Recomendaciones | Cine y series ¿No sabes qué ver en el cine? Prueba con estos tres taquillazos y blockbusters
Por Cultura Fnacel 04/07/2024
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Donald Trump sufre un intento de asesinato en mitad de un mitin. Joe Biden abandona la carrera electoral por supuestos problemas de salud. Kamala Harris se apunta al brat summer. Estados Unidos se encuentra al borde de toda una... campaña electoral extrema. Vamos, como están siendo todas las que hemos tenido que sufrir en España, hace poquito en Francia o en cualquier población de más de doscientos habitantes en Murcia.
El ambiente de crispación creado por bulos, fake news y demás sandeces que provienen de según qué sectores del espectro político (hola, ultraderecha) que se dice democrático, además de engañar al personal, están provocando el afloramiento de ciertos pensamientos y comportamientos violentos que parecíamos haber dejado atrás hace unas cuántas décadas. ¿Quién ha tenido la culpa de este resurgimiento? ¿Es el que tira la piedra o la mismísima piedra? O, a lo mejor, el culpable de todo esto es el medio de comunicación que se hace eco de la pedrada.
¿Es la foto de Evan Vucci la imagen más impactante de los últimos tiempos merecedora de un Pulitzer, un fotorreportaje orquestado o más gasolina para los violentos? Ni lo uno ni lo otro, ni lo de más allá, sino todo eso y mucho más. ¡Qué lío, Maruja! Para que entendamos un poco más por dónde van los tiros (literalmente), Alex Garland (Ex Machina) nos enfunda un chaleco de prensa, nos da una cámara y nos coloca en primera línea de la contienda más importante de los últimos tiempos. Disparar o ser disparado, esa es la cuestión.
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Con la tontería, Alex Garland se ha convertido en el gran maestro de las distopías de lo que llevamos de siglo. Primero con su juguetona fábula de androides Ex Machina, por la cual Alicia Vikander debería haber ganado realmente el Oscar y no por La chica danesa; después convirtiendo a Natalie Portman (Jackie) en una suerte de teniente Ripley en pleno despiporre vegetal en Aniquilación; o desquiciándonos con la infravaloradísima Men, con una Jessie Buckley (La hija oscura) descomunal.
Una colección de pesadillas distópicas que nos han volado la cabeza y han provocado que juremos a Alex Garland amor eterno. Un amor que, no nos olvidemos, nació hace bastante tiempo, porque suya es la novela en la que se basa ese mal viaje llamado La playa, que protagonizó Leonardo DiCaprio en su época forracarpetas, y suyos son los guiones de la maravillosa dupla 28 días después y 28 semanas después, así como de sus esperadísimas secuelas.
Civil War nos lleva a un futuro cercano, con unos Estados Unidos menos unidos que nunca. La mayor parte de los estados se han independizado y se han levantado contra el gobierno central. Una cruenta contienda que ha sumido al país en un violento caos generalizado. Los rednecks campan a sus anchas y ajustician a todo aquel que no siga su credo. El presidente se ha atrincherado en un búnker bajo la Casa Blanca. Un movimiento que recuerda bastante al de cierto dictador cuando los tanques estaban a punto de entrar en Berlín.
Nos alistamos al comando de guerra liderado por Lee (Kirsten Dunst, María Antoineta), una fotorreportera de guerra completamente destroyer para la cual los límites de la ética periodística no existen. Ella se mueve entre las zonas calientes de guerra como pez en el agua, sabiendo cuál es el momento justo para apretar el gatillo y hacer historia. Pero, ¿qué puede llevar a una persona a jugarse la vida por una mera fotografía? Será la obligación de honrar el derecho a la información, el afán egoísta de hacer historia, o el mero subidón orgásmico que da el pasearse por el abismo y salir (casi) siempre airosa.
Alex Garland intenta mostrarnos en esta película bélica y distópica el conflicto de manera fría. Sin alistarse en ninguno de los mil bandos de los escindidos estados de América. Somos tiburones como Lee y el resto de periodistas. Solo nos movemos cuando percibimos el olor de la sangre. Estoy utilizando la primera persona de plural porque nosotros formamos parte activa de la historia... por lo menos todo lo activo que puede comportarse un espectador.
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Civil War es una experiencia completamente inmersiva donde vas a sentir tanto los disparos y las bombas que seguramente hagas el amago de agacharte o quitarte el polvo de la cabeza después de una explosión más de una vez. Una sensación que se hace completamente desoladora cada vez que vemos la cara perpetua de sufriente de Dunst, el crecimiento/perversión de la (supuestamente) inocente Cailee Spaeny (Priscilla), o ante la aparición de nuestro querido Jesse Plemons (Kinds of Kindness), que protagoniza una de las escenas más terroríficas de lo que llevamos de año.
David Lastra (Cultura Fnac)
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