Recomendaciones | Música El disco de mi vida: Ed Is Dead
Por Cultura Fnacel 16/06/2021
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Casi todos tenemos canciones y discos que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida o que relacionamos con los momentos más importantes. Fnac celebra el Día de la Música con “El disco de mi vida”, una exposición itinerante de fotografías de Alfredo Arias y textos de Luis Miguel Flores que nos revela cuáles son los discos esenciales para algunos de los músicos más relevantes de la escena nacional.
Lee aquí toda la información sobre “El disco de mi vida” y descubre a todos los participantes.
Para este proyecto, Alfredo Arias retrató a Amparo Llanos (Dover) con el álbum de Nirvana "Nevermind" (1991). Esta es la entrevista que le hizo el periodista musical Luis Miguel Flores con motivo de su elección.
En 1989/90 había leído ya sobre Nirvana en el Melody Maker y el New Musical Express y había oído hablar del “Bleach”. Escuché una canción de ese primer disco de Nirvana que no me cuajó, pero el grupo despertó mi interés. En septiembre de 1991, Paco Pérez Bryan estrenó las primeras canciones de “Nevermind” en Radio 3, en su programa De 4 a 3. La primera que escuché fue Breed, y me dejó trastornada. No había tenido un shock musical tan grande desde que descubrí a los Beatles con 11 años, con “Help”. Ese fue mi primer terremoto musical, el momento en que pensé yo quiero ser los Beatles, quiero estar en los Beatles. Incluso obligaba a mis amigas (que preferían a los Pecos o Tequila) a montar supuestos grupos.
Paco seguía estrenando canciones del disco: In Bloom, Smells Like Teen Spirit… y aquello ya fue un torbellino para mí, una revelación. Esa mezcla brutal de sentimiento en la voz de Kurt Cobain con una melodía pop preciosa, con esa contundencia y esas guitarras tan altas. De ahí pasé a irme a tumba abierta a Londres con un amigo en noviembre porque tocaban Nirvana en el Astoria… pero no pudimos entrar. Allí mismo me compré el vinilo de “Nevermind”, que aún conservo, y ya en casa se lo puse a mis hermanas Cristina y Nieves, que eran mucho más pequeñas. Yo tenía 25 años entonces, y después de estudiar en la Universidad y ponerme a trabajar, había abandonado mi sueño adolescente de tener un grupo. Ni siquiera tras lo de Nirvana me lo planteé conscientemente; eso lo propuso finalmente Cris.
En febrero de 1992, Paco Pérez Bryan dijo en su programa que la semana siguiente iba a ver a Nirvana a Hawaii, y con mucha chulería añadió al final del programa: si quieres venir conmigo, llámame. Yo llamé y dije que quería ir. Nos vimos, y después de comprobar que no era una psicópata me dijo: Pues nada, cómprate el billete y nos vemos en el aeropuerto de Honolulu. Tienes una entrada. Me pude coger vacaciones y allí me planté. Tocaron en un club que se llamaba Pink’s Garage. Y se convirtió en el concierto de mi vida, adelantando al de Paul McCartney en el Palacio de los Deportes de 1987. Una hora y poco de concierto que para mí se convirtió en diez minutos de corriente eléctrica continua. Kurt llevaba el mismo pijama con el que se casó al día siguiente con Courtney Love, en la playa de Waikiki. Si escucho ahora cualquier canción del disco, inmediatamente me tengo que poner a cantarla, me sube el buen humor y me transporta a sensaciones positivas, llenas de horizontes desconocidos.
Textos: Luis Miguel Flores / Fotografías: Alfredo Arias
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