Recomendaciones | Música El disco de mi vida: Josele Santiago
Por Cultura Fnacel 16/06/2021
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Casi todos tenemos canciones y discos que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida o que relacionamos con los momentos más importantes. Fnac celebra el Día de la Música con “El disco de mi vida”, una exposición itinerante de fotografías de Alfredo Arias y textos de Luis Miguel Flores que nos revela cuáles son los discos esenciales para algunos de los músicos más relevantes de la escena nacional.
Lee aquí toda la información sobre “El disco de mi vida” y descubre a todos los participantes.
Para este proyecto, Alfredo Arias retrató a Ed Is Dead con el álbum de Björk “Post” (1995). Esta es la entrevista que le hizo el periodista musical Luis Miguel Flores con motivo de su elección.
La primera vez que escuché a Björk fue en un garito de Malasaña que se llamaba Chill Out, sobre 1997. Yo tenía 16-17 años, tocaba punk y hardcore, estaba muy metido en el mundo del metal y ya había descubierto cosas de hardcore-house y gabba. De repente sonó Enjoy de Björk y no entendía nada, porque me molaba… pero no; cantaba una tía... pero no; y era como electrónica pero... no. Pregunté, investigué y me pasó el “Post” una chavala del instituto. Fue la primera vez que hice un esfuerzo consciente por comprender un disco que no entendía pero me obligaba a intentar entenderlo. Mezclaba muchos códigos que entonces no compartía y me mandaba mensajes contradictorios. No puedo retrotraerme con exactitud a la sensación de entonces, era algo parecido a ¿pero qué mierda está pasando aquí? Me voló la cabeza. Fue una catarsis.
Abracé su música y su historia como una biblia: era un adolescente que estaba en un momento jodido, a punto de irse de casa. Y de repente me entero de que viene al Festival de Benicassim de 1998. Yo no había ido a un festival en mi vida. Me escapé a casa de un colega en Alicante y de ahí me fui solo al festival. En general pasé mucho miedo (dormir solo en la playa, gente muy borracha…) pero el concierto fue un viaje puro de endorfinas y dopamina, sin alcohol ni drogas. Pensé: esta piba es Dios.
Ha sido un disco que ha definido mi manera de entender la música. Me abrió a músicas que me podían emocionar sin entenderlas como músicas sensibles. Por un lado me emocionaba la voz, y por otro me parecía música del futuro. Fue mi proto electrónica. Mi primer acercamiento al concepto que tengo ahora de hacer música, de jugar mucho con las dinámicas y contar historias, fue Björk. El ejemplo perfecto es Hyperballad: empieza muy delicada y acaba en un mundo que para mí por aquel entonces era bakalao y poco más. Un bombardeo constante: cuando estás en un sitio te lleva a otro completamente distinto. Los tres primeros discos de Björk (“Debut”, “Post” y “Homogenic”) han conformado lo que luego he ido buscando en música. Si no se hubiera cruzado Björk estaría aún en Prodigy, Chemical Brothers y el metal. Nunca he sido muy fan de nada. De Björk, sí.
Textos: Luis Miguel Flores / Fotografías: Alfredo Arias
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