escándalo en el que imprevisiblemente el cómic se había visto envuelto. Eric Reynolds, editor de Fantagraphics, reconocía en una entrevista que la sobreexposición mediática, inusitada para un cómic de estas características, había contribuido a que vendiera por encima de sus expectativas, pero expresaba al mismo tiempo cierta preocupación por el contexto en el que la publicación se estaba desarrollando y el perfil de los potenciales compradores, comentando también que su mayor inquietud era que el nombre de Furie quedara asociado en la cultura popular con estas peligrosas corrientes ideológicas que se habían atribuido el control de Pepe.

 

Ahora, en un intento por recuperar la esencia original del personaje, Fantagraphics Books, Matt Furie y la propia Liga Anti-Difamación han lanzado una campaña en forma de llamamiento a internet para que la red se inunde de imágenes de Pepe en actitudes positivas y conciliadoras usando el hashtag #savepepe. Memes contra memes, en una reedición inaudita de la clásica batalla entre el bien y el mal. Internet es un océano inmenso y las representaciones negativas de la rana siguen mostrándose entre los primeros resultados en una búsqueda de Google, pero la implicación del mundo del cómic y la ilustración independiente con la causa está siendo bastante notable. Aunque quizás el Pepe amable y cariñoso no consiga nunca erradicar del todo al Pepe que fue arrebatado por el odio, al menos sí que puede enseñarnos algunas lecciones muy valiosas.

 

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La noción de que la obra deja de ser propiedad del autor para pertenecer al público una vez sale a la luz, ha tomado aquí una dimensión inesperada que es sin embargo muy coherente con el tiempo en el que vivimos, donde el anonimato generalizado en los nuevos medios de información y comunicación tiende a diluir la autoría de gran parte de los productos culturales que consumimos a un ritmo desconocido hasta ahora. Si finalmente no podemos recuperar a Pepe, ojalá sirva esto para que en adelante usuarios y autores sensibilizados con el tema se lo piensen dos veces antes de resignificar una obra ajena.

 

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