Por Antonio Luqueel 15/11/2022
192
Desconcierto, desorientación, pereza... los primeros pasos para retomar el disco no son fáciles, hasta que se produce "la magia". Antonio Luque (Sr. Chinarro) va dejando caer en su blog los guijarros de la historia de grabación de su último álbum.
Fue un poco desconcertante ir por el Raval con una guitarra y el Google Maps buscando un local de ensayo y no un local o un bar en el que cantar con público. Había pasado antes por esas calles, incluso con la misma guitarra, o con otra, yendo o volviendo de un concierto, y sin guitarra, por pasear. Esta vez estaba un poco desubicado. No era el nerviosismo que precede a los conciertos lo que me descuadraba aquella tarde noche de diciembre. O sí, pero estos nervios eran distintos: me la estaba jugando. Quería grabar de una vez esas canciones y pasar página, y por Whatsapp tampoco habíamos comentado demasiado sobre mis maquetas. Me daba una pereza horrible tener que explicar de nuevo ritmos, líneas de bajo, mis arreglos de guitarra, los teclados que había esbozado en casa con el Garage band hacía ya meses.
El local de ensayo lo regenta Xavi, el baterista, como es habitual, porque los bateristas necesitan más que nadie un local de ensayo; no se puede ensayar en un piso salvo que quieras vengarte del vecino y su pasión por ver a todo volumen los espantosos programas del prime time de la tele, que en España es de 11 a 2 de la mañana, y olé. Que duerman otros.
Me coloqué al fondo del local porque allí estaba el amplificador de guitarra que Xavi me prestaba, un ampli de transistores que, por no ser de válvulas y de un modelo no usado por ningún famoso, pude encontrar barato en Wallapop al poco tiempo para recomendárselo a una amiga que andaba buscando uno. De buena gana lo habría comprado yo, porque suena muy bien. En ensayos posteriores ya me llevé uno de los míos. Xavi está en los tambores en mitad del local y Miquel y Dani al otro lado, más cerca de la salida. Todo el mundo enchufado y afinado, pero, ¿por dónde empezar? ¿Cómo levantar de nuevo un castillo que se me había caído lentamente, durante casi todo aquel año, a 1000 Km de allí?
Miquel preguntó si tenía que hacer los bajos de la maqueta o podía hacer otros, así, sin rodeos. No recuerdo cómo respondí exactamente, pero se entendió que me parecía bien todo lo que fuera mejorar lo que yo traía. Enseguida fue haciendo indicaciones a Xavi y en un rato estaban los bajos y las baterías de 6 canciones, mientras que Dani ya había encontrado muchos de los arreglos de guitarra que luego haría en el disco. Cuando acabó el ensayo nos hicimos la foto que está en el Instagram, en la que se pueden apreciar las caras de alegría, porque esto es una suerte que no se da siempre, ni mucho menos. Con otras personas, ni en un año, ya digo. No es solo cuestión de magia, que también -una magia que tiene que venir sembrada en los bocetos-; es cosa de estar acostumbrado a hacer este trabajo, de profesionalidad. Viví algo parecido cuando Jordi Gil en 2005 propuso a Javi Vega y Pablo Cabra, era una sensación perdida que hubiese creído irrepetible. ¿Te puede tocar la lotería dos veces si no eres Carlos Fabra?
La profesionalidad es tanta que, no sé si en aquel mismo primer ensayo o en alguno de los siguientes, Xavi ofreció cerveza que tenía en una nevera, pero no bebió, y tampoco bebió Miquel: nos dejaron a Dani, que es aún más sureño que yo -canario-, y a mí, el andaluz, con las latas, y los otros dos mano sobre mano deseando volver al trabajo para dejarlo listo. Cuántas diferencias hacen los kilómetros. Luego nos extrañamos de que pase lo que pasa. Pero dejemos la política y volvamos a la música.
Ninguno de los cuatro en el nuevo grupo regenta un estudio de grabación: una situación prácticamente nueva en el siglo XXI para Chinarro, de modo que éramos por fin del todo libres de elegir dónde grabar, dónde levantar el castillo a lo grande. Demasiado pronto para retomar mi viejo sueño de grabar en el extranjero, a pesar de contar quizá aún con el apoyo del sello para esa aventura, y un poco cansado de las canciones después del año infructuoso en Málaga, pregunto a Xavi y Miquel, porque sé que graban muchos discos juntos -esto fue clave-, por un estudio bueno, bonito y barato. Y cercano, ya vendrán las excursiones si tienen que venir. Enseguida salió el nombre de La Masía Studios, o La Masía Music Lab, como se llama ahora que han cambiado la mesa y la ubicación del control de sonido. La masía es del siglo XVI, si no recuerdo mal, y es, como su propio nombre de masía indica, una casa enorme, donde una pareja joven y talentosa, Josep Vilagut y Georgina Wolkovitz, han montado su estudio, que sigue en crecimiento. Ambos son muy buenos músicos y desde el principio fueron como dos miembros más de la banda, porque no íbamos a hacer distinciones con tan poco tiempo de antiguedad de los demás en la plantilla.
No hace falta que diga que nunca he practicado salto de esquí, pero no creo que la impresión del saltarín sea muy distinta a la que tiene el músico cuando empieza a grabar: por muy claro que tengas el asunto un mal aterrizaje siempre parece una posibilidad, y hay un misterio en las grabaciones parecido al de las psicofonías: el número de variables es tan grande que sobrevolar sin alas una montaña nevada sería poco más atrevido que darse una vuelta de noche por el Raval en comparación con afrontar los riesgos de levantar un castillo sonoro una y otra vez por primera vez (no sé si me seguís, pero me explicaré).
El próximo 9 de febrero tocamos los cuatro en Girona, sala Yeah, y el 10 de febrero en la sala Wolf. Allí nos vemos si queréis y os explico mejor el último párrafo.
Entradas en este link:
https://www.srchinarro.com/conciertos/
Continuará.