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Por Cultura Fnacel 22/01/2024
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Margot Rot es escritora, filósofa e investigadora cultural. En su ensayo Infoxicación establece relaciones entre conceptos clave del presente filosófico: virtualidad, deseo, identidad, conocimiento, memoria y voluntad. Una de sus tesis principales refiere a la desafección emocional ante un mundo repleto de tragedias. El libro aporta respuestas (aunque quizá más preguntas) ante dilemas y preocupaciones de nuestro mundo, en especial del mundo online y su relación con el offline, un marco teórico en el que Margot se desenvuelve como pez en el agua, demostrando que ella, por encima de lo teórico y literario, forma parte de un mundo-presente que también la atraviesa.
Cultura Fnac: El libro se titula Infoxicación, un término que defines en repetidas ocasiones en relación a otros conceptos. ¿Qué es la infoxicación? Y, más concretamente, ¿cómo es un sujeto infoxicado?
Margot Rot: Infoxicación significa intoxicación por abundancia de información. Es un término a través del cual poner de manifiesto una afección psicosocial/psicocultural y tiene que ver con estar en relación permanente con información. No podemos olvidar que nuestro sistema económico comercia con la información. Muchos sectores profesionales funcionan a través de este sistema que comercia con datos, noticias, fenómenos de impacto. La información a la que me pretendo referir no va de hechos escindidos y, en algún sentido arcano e ingenuo, objetivos; la información está cargada de afectos. La información -el conocimiento- es emotiva.
Cuando uno está infoxicado -inmerso en una cotidianidad repleta de titulares, imágenes, repleta de afectos- desarrolla una desafección. Es paradójico, porque uno podría preguntarse ¿por qué estoy menos informado o peor informado? Intento estudiar cuál es nuestra relación con el conocimiento. En el ensayo explico que nos desvinculamos frente a la abundancia. Dejamos de ver en la repetición. Estar infoxicado, a mi modo de ver, es no poder ser afectado emocionalmente por las cosas que suceden a nuestro alrededor. El sujeto infoxicado no puede ser interpelado por lo que ve o por lo que lee. Lo que lee y lo que ve es, en ocasiones, tan duro, o está tan significado, o es tan denso que uno es incapaz de prestarle suficiente atención emotiva. No integramos la realidad. Si las cosas que sabemos que pasan a nuestro alrededor calasen en nosotros profundamente quizá estaríamos demasiado tristes como para continuar con nuestras vidas. A veces creo que la infoxicación es una suerte de defensa inconsciente ante una cantidad ingente de horror, y en ocasiones de responsabilidad, que no podemos manejar o asumir.
¿Cómo se enfrenta el libro a este concepto? ¿Y cómo lo haces tú?
En el ensayo está la voluntad de entender por qué si tenemos las herramientas para saber más o para saber mejor esto no parece suceder. Es un ensayo que plantea la infoxicación como un problema epistémico, es decir, es una reinterpretación de un gran problema de la filosofía: ¿qué es el conocimiento?, ¿qué puedo conocer?, ¿cómo conozco? Me interesa, dado este sistema económico y social de la información -que es virtual y más o menos accesible a gran parte de la población- pensar en los límites del conocimiento.
Creo que hay una relación entre quiénes somos y lo que sabemos. Creo que esto pasa por dos cuestiones; todo saber es un saber situado. Soy fruto de la posición que ocupo en la estructura -renta, género, raza- y, en segundo lugar, soy (deseo) aquello que me ha sido inculcado por el lugar que ocupo en la estructura -el gesto que se anticipa, el gesto que es irreflexivo, el gusto- Quiénes somos está fuertemente relacionado con lo que sabemos, y lo que sabemos es indisociable de lo que podemos y de lo que deseamos saber. En este sentido el ensayo plantea una relación entre el conocimiento, la agencia, el deseo y la voluntad. ¿Hasta qué punto tenemos agencia y voluntad en la integración emotiva de nuestro conocimiento?
Si la infoxicación conlleva una apatía causada por un exceso de tragedia, ¿cómo podemos mantenernos en el mundo sin apartar la mirada?
Esta es una pregunta muy importante para la que lamentablemente no tengo una respuesta.
La memoria es otro de los pilares que sostienen el libro, un concepto que, además, creo que funciona como una especie de andamiaje del cuerpo del ensayo. ¿Es la memoria el espacio interior por antonomasia?
Es un espacio interior, sin duda, pero lo cierto es que en nuestra sociedad virtual y mediada por las redes sociales esta memoria íntima es pública. Nos constituimos en base a la mirada de los demás -siempre ha sido así-, pero los espacios digitales nos dan más herramientas para manufacturar nuestra imagen para el otro. Este cambio es muy interesante a la hora de pensar en cuestiones relativas a la construcción de identidades, todo un tema de la posmodernidad. Me gusta pensar en la memoria como un tribunal, una autoridad, ante la que comparece nuestro tiempo. En el recuerdo, en la edificación del relato-recuerdo que nos vertebra, no hay agencia. Hay deseo. Hay necesidad -de tejer con coherencia la felicidad o el dolor que explican cómo hemos llegado hasta aquí-.
Otra de las preocupaciones que vertebra el ensayo tiene que ver con la relación entre identidad y recuerdo o, dicho de otro modo, entre identidad y relato. En este sentido me quería preguntar (dado nuestro sistema de información y mi tesis -que estamos desafectados de las eventualidades que nos rodean pese a que algunas son inminentes y determinantes-) cómo decir que tengo agencia a la hora de construir mi identidad si no recuerdo todo lo que vi, cómo decir que tengo agencia a la hora de construir mi identidad si no puedo vincularme emocionalmente a lo que sucede. ¿Qué subjetividad política resulta de esta situación? Y, pensando en nuestra forma de habitar el espacio online y en la memoria, he querido preguntarme quién soy si mi identidad se erige a modo de archivo público de lo íntimo. Para mí todo esto guarda relación con una de las ideas que vertebran el ensayo: la relación entre la realidad offline y la realidad online. En realidad, estoy pensando en subjetividad política e identidad -otra cuestión clásica de la filosofía- aplicada a nuestro contexto tecnológico.
De la mano de la memoria muchas veces viene la nostalgia, un concepto en el que muchos se sienten cómodos y tantos otros amenazados. ¿Consideras este auge de la nostalgia, del todo pasado fue mejor, un síntoma del sujeto infoxicado o una respuesta (equivocada o no) a la infoxicación?
Creo que la expresión más evidente de la nostalgia que describo en el ensayo (nostalgia como relato ideal de un tiempo que jamás fue pero que necesitamos creer que fue para establecernos en el presente con coherencia) es que exista un partido como Vox. No sé si hay alguna relación entre estar infoxicado y ser nostálgico. Tendría que pensarlo bien. Lo que sé es que el conocimiento, el aprendizaje, exige siempre que nos preguntemos quiénes somos, y en ocasiones exige que renunciemos a quiénes hemos sido. En esta intersección está quiénes deseamos ser. Hay ideas, valoraciones y circunstancias que te obligan a reconfigurar tu identidad por entero. No todo el mundo está dispuesto a cambiar. Mucha gente no quiere renunciar a su pequeña parcela de bienestar para proporcionarle bienestar a un mayor número de personas. Esa gente acaba viviendo sola en un mundo que jamás existió. Y lo reclaman. Nostalgia es eso y es terrorífico.
Otro de los conceptos que vehiculan el libro es el concepto de Internet, o quizá más bien el de virtualidad. ¿Cómo entiendes internet y la virtualidad?
Creo que la virtualidad es una forma de espacio y de tiempo. Me parece que la virtualidad tiene mucho que ver con el devenir, es decir, con el flujo infinito de temporalidad y eventualidad. Internet es aquello con lo que accedes a ese devenir; parcial y fragmentado (tener acceso a internet no nos hace omnipresentes) pero sucediendo en gerundio constante dentro de la máquina que llevas en tu bolsillo.
¿A qué te refieres cuando defines internet como impulsor de lo posible? ¿Qué tiene Internet de prometedor?
Me llama la atención que pueda leerse la posibilidad, que es una condición eventual dentro del espacio-tiempo, como promesa o como esperanza. Es una buena lectura, quiere decir que tenemos ganas de que las cosas sean mejores. Tendremos que hacer algo para que así sea. Pensar en nuestra forma de habitar la red es un buen modo de empezar.

¿Crees que internet es un espacio seguro para la vulnerabilidad?
La seguridad es un asunto peliagudo. Ahora hay un debate muy interesante que tiene que ver con la regulación virtual: acceso a teléfonos móviles en menores, firma digital para el consumo de pornografía. Es una conversación que estamos teniendo y para la que encontraremos soluciones y acuerdos sociales. Lo que sé es que es un espacio que propicia discursos, diálogos y debates, con todo lo bueno y malo que resulta de esa interacción colectiva.
¿Cómo se mantiene una visión positiva o esperanzada de internet sabiendo que internet opera en un mundo-presente dado que es duro y poco halagüeño?
¿Cómo se mantiene una visión positiva o esperanzada del mundo sabiendo que el capitalismo es despiadado?
Otro de los conceptos importantes del libro es lo afectivo, los afectos, siempre al lado del deseo. En este sentido, y tomo el libro de Juanpe Sánchez, Superemocional, como ejemplo, ¿crees que es un buen momento para los afectuosos? ¿Dónde se sitúan ahora los afectos?
Creo que es el momento idóneo para cuestionarnos nuestra forma de estar en el mundo y de ser quienes somos. Es un momento de profunda reflexión social y de cambio y es magnífico.
Y, como una flor que nace entre mucho barro y asfalto pero también gracias a ese barro y asfalto, el libro es atravesado por la identidad, quizá otro de los tótems filosóficos de nuestros días. En tu idea de la identidad hay mucho de ficción. ¿Dónde queda la identidad entre la memoria, el deseo y la virtualidad?
Agradezco mucho esta pregunta porque es la pregunta que deseo que se haga cualquiera que lea el ensayo. No tengo una respuesta concreta, tan solo la intuición de que, si bien nos hemos hecho responsables de nuestras identidades -impugnando términos, discursos, maneras de hablar, formas de vivir, reclamando derechos-, hemos de ir a mirar también en los rincones en donde la agencia escapa o la voluntad escasea: ahí entra la memoria, el deseo y la virtualidad. Son tres aspectos en los que debemos pensar más y mejor para vivir vidas menos secuestradas por los estándares de un sistema agotador.
Muchas gracias, Margot, por dedicarnos tiempo.
Gracias a vosotros por estas preguntas.
*La fotografía de Margot Rot es de Gabriel Silvelo.
Alberto Sepúlveda (Cultura Fnac)