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Entrevistamos a Fernando González Molina, director de 'Mi querida señorita'

Cultura Fnac
Por Cultura Fnac
El 30/04/2026
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Entrevistamos a Fernando González Molina, director de 'Mi querida señorita'

En un mundo de autómatas, donde a veces, muchas, parece que todo va demasiado rápido, todavía queda gente que mira el mundo con pasión y lo cuenta con sensibilidad. Fernando González Molina es una de ellas.

El director de Mi querida señorita, pone el foco en una realidad de la que el cine, durante muchísimo tiempo, ha hablado mal, poco… o directamente nada: la intersexualidad.

La protagoniza Elisabeth Martínez, en un debut absolutamente conmovedor. Porque vivimos en una sociedad que cada vez habla más de identidad trans —aunque aún quede mucho por recorrer—, pero que sigue confundiendo conceptos por pura ignorancia, invisibilizando la intersexualidad y tratándola muchas veces como algo que ‘corregir’, en lugar de algo que comprender, escuchar y respetar.

Ese peso de tener que explicarse constantemente, de justificar quién eres, y de lo importante que es encontrar una comunidad, un lugar, una mirada que te diga: ‘Aquí cabes. Aquí no tienes que dar explicaciones.’ 


 

¿Cómo surgió todo, Fernando?


Llevábamos mucho tiempo buscando un proyecto que hacer, y los Javis pensaban que había llegado el momento como de actualizar Mi querida señorita, y entonces me lo contaron como una idea, si tenía sentido revisitar la historia para dimensionar desde otro lugar, actualizarlo, no sé muy bien qué palabra usar, y que habían pensado en ello, pero todavía no había ninguna línea. Entonces, a partir de ese punto, cuando yo ya entré en el proyecto, empezamos a darle vueltas desde dónde mirar esa historia, para que tuviera un poco de sentido hacerla, pero lo que teníamos muy claro es que no queríamos hacer un remake, no porque la palabra me suene mal ni nada, sino porque al final se me hace muy raro volver a contar, volver a un guion que ya está rodado, ¿sabes? Entiendo que a veces tiene un sentido comercial, pero, para mí, si no hay nada nuevo que decir de la historia, si el tiempo no ha pasado lo suficiente como para poder abordarlo desde otro lugar, pues se me hacía raro, y eso fue como un poco el desafío.

 

¿Qué palabra surgió en tu cabeza cuando te comentaron la historia? ¿Oportunidad o peligro?


A ver, peligro, sí, porque al final, pues bueno, tú sabes cómo es este mundo, y al final, pues eso, ya escuchaba las voces de, ¿pero por qué han ido a actualizar una película maravillosa? Ya había como los tambores lejanos, el fundamentalismo cinematográfico de, “Dios mío, ¿por qué? Con Alana Portero, me reía mucho, ella decía,  “¿Sabéis que no hemos borrado las cintas originales, ¿no? Que no hemos grabado encima de otra película, y esa película sigue ahí.” Las dos películas dialogan muy bien entre ellas, y nuestra peli la homenajea, pero también, de alguna manera, como que te permite entender mejor lo que la primera película pretendía contar, y que quizás por ser hija de su tiempo, quizás por la censura, quizás porque han pasado 50 años de activismo intersexual, te puede explicar de otra manera, o se puede explicar, no digo mejor, pero más claro.

 

Y, además, con toda la libertad posible, ¿no?


No es habitual la mirada que tienen los Javis como productores a la hora de abordar un proyecto, porque donde otros tienen como más miedo, o más precaución, o sienten que no hay que arriesgar, te obligan a ir mucho más allá, a colocarte tú en el relato, ¿sabes? También estábamos como muy obsesionados con que, ya que estábamos Alana y yo contando esta historia, que contáramos cosas de nosotros, que nos la lleváramos a una época que tuviera que ver con nosotros, a una ciudad que tuviera que ver conmigo, o sea, todo el tiempo estábamos ahí. Nos hemos sentido muy libres también, porque yo creo que el armazón de la película original es muy interesante, pero te permite, manteniendo el armazón, volar a otro lugar. Yo creo que, como ha pasado tanto tiempo, es lo que te decía, siento que el relato puede partir del mismo lugar, pero tiene que caminar a sitios distintos.

 

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Y cómo dialoga tu sensibilidad con la de Alana, ¿qué conversación a lo largo de todo este camino es con la que te quedas?


Pues muchísimas, porque toda la película está construida sobre la base de nuestras conversaciones. Probablemente, para mí, los momentos más emocionantes han tenido que ver con los recuerdos, hablando de los amigos que nos ayudaron a construir nuestra identidad y que ya no están. En mi caso, mi amigo Nacho que falleció, en el caso de Alana, gente que estuvo en su camino, como Roberta Marrero, y hablábamos mucho de esto, de homenajear en la peli a las personas que nos ayudaron a construirnos y hacer que el viaje de Adela fuera un viaje acompañada de estas personas. Hablábamos mucho de eso, de música, de noches interminables… hablábamos de todo, nos hemos hablado muchísimo.


Creo que una de las grandes cosas que me llevo de la peli es el disfrute de sentarme con Alana a imaginar y a inventar durante muchos días, y ya te digo, sobre la base de nuestras propias historias, ¿no? Y yo creo que ha sido como un proceso muy bonito. Yo me acerqué a ella casi como un fan, porque amaba La Mala Costumbre, estaba obsesionado con esa novela. Entonces, cuando me dijeron su nombre, dije, “hostia, no puede ser. A partir de ahí, partimos desde la admiración para acabar siendo muy amigos, porque al final nos hemos volcado mucho en la historia los dos.

 

Para ti también ha sido un aprendizaje esta película, ¿no?


Bueno, yo creo que el gran problema de lo intersexual es que se ha sentido que era algo que había que corregir… que en realidad es una barbaridad, porque al final no hay ninguna necesidad médica de ello. Una necesidad de colocar dentro de la norma, ¿no? Es que es una barbarie lo que se hace, lo que se llama mutilar a un bebé, a un niño pequeño, de colocarlo dentro de la norma, solo porque consideras que la norma está ahí, porque al final las normas son artificios que creamos, que da el ser humano, y yo creo que la película te lo explica muy bien. A veces, cuando escucho, “ay, es que la otra era más misteriosa, y ésta explica más”… Es que no sobreexplica, es que explica. Hay un gran desconocimiento sobre lo que significa la intersexualidad, y no podíamos hacer una película abordando este tema en 2026 y de nuevo viajar por las sombras, ¿no?, había que sacarlo a la luz, yo creo que era parte del relato, que era fundamental esto. Y no sólo poner luz sobre lo que significa ser intersexual, sino posicionar la película un poquito también como una pelea activista en tanto en cuanto defienda la libertad de la gente para ser como es, y también para experimentar en esa búsqueda de quién es a nivel identitario.

 

 

“Me gusta decir que es una película “casa”, que te ayuda a entender la construcción del amor propio”

 

 

Es que yo creo que es una película que, al margen de ser pedagógica o  divulgativa, es sobre todo reparativa.


La gran diferencia es que tiene es una secuencia médica en la que explica lo que le pasa al personaje y lo necesita el espectador, es que es necesario contarles esto. Al final, en el relato, digamos, de la historia del arte, también hay que meter los otros discursos, ¿no? Las personas disidentes, los otros lugares, los otros caminos, las otras vivencias, y para meter la vivencia intersexual es que tienes que decir las palabras, porque si no, no forman parte de la cultura universal, sino que al final se quedan de nuevo en la disidencia, en el lateral, en lo oscuro, en la sombra, yo creo que al final había que ponerle luz a eso. Para mí es tan importante eso, que creo que es lo que da sentido al haber hecho la película. Nunca tuvimos ninguna duda de que la película tenía que explicar a la gente lo que significa ser intersexual, y más una película que tiene la enorme ventaja para mí de entrar en una plataforma como Netflix a la que tiene acceso muchísima gente en muchísimos países. Me parecería una irresponsabilidad no hacerlo. Es una película que habla de respetar al distinto a ti, de entender lo que es diferente y de abordarlo desde el respeto y la empatía. Si sólo una persona, un intolerante, una persona que no entienda al de enfrente, ve la película y por un momento se pone del lado del que considera su opuesto, su contrario, al que no entiende, pues ya habrá valido.


A mí me gusta decir que es una película “casa”, que te ayuda un poquito a entender, aunque sea complicado, la construcción del amor propio. Sobre todo para las personas que tenemos problemas de identidad, de orientación, pero también personas que tienen relaciones complicadas con sus cuerpos, explicarles que el viaje a veces pasa por momentos complicados, pero que el amor propio es una construcción clave y que todo el mundo en la búsqueda de ese amor propio tiene el derecho a equivocarse cientos de veces, que hay que experimentar, hasta encontrarte. Yo nunca había hecho tantísimos coloquios con público, pero esta vez como que me lo han pedido y he hecho muchos, y es increíble ver a la gente, cómo se les generan preguntas, hemos generado debate, hemos llevado a gente del colectivo intersex para explicarle a gente mayor qué es, qué significa ser intersex, cómo es el viaje… yo creo que genera muchísima conversación sobre la realidad intersexual, pero también sobre el viaje e identidad…

 

Me contenta escucharte, pero no me sorprende, porque sigo convencida de que nos puede cambiar el prisma vital una película, un libro, un disco…


Una canción, un poema…  te han cambiado la vida, te han protegido a veces, se han hecho refugio… A mí me ha pasado mucho, yo soy un niño que he vivido refugiado en las canciones, en las películas, en las series, en los libros, con lo cual, pensar que sea una película “casa”, que a alguien le acoja un poco y le explique un poco mejor que no va a estar tan solo en el mundo, que el momento terrible, horrible, solitario que está viviendo ahora no va a ser para siempre, eso me parece que es bastante curativo y ya daría sentido a la película completa.

 

Echemos a volar la imaginación, ¿qué pasaría si el Fernando adolescente saliera de un cine de Pamplona de ver esta revisión de Mi Querida Señorita?


Pues la hubiera agradecido muchísimo. Hubiera llorado como espectador. Era un adolescente muy ingenuo, me sentía absolutamente un bicho raro, absolutamente desconectado del resto de la gente y si hubiera visto una película como ésta, quizás habría dado unos cuantos pasos.

 

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El personaje de Paco León, José María, dice que algo fundamental en la película. Algo así como “decepciona a la gente, que no se lo esperen…”. Quizás es el personaje más libérrimo del relato…


Al final, todas las personas que hemos vivido, por ejemplo, viajes, en mi caso de identidad, tenemos mucho miedo de hacer daño a nuestros padres, de decepcionarlos. Yo creo que el mundo ha cambiado mucho, o quiero pensar que ha cambiado mucho, pero yo siento que entonces, hablando de los 90, pues claro, de repente tenías este miedo. Cuando tú te construyes, te construyes esos afectos.


Sí, es un personaje libérrimo. Y no sólo el personaje de Paco, los personaje de Manu Ríos y Lola Rodríguez también. Son de alguna manera como las tres mentores gurús del personaje en diferentes líneas. Pero sí, probablemente el de Paco, justo junto con el descubrimiento del amor a través del personaje de Isabel. Despiertan algo en el personaje de Adela que hace que las piezas que nunca han encajado del todo empiecen a desencajarse por completo, como que empieza a temblarle el suelo.

 

Yo creo que la ponen delante un espejo literal y metafóricamente. De hecho, el personaje de Paco hace un alegato abogando por la pasión, y el personaje de Anna Castillo es el que sostiene y acompaña a Adela. ¿Querías recalcar que hace falta tanto empuje como refugio?


Ambas cosas, sí.


Nosotros queríamos construir un relato que fuera un alegato de los aliados, que te ayudan en la vida a un proceso, que son muchas veces disidentes como tú, y que en ese viaje te ayudan, te apoyan y te sostienen. Las dos cosas son necesarias, pero pocos viajes se han hecho solos.

 

¿Crees que seguimos a día de hoy siendo educados para agradar antes que para escucharnos?


Yo creo que sí. Yo creo que al final la construcción social te mete como en una vorágine en la que al final estás construido para, no sé si para agradar, o para funcionar, o para responder. Pero no sé, creo que sí que cuesta un poco mirarse adentro. También a veces, no es sólo culpa del entorno, a veces también nosotros mismos.


Es más fácil dibujarte hacia afuera, porque es como que avanzas y no miras mucho adentro.

 

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Haciendo un homenaje a tu documental, The Best Day of My Life, ¿cuál fue el mejor día del rodaje de Mi querida señorita?


Fue el mejor y el más duro también, pero te explico. Cuando llegamos al día en el que grabamos la secuencia final de Adela en el baño, que es como el momento de catarsis.


Al principio de todo, yo tuve una reunión con Elisabeth y ella me dijo, “yo tengo una relación muy compleja con mi cuerpo, tengo muchas cosas que resolver.”


Había leído el guion, estaba asustada y me dijo, “yo estas cosas que no las voy a poder rodar, no voy a ser capaz de darte esto y no quiero estropear la peli”. Y yo le dije, “transitemos juntos la película, veamos hasta dónde llegas y llegaremos hasta donde puedas y haremos lo que tú puedas hacer y hasta donde puedas hacer.” Y,  poco a poco, durante el rodaje recordábamos la secuencia, ensayábamos algún fin de semana para ver hasta dónde era capaz de llegar y cada vez daba un poco más, un poco más, un poco más.


Y recuerdo rodar esa secuencia con ese nivel de emoción, de exposición, de desnudez a todos los niveles y cómo de repente se tiró a la piscina en un plano de secuencia y lo hizo entero como demostrándole al mundo que se puede avanzar.

 

¿Qué enseñanza te ha dejado a ti Elizabeth?


La capacidad de que se puede casi todo. Para ella ha sido muy catártica la película.
Le ha venido muy bien porque le ha permitido dar pasos de gigante que igual de otro modo habrían sido más lentos, pero también en esa batalla, como dice ella,  se ha llevado heridas.

 

Durante el rodaje también sufriste un infarto…


De repente, colocarte en ese momento, darte cuenta de lo frágil que es la vida e intentar colocar las prioridades donde tocan, yo creo que algo de eso, de esa sensación, de esa melancolía, de esa búsqueda de para qué es la vida, creo que sí que está en la peli. Sí, sí, se percibe.

 

Beatriz Rodríguez (Cultura Fnac)

Etiquetas: entrevistas cine
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