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Balas perdidas: Una de gánsteres

Culturafnac
Por Culturafnac
El 14/03/2017
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Balas perdidas: Una de gánsteres

 

La nostalgia de un amor perdido y una buena ensalada de plomo en el primer cómic basado en un guión del mítico director de cine Walter Hill

 

balas perdidas

 

El cómic parece que puede ser ese reducto benévolo de las grandes ideas que, por unos motivos o por otros, no llegan a buen puerto en sus intenciones cinematográficas y que ven en las viñetas una segunda oportunidad para su expansión al gran público. Posiblemente, después del cine, el noveno arte sea el medio expresivo más adecuado para unir narrativa literaria y visual, incuestionable por sus innegables características como medio y virtudes propias, y por lo buenos resultados cosechados por ejemplos como 'La Fuente' (que Darren Aronofsky adaptó al cómic junto a Kent Williams cuando fracasó en su primera intentona cinematográfica con Brad Pitt y Cate Blanchett, aunque más tarde lo logró finalmente con 'La Fuente de la vida') o 'Cuento de Arena' (de Jerry Juhl y Ramón Pérez), que adaptó un guión del padre de los Muppets, Jim Henson, que vivió el sueño de los justos en un cajón hasta que su hija lo rescató. En este caso, se trata de un guión del bueno de Walter Hill, director y guionista de cine de títulos como 'The Warriors', 'La Huída', 'Forajidos de leyenda' o 'Límite: 48 horas', y uno de los padres del moderno cine de Hollywood, de la generación que revolvió el cine en los setenta junto a Scorsese, Spielberg, Coppola o Brian De Palma.
Fue durante la promoción de 'Una bala en la cabeza' (su penúltima película) cuando conoció a Matz, guionista de cómic francés, y le expresó su deseo de trabajar juntos, pidiéndole alguna historia que pudiera adaptar. Como buen amante del cómic desde su juventud, Hill valoró el ofrecimiento y pensó en un guión que llevaba treinta años dándole vueltas sin llegar a dar con el tono que realmente quería. Visto lo visto, la intervención de Matz, y del dibujante Jef fue el pistoletazo que necesitaba la historia.


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'Balas perdidas' es una historia de gánsteres de las de antes, con gusto a clásico pero con ese toque crudo e ultra-violento del director de 'El último hombre'. Un importante capo de la mafia de Chicago saca de la cárcel a Roy Nash en la década de los años treinta, en plena Ley Seca, con la condición de encargarse de dar caza a tres matones que le robaron una importante suma de dinero y asesinaron a uno de sus hombres. Para terminar de convencerlo, el capo usará como cebo a Lena, una antigua novia de Roy a la que este quiere reconquistar, con lo que accederá a llevar a cabo el trabajo. Para ello se adentrará en los bajos fondos de Los Ángeles y revolverá muchas aguas turbias que implican a la mafia local, policías corruptos e incluso a sus propios jefes. Roy hará lo que sea por recuperar a Lena... O hacerse con todo el botín.
Es innegable el aroma cinematográfico de la adaptación de Matz, con un prólogo que es toda una declaración de intenciones y donde ya enfocamos el tono crepuscular y violento que tendrá la historia, con un ritmo directo que no tiene miedo en pararse en los silencios perdonavidas propios de los tipos duros de este tipo de historias de venganzas y lealtades. Las ensaladas de plomo y las femmes fatales también son ingredientes imprescindibles en esta historia de perdedores que quieren dejar una última huella antes de abandonar la función, si puede ser cuanto más sangrienta mejor. Porque la violencia es un recurso imprescindible en 'Balas perdidas'; no una violencia gratuita y explícita mostrada para impactar con la misma velocidad con que se olvida, sino esa violencia enérgica, seca y sucia que podemos ver en las películas de Walter Hill. La que utiliza un protagonista al que no le gusta que jueguen con él ni le utilicen, aunque aparentemente deje que lo hagan, y que ha sido su modo de vida desde que sus manos aún pequeñas empuñaron un arma por primera vez.

 

balas perdidas

 

Los lápices de Jef ayudan poderosamente a esa asimilación con el celuloide, no porque adopte un formato más típico de pantalla sino por jugar con la composición buscando una sensación de ritmo visual más directo, con enfoques propios de una cámara y énfasis en las miradas, matadoras la mayor parte del tiempo, de los personajes. Incluso jugando a una experiencia de casting, es imposible no identificar al protagonista Roy Nash con un joven Alain Delon, actor francés que precisamente se vistió de gánster en varias películas del polar (como Borsalino), que es como se conoce al género noir desde la perspectiva del país de más allá de los Pirineos.
El tomo se cierra con una entrevista a Walter Hill donde explica el periplo de su historia hasta que saltó a las viñetas, y como ha vivido esta su primera experiencia con las viñetas. Y visto lo leído, esperamos que no sea la última.

 

Texto: David Romera (Fnac.es)

 

Etiquetas: comic novela gráfica
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