Recomendaciones | Cómic y Manga Las mejores novedades en cómics que marcarán 2025
Por Cultura Fnacel 29/01/2025
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Aunque en un principio parezca un poco difícil de creer, tratándose de algunas de las editoriales más populares del mundo y a las que se les supone con un cierto poder, lo cierto es que editoriales como Marvel, Dark Horse, Image o DC Comics, la protagonista de nuestra historia, para vender sus cómics fuera de Estados Unidos optan por vender los derechos de publicación de sus cómics a otras editoriales que se encargan tanto de la traducción como de la impresión y la distribución en sus áreas de influencia.
Esto es algo que, en ocasiones, ha podido traer de cabeza a los lectores, que han tenido que sufrir cómo, debido a decisiones en apariencia peregrinas o de oscuros motivos nunca revelados, estas editoriales que adquirieron los derechos los publicaban en un orden que no corresponde con el de la publicación original, e incluso los mutilaban para adaptarse a sus intenciones y/o necesidades. Por fortuna, una de las ventajas de la globalización ha sido que aquello que ocurre al otro lado del charco no nos sea en absoluto desconocido, y gracias también al crecimiento de popularidad del medio, y que los cómics de superhéroes ya no son considerados como “tebeos para niños”, en el sentido más despectivo del término, las grandes editoriales hayan optado por ediciones cada vez más fieles a las originales, al tiempo que estas cerraban las condiciones para que el producto final llegase al lector de allende los mares con un poco más de dignidad, siendo en la actualidad esa mala praxis muy escasa, al menos en España.
Sin embargo, el camino hasta aquí no ha sido fácil, y la llegada a nuestras costas de gente como Superman, Batman o Wonder Woman ha tenido etapas de auténticos via crucis, a pesar de sus poderosas habilidades en las viñetas. La buena noticia es que el camino ya está marcado y el futuro pinta bastante bien para los capas rojas, y, quien lo iba a decir, precisamente mano a mano con Panini, la supuesta competencia más directa. Quien lo iba a decir, ¿eh?
Los primeros cómics de DC que desembarcaron en nuestro país, y nunca mejor dicho, traducidos al español (que no castellano), vinieron de la mano de editoriales cuyas sedes estaban sitas en Latinoamérica, y mediante acuerdos de exportación llegaban a España con cuentagotas (por lo que fuera, a la dictadura que gestionaba el asunto por aquí no le interesaban las historias pijameras que no fueran de héroes reconquistadores que luchaban contra los moros, o en el mejor de los casos, contra los pérfidos romanos invasores).
La fecha que marca la publicación más o menos organizada de DC en España, tras algunos amagos muy maltratados durante los años 40, es 1952, cuando nos llega la versión adaptada de la mano de la editorial mexicana Novaro, grupo editorial cuyo alcance en ese momento abarcaba casi todos los países de habla hispana. Durante poco más de diez años, los niños (y no tan niños sin complejos) españoles pudieron disfrutar de una edición bastante decente, para la época, de las aventuras de Clark Kent, Bruce Wayne (a veces Bruno Diaz) y compañía. Al menos hasta que los supes se toparon con su peor enemigo hasta el momento, y el que les venció en la batalla (la guerra, nunca): el ministro de Información y Turismo Don Manuel Fraga Iribarne, que, como gestor de la Junta asesora de la Prensa Infantil, dedicada, entre otras cosas, a censurar las publicaciones que iban dirigidas al público infantil y juvenil, no vieron con muy buenos ojos eso de los superhéroes subversivos, que fueron directamente prohibidos entre 1964 y 1969.
El nacimiento de la década de los setenta vio el regreso de DC de la mano de una renovada Novaro, esta vez ya con sede en nuestro país, en Barcelona, pero esta vez muy manoseados, con viñetas recortadas, traducciones que respetaban extrañamente los valores cristianos que dictaba el momento, y muy poco respeto por los materiales de origen. Fueron 10 años, hasta 1979, bastante penosos para los incipientes comiqueros seguidores de la sagrada Trinidad, hasta que a principios de los ochenta, cuando la popularidad de la editorial estaba ganando enteros gracias al bombazo de la primera película de Superman protagonizada por Christopher Reeve y dirigida por Richard Donner (con la actuación mejor pagada de la historia, comparando salario con minutos en pantalla, de Marlon Brando).
Tras algún amago puntual por parte de Vértice, editorial que en ese momento estaba dándole estopa (porque no tiene otro nombre, que también hacían lo suyo) a Marvel, parecía que la cosa iba a mejorar cuando Bruguera, la editorial de cómics y tebeos autóctona más importante de la época, obtuvo los derechos de publicación de DC, explotando el legado del murciélago en unos ya míticos tomos de gran tamaño con tapas de cartón. Nada parecía predecir que, poco después de empezar a ilusionar a los infantes con las viñetas de Neal Adams a gran tamaño, Bruguera se fuera a la quiebra en 1986, dejando huérfana a la línea súperheroica un par de años antes.

Pero, como en los mejores cómics, tras la oscuridad viene la luz, y finalmente llegó el héroe para salvar el día, y en 1986, Zinco empezó a publicar los cómics de DC en España y, lo que es más, con un muy agradecido e ilusionante respeto y cariño por el material original, algo inédito por estos lares. Zinco fue de los primeros que adoptaron el formato y tamaño del comic book americano, respetaba las numeraciones y las continuidades (en ocasiones a su manera, pero con buenas intenciones), trabajaban con esmero las traducciones y adoptaron la entrañable sección del correo del lector, único medio de comunicación directa entre lectores y editores en una época donde no había internet ni redes sociales, ni se les esperaba.
Además, añadieron los artículos enfocados en la historia editorial de los principales personajes, opiniones e incluso previas del material que estaba por venir, gestando las bases que al poco Forum adoptaría con Marvel en esos mismos años, y con ello la seriedad del fan lector pijamero, que en esa época además coincidió con la eclosión de la oscura modernidad de DC, con el nacimiento de los Batman de Frank Miller y Alan Moore, Watchmen, el Superman de John Byrne, el Green Lantern de Gibbons, la primera gran Crisis en Tierras infinitas (el primer megaevento global de DC, y espejo de todos los que vendrán después… hasta la saturación).
Años que han cimentado para el futuro, tal y como lo conocemos, la mitología, más allá del propio origen de sus personajes, del Universo DC. Todo parecía ir sobre ruedas con los inicios de la última década del siglo XX, con la popularidad de Vértigo, el sello más adulto e independiente de DC, con Sandman, Hellblazer (el bueno de John Constantine), o V de Vendetta, y el bombazo editorial que supuso la primera “muerte” de Superman, en 1992, hasta que la “crisis” (esta vez nada cósmica) atenazó a Zinco, que en 1997 se vio obligada a abandonar los derechos de DC, sin sucesor designado en un mercado editorial confuso.

Fueron años muy complicados para el aficionado DCero español, más duros incluso que las anteriores ocasiones de incertidumbre, pues habíamos probado lo más cercano a la excelencia con lo que habían sido los mejores años de DC creativamente hablando. El final de la década de los noventa no fueron años especialmente buenos para los pijameros (por favor, mirad a ese Superman desdoblado en dos mitades, una roja candente y otra azul eléctrica, que nadie ha vuelto a publicar ni por nostalgia, por algo será), y aquí se hicieron especialmente cuesta arriba, pues lo poco que llegaba de DC era a través de Viz, una editorial mexicana que hacía lo que podía y como quería, pero con muy poca fe en el material, llegando cosas con cuentagotas.
La luz volvió a brillar cuando, tras hacerse con los derechos de Vértigo y sacarles buen partido, Norma Editorial llega a un acuerdo con Viz en 1999 y empieza a editar DC en España, con el mejor primer momento de DC en el nuevo milenio, la Liga de la Justicia de Grant Morrison, o las célebres sagas batmaniacas de Jeph Loeb y Tim Sale. Con una diferencia de, aproximadamente, dos años respecto a la publicación original, Norma publica material actual y recupera clásicos, nunca en grapa, en unos preciosos tomos y con un gran mimo editorial, pero, y ahí estaba el truco del almendruco, sólo para los más ahorradores y pudientes, en lo que fue, hasta ese momento, la época más cara de DC para nosotros, los pobres lectores de tebeos. Aprendimos a las bravas que la calidad, y el vicio, se pagan bien.

Al menos hasta que, en 2005, y tras perder los derechos de Marvel, cambia un panteón por otro y Planeta de Agostini abraza al hogar de Kal-El en su seno, y tras un par de años algo titubeantes, inaugura la etapa más ambiciosa en cuanto a material publicado, dejando muy poco fuera del alcance del mercado español, ampliando incluso a los coleccionables de kioskos que tan buenos resultados les habían dado en los años previos con Marvel y abarcando las grapas, tomos recopilatorios, recuperación regular de material clásico nunca antes publicado, etc. Años de bonanza que tuvieron su continuidad cuando ECC, en 2011, que hasta ese momento se dedicaban a la traducción y edición para otras editoriales, se independizan y toman las riendas totales de DC, en lo que ha sido uno de los periodos más largos de tenencia de los derechos de DC en España, con 14 años a sus espaldas llevando a cabo una labor que ha tenido sus luces y sus sombras (conceptualmente, es como si hubieran aprendido de Norma el gusto por los precios altos y de Planeta las ganas de abarcar, una mezcla infalible), pero que, innegablemente, ha puesto al alcance del lector español todo el material posible de DC Comics, y en múltiple variedad de formatos.
¿Los echaremos de menos? El tiempo lo dirá, que con refranes como “otros vendrán que bueno te harán” todo es posible en la viña del señor. De momento, y tras la confirmación de la adquisición de DC por parte de Panini, vamos a vivir un momento cuanto menos curioso en el que las dos principales editoras de súper tipos van a compartir piso, esperemos que sin darse de leches por compartir baño y cocina. ¿Competencia? ¡Claro que no! Simplemente amplían su universo a límites insospechados y la panoplia de personajes a una nómina casi inabarcable. Y las cosas como son, el buen hacer de Panini con Marvel durante los 20 años que cumplen en 2025, y el aval de publicar los cómics de la Casa de las Ideas en Italia, Alemania, México y Brasil, les otorga, cuanto menos, el beneficio de la duda (cercana al monopolio, quizá, pero con duda en la maleta).
El rey ha muerto… Así que viva el Rey. Y hoy, más que nunca, larga vida a DC Comics.
David Romera (Cultura Fnac)
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