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Por Cultura Fnacel 19/02/2025
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Una gran muerte que lo atraviesa todo. Muchas muertes no tan grandes que traspasan, rompen y redefinen vidas. La obsesión por encontrar trascendencia en morirse e infinitos sentimientos que lo inundan todo. Si hubiera una manera de resumir ¡Mártir!, la novela de Kaveh Akbar finalista del National Book Award en 2024, estas primeras frases serían la nuestra. Pero ¡Mártir! no se puede resumir porque es un libro inmenso, poliédrico, de mil lecturas.
La editorial Blackie Books, ya meses atrás, anunciaba con brío que ¡Mártir! sería su libro más importante del año. La verdad es que estamos en marzo y los vaivenes de la literatura siempre son inciertos, pero sí, tiene pinta de que la historia de Kaveh Akbar marca un hito en el catálogo de cualquier editorial. Es un gusto leer historias como la del joven autor iraní, es un gusto que un libro relativamente breve (¿quién dijo que solo las novelas totales despiertan cosas?) se convierta en un huracán de emociones.

Cuando terminas ¡Mártir!, cuando cierras sus páginas y no sabes si quieres llevarte la historia contigo o guardarla con mimo con una sábana de gasa dentro de una caja de madera para que nadie pueda hacerle daño, lo primero que te inunda es un sentimiento de sobrecogimiento, de saber que en este libro han pasado muchas cosas que igual todavía no entiendes. Y sí, claro que pasan muchas cosas en el libro, cosas duras e intensas, cosas de llorar y reírse, puede que todo a la vez. En ¡Mártir! hay muertes tranquilas que esconden muertes violentas, hay niños jinetes que performan el descanso y el consuelo para los heridos de guerra moribundos, hay mujeres que se aman, hay aviones que explotan, hay iranís estadounidenses que no se sienten demasiado iranís ni demasiado estadounidenses, hay padres que trabajan en granjas de pollos y hay una amistad que sostiene un mundo. Kaveh Akbar tiene un don para escribir buscando la empatía del lector (y encontrándola), tiene esa capacidad que tienen los grandes autores para convertir al lector en una barquita a la deriva en un mar, el mar sentimental, el mar de la búsqueda del sentido del vivir, siempre embravecido.
Kaveh Akbar ha conseguido construir una novela continuamente atravesada por la identidad (identidad de clase, identidad nacional, identidad sexual e incluso identidad de adicto), pero que deja, a su vez, a esa misma identidad ligeramente apartada porque lo importante (nunca siempre, pero sí a veces) está detrás. En ¡Mártir! la identidad deja paso a algo más, o quizá a algo simplemente diferente, que es el miedo al vacío del ser, el miedo a la intrascendencia. ¿Qué es un mártir sino alguien que busca en el morirse algo más que morirse? Es decir, una muerte que importe. En la novela hay un protagonista, Cyrus, obsesionado con la muerte y el martirio. Es iraní pero vive en Indiana, conoce la herida que causa la guerra en una familia, perdió a su madre cuando era un bebé. Cyrus es un personaje en continuo proceso de búsqueda personal, una búsqueda que cristaliza en la obsesión por la muerte. Pero no todo es muerte en ¡Mártir! Hay también en esta novela la amistad cuando nada se entiende, el peso de la familia, el abandono y la viudedad, los descubrimientos inesperados. Hay de todo en ¡Mártir!, y todo lo hay escrito con una soltura bella, a veces cercana a la prosa poética y otras veces con un estilo que empatiza completamente con el empuje de una juventud que no se gusta (que no se encuentra) pero que lo intenta.
¡Mártir! es un libro que recomendamos por ser increíble, tierno y gozoso de leer. Dotado de un humor extraño, que aparece por detrás como un invitado inesperado en un selfie, y de una esperanza que brilla. Uno puede esperarse de esta historia un drama continuado, una sensación de que la tragedia sobrevendrá en cualquier párrafo. Sin embargo, al final la calma lo conquista todo, un calma que sorprende al lector, una calma sabia, una calma que alivia, tanto a Cyrus como a nosotros, y suponemos que también al autor, una calma que nos arropa, también con una sábana de gasa, ¿por qué no?, mientras nos susurra que todo está bien aunque no lo esté.
Hay que leer ¡Mártir!, hay que leer a Kaveh Akbar, hay que convertirse en el consuelo de quienes solo esperan respuestas.
Alberto Sepúlveda (Cultura Fnac)
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