• Tiendas Fnac
Blog

Tocar en un grupo es una mierda, ahora os contaré por qué

Pol Rodellar
Por Pol Rodellar
El 24/07/2025
761
Tocar en un grupo es una mierda, ahora os contaré por qué

Desde fuera parece una vida emocionante y envidiable; desde dentro es la gruta más oscura y pestilente que un humano pueda nunca llegar a habitar

 

Tengo una mala noticia y una mala noticia. La mala noticia es que parece que actualmente todo dios tenga o quiera tener un grupo de música, incluso esa gente que NUNCA debería hacer un grupo de música porque ya hay demasiadas bandas como Coldplay o Arde Bogotá. La otra mala noticia es que tocar en una banda es, sinceramente, la peor decisión que podáis llegar a tomar.

 

Una cierta tendencia 

 

Entonces, si tener un grupo es realmente una mierda, ¿por qué diablos todo el mundo quiere formar uno? Muy probablemente toda esta alegría que hace que tanta gente quiera reunirse y tocar instrumentos y hacer canciones y publicarlas en plataformas de mierda y subirse a una furgoneta y salir a tocar en sitios con poca gente sea debido a que, en los últimos años, han ido proliferando ciertas “historias de éxito” que han ofuscado totalmente la auténtica realidad del “mundo rock” y, de rebote, el criterio y razonamiento de las personas. Me refiero a cosas como que bandas “indie” que antes tocaban en salas pequeñas y medianas estén ahora llenando estadios; a fenómenos musicales desconocidos que de repente se viralizan en redes y medios; a proyectos pequeños que, a saber por qué, empiezan a acaparar el interés de ciertas majors discográficas; a sellos independientes populares que parece que conviertan en oro todo lo que tocan; a bandas anunciando sold outs como modus operandi y a grupos de guitarras apareciendo en la tele en prime time. Todas ellas historias de éxito maravillosas —sin duda, con un enorme trabajo a sus espaldas— pero que, no hay que olvidarlo, son exactamente esto: historias de éxito, es decir, excepciones, anomalías y ejemplos imposibles. (Porque si no, todo el mundo estaría tocando en el Movistar Arena y apareciendo en La Revuelta).


"¡Cuántas menos decepciones y horrores habrían acompañado el devenir del ser humano en este planeta si en vez de tomar como ejemplo aquello exitoso, espectacular y suntuoso nos hubiéramos centrado en lo humilde, lo sensato y lo sencillo!"

 

Con este panorama de triunfos no es de extrañar que la gente quiera emprender su proyecto y terminar calzando un éxito de tallaje similar, pero como es estadísticamente imposible que esto suceda, mi trabajo aquí y ahora consiste en intentar desanimaros y que no tengáis ganas de formar un grupo de música, más que nada para evitar que cualquier pequeño y justificable fracaso que os pueda acontecer se torne en una mastodóntica tragedia emocional capaz de aplastar las mentes más fuertes.

 

Si todos esos grupos triunfan, ¿por qué no yo?

 

Bien, esta es la primera lección que tendréis que aprender: jamás vais a vivir del grupo. Relegad eternamente al cajón de los hobbies la actividad de tocar en una banda. Cierto, hay gente que vive de su grupo —aunque como veréis ahora será más bien un “malvivir del grupo”—, pero los que logran hacerlo es únicamente por una cuestión de SUERTE. El esfuerzo, la maestría musical y la capacidad de orfebrería pop pueden ser indispensables, pero si no tenéis suerte —algo totalmente incontrolable— no llegaréis a nada. Justamente por eso siempre será mejor que no os juguéis la vida a la tómbola del rock y que os busquéis un curro en el que no tengáis que ver a vuestros compañeros de grupo mear en una botella dentro de una furgoneta a 140 km/h camino a Logroño.


Porque la verdad es que hay que acercarse a esto de tocar instrumentos desde la pasión y el entusiasmo, no desde una hoja de Excel en la que habéis planificado el recorrido de la banda de los próximos 24 meses, incluyendo interacciones en Twitter, publicaciones de Stories cada 12 horas y colaboraciones con medios amateurs. Maldita sea, no os profesionalicéis nunca, no penséis desde una perspectiva empresarial, eso matará al grupo. Porque un grupo no es un plan de negocio, un grupo se empieza por necesidad, por amor, por una pulsión incomprensible de imitación y fanatismo hacia sonidos, escenas o bandas que de repente han logrado captar toda vuestra atención y controlar todo vuestro mundo y hacer que os paséis horas y horas leyendo fanzines, blogs y rastreando en Discogs todos y cada uno de los discos y proyectos que tengan algo que ver con ese sonido, esa escena o esa banda. Es una fascinación casi infantil, un arrebato de sumisión pura hacia una experiencia estética indomable, una puerta que se entreabre y os muestra un nuevo mundo fascinante y, por supuesto, mucho mejor que el vuestro. Esta debería ser vuestra primera decepción, vosotros, viles, que solo queríais hacer un grupo por triunfar. Un proyecto solamente funcionará y durará si se genera desde la pasión, y “funcionar” y “durar” son dos conceptos básicos para que algún día, por un golpe de suerte, las cosas os puedan llegar a ir bien.

 

concierto-banda-mujeres

 

 

Un grupo, un horror 

 

Para que no os desaniméis en vuestro desánimo de hacer una banda, solo os diré que la peor de las vidas es la del humano que toca en un grupo al que las cosas le van medianamente bien. Tocar en un grupo supone todos los sacrificios posibles. Vuestra carrera profesional —dedicaros a eso por lo que habéis estudiado— la tendréis que mandar a la mierda porque necesitaréis un curro lo suficientemente flexible como para poder ausentaros de forma totalmente imprevisible e inmediata cualquier día de la semana. Si un tipo quiere que toquéis un jueves por la noche en su bar en Pontevedra, esto supondrá que tendréis que ausentaros del trabajo a partir del miércoles por la tarde, pues Pontevedra está a 12 horas de donde vivís y estaréis obligados a salir un día antes. ¿Los viernes? Los viernes laborables no existirán porque normalmente estaréis de camino a unas pruebas de sonido excesivamente tempraneras. Los días que rodean los fines de semana —ese espacio de tiempo en el que normalmente tocaréis— se verán afectados por las logísticas del grupo y escasamente serán aprovechables para trabajar. Los domingos, ya deprimentes de por sí, lo serán aún más porque los pasaréis metidos en una furgoneta durante horas, comiendo snacks variopintos e insalubres con resaca, sabiendo que cuando lleguéis a vuestra ciudad tendréis que descargar todo el material y luego intentar dormir para que vuestro cerebro no esté tan frito como ahora cuando os levantéis a las siete de la mañana para ir a currar. Y la verdad, ¿quién quiere contratar a alguien que esté operativo tres o cuatro días a la semana? Probablemente solo criminales y el CEO de Glovo, que bueno, vienen a ser lo mismo.


Luego también tendréis que decirle adiós a una pareja estable y a todas vuestras amistades. Estas relaciones que habéis estado cuidando durante tanto tiempo irán desintegrándose lentamente, semana a semana, ausencia tras ausencia; porque cada fin de semana tendréis que abandonarlas. Esto hará que los lazos de compañerismo y amistad entre vuestros camaradas y conocidos incrementen y se conforme un nuevo grupo de amigos del que no formaréis parte. Ya no estaréis en sus vidas, ya no formaréis parte de sus futuros recuerdos. En cuanto a la pareja, al principio bendecirá estos momentos de tranquilidad y de “espacio personal”, pero a la que lleve seis fines de semana seguidos sin vosotros finalmente descubrirá que es mucho mejor follar con alguien que esté presente que con alguien que no esté presente. Por otra parte, vosotros, os quedaréis completamente solos. Sí, conoceréis a mucha gente de otros grupos y promotores y algún habitual entre el público, pero serán amistades fugaces sin un valor real, gente a la que no llamaríais un miércoles por la tarde para tomar algo y explicarle que la parienta está preñada y que justo queríais dejarlo y ahora qué coño. Vuestra experiencia en esta vida se limitará a ser compartida con esos otros tres palurdos con los que tenéis el grupo: las únicas personas que asistirán a vuestro funeral si es que lográis no romper la banda por una discusión por el dinero, cosa altamente improbable.

 

"Tener un grupo que va de gira significa tirar horas y horas de vida a la basura"

 


Si como la mayoría de humanos de este planeta no podéis soportar los momentos de espera y perder el tiempo en general porque vuestra experiencia en la tierra se limita a todo lo que existe desde vuestra epidermis hasta vuestras entrañas y no sabéis qué coño es la empatía, entonces no forméis una banda. Tocar en un grupo supone esperar. Esperar a que llegue el guitarra al local de ensayo. Esperar a que salgan ideas buenas para temas. Esperar ocho horas en la furgoneta en un viaje hacia Badajoz. Esperar a que llegue el tipo ese que tiene que abriros la sala para hacer las pruebas de sonido. Esperar a que el batería y el bajista terminen de probar sonido para que podáis empezar vosotros. Esperar a que llegue la hora del concierto. Esperar a que la gente compre algo de merch y no perdáis dinero y tengáis que comer arroz con sal el resto del mes. Esperar a cobrar el concierto. Esperar a esperar a cobrar el concierto. Esperar a esperar a esperar a cobrar el concierto. Tener un grupo que va de gira significa tirar horas y horas de vida a la basura. Horas que no podréis dedicar a otras aficiones, ahora solamente podréis hacer esto, o sea, nada. Si no valoráis poquísimo vuestro tiempo, por favor, no os aventuréis a tocar en una banda.


Después de esperar, lo que más vais a hacer será cargar mierdas. Cargar instrumentos, amplificadores, pantallas y una ingente cantidad de objetos que han sido fabricados especialmente para ser imposibles de agarrar con manos humanas. Con 25 años puede incluso ser divertido “hacerlo todo entre nosotros” pero si pretendéis vivir de ello, hacerlo con 40 tacos significará que el grupo ha ido tan mal que no os podéis ni permitir pagar a un roadie para que os ayude con esto. Cada vez que estéis cargando, no estaréis levantando un amplificador, estaréis intentando alzar la pesada realidad de que con media vida vivida no habréis logrado que os paguen por tocar ni para poder pillaros cada uno 80 gramos de jamón ibérico envasado de El Club del Gourmet de El Corte Inglés.


Pese a todos estos horrores, tendréis que aguantar y ser simpáticos y hacer como que todo va bien. En las redes todo serán éxitos y diversión y cada vez que hagáis una foto intentando que una sala con 20 personas parezca una sala petada de gente se morirá algo dentro de vosotros.


Y no solo tendréis que fingir estar bien digitalmente, también tendréis que ser siempre muy simpático con los anfitriones de cada ciudad a la que vayáis a tocar, esas personas que montan vuestro concierto y que quieren enseñaros su hogar y los platos tradicionales de la zona. Si, aunque solo sea por una vez, falláis y renegáis de la ruta cultural y gastronómica que os ofrecen, empezará a correr la voz entre promotores de que sois unos desagradecidos y que os lo tenéis muy creído. Muy importante, tendréis que memorizar todas las putas marcas de cerveza local de cada provincia a las que vayáis a tocar, un fallo en esto podrá desencadenar una ola de reproches y odio tan desmesurada como incomprensible. Mahou, Cruzcampo, Alhambra, Estrella Galicia, Ambar, San Miguel, Estrella Damm, Estrella Levante, Victoria, Rosa Blanca, Estrella del Sur, Amstel, Turia, El Alcázar, La Salve. El orgullo de lo local es una fuerza superior a la de la gravedad, proceded con cuidado.


Asumid que a veces tocaréis en salas brutales o en escenarios enormes en festivales muy reconocidos y otras veces os tocarán bares pequeños o fiestas de pueblo en las que tendréis que darlo todo ante 20 personas y 3 perros. La vida de la carretera es una constante dualidad entre la humildad y la soberbia y el cerebro humano no siempre estará preparado para sobreponerse a estos altibajos.

 

tour-banda-mujeres-furgoneta

 

El problema del cagar

 

Hablando de humildad, a nivel fisiológico tendréis que acostumbraros a utilizar baños poco agraciados, tanto de gasolineras como de salas de conciertos. Si sois de esos que solo podéis cagar en casa o en hoteles decentes, ya podéis ir llevando la guitarra al Cash Converters. El rock significa olvidarse de vuestro retrete, vais a cagar más fuera de casa que en casa, aunque bueno, teniendo en cuenta la mierda de baño que tenéis en ese zulo al que llamáis “hogar” por el que pagáis más de lo que generáis, tampoco está tan mal. Eso sí, al menos no tendréis que pagar nunca más por papel higiénico: realmente lo único bueno del rock es que podréis pillar rollos de papel de las salas de conciertos y hostales en los que os hospedéis. A la par, tendréis el enorme honor y privilegio de poder probar una ingente cantidad de papel higiénico variadísima, así que la cruzada que todo humano debe luchar para encontrar el papel ideal será un poco menos ardua si tocáis en una banda.


Dejando de lado la carretera, un grupo no solo consiste en hacer temas y publicar un disco cada dos o tres años. Cuando el álbum ya esté terminado tendréis que empezar a pensar en el diseño, en las portadas de los singles digitales y en los videoclips y cuando esto también ya esté hecho de repente tendréis que pensar en los putos visualizers para YouTube y los canvas de Spotify y luego pensar ideas para la preventa del disco y luego tener más ideas para hacer una presentación de disco original y, en ese momento, lo único que no tendréis (por culpa de tanta carretera y cerveza local) serán, precisamente, eso: ideas. Antes había gente en los sellos que pensaba todo esto por las bandas, pero ahora que la gente ha decidido dejar de comprar discos y darle dinero al tipo ese calvo de los streamings que invierte en la industria de armamento, pues todas estas mierdas las tienen que pensar los grupos, es decir, gente que lo único que se les da bien es encerrarse en una habitación y copiar canciones de otra gente.

 

La posibilidad eterna de ser unos malditos peseteros

 


Y por si todo esto fuera poca encima tendréis que lidiar con dilemas morales que pondrán a prueba la integridad ética de la banda. Movidas como lo de los festivales participados por fondos de inversión que a la par invierten en proyectos inmorales o tocar en eventos de marcas de dudosa integridad o plantearos si hacer como otras bandas y dejar Spotify porque maltrata a los artistas pagándoles una mierda y favorece las listas con canciones sin copyright hechas por productoras externas vendidas en pack a la plataforma. Tendréis que pensar durante horas esa publicación en Instagram en la que justificáis que tocáis en ese festival porque “sois una empresa y tenéis trabajadores a los que pagar” o que necesitáis Spotify porque “tristemente” los promotores se fijan en esos números y porque ya no son los noventa y la peña no compra discos y ahora TODO EL MUNDO solo escucha música en esta plataforma de mierda. Hagáis lo que hagáis, siempre se os podrá señalar como unos malditos peseteros, pese a estar malviviendo y haber destrozado vuestra música por esto de salir a tocar fuera.


Porque cuando todo esto termine, cuando a la gente que le gustaba vuestro grupo ya no le guste o ya no quiera ir a vuestros  conciertos, ¿qué?, ¿tenéis algún plan B? ¿Qué vais a hacer ahora con 45 años? ¿Otro grupo?


Pero extrañamente, pese a todo esto, la gente sigue haciendo grupos, inexplicablemente cada día aparece una banda nueva. Gente de todas las edades se reúne y hace música con la idea de poder presentarla a otra gente. No lo sé, pero puede que esta sea la única forma que algunos tenemos de no pegarnos un tiro en la cara en este mundo violento y extraño.

Tu valoración : Je détesteJe n'aime pasCa vaJ'aimeJ'adore
3 producto(s)s
Siento Muerte - CD
Siento Muerte - CD - Disco Mujeres Mujeres (Disco)
BONO CULTURAL
6,99 €
Trance Continuo - Vinilo
Trance Continuo - Vinilo - Disco Mujeres (Disco)
BONO CULTURAL
14,99 €