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Por Cultura Fnacel 17/03/2025
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Hay una risa cómica. Esa la tenemos controlada. La risa que nos sale cuando nos cuentan un chiste, a priori, es una risa cómica. La risa culpable cuando alguien se cae en la calle, esa es una risa cómica. La risa que te da alguien con un rostro diferente, a tu juicio divertido, es una risa cómica. ¿O no? ¿O sí, pero no solo?
Deshacer el ridículo es el ensayo perfecto para todos aquellos que quieren entender su risa. Si bien nada nos parece más aparentemente natural en el ser humano que la risa, nada nos perturba tanto por su extrañeza como la carcajada. Julián Génisson, cineasta y autor del increíble libro de relatos Cerebroleso, se propone en este libro de la editorial La Caja Books desenmascarar el reír. ¿Por qué me río? ¿Puedo dejar de hacerlo? ¿Cuando me río de un chiste me río del chiste o de la gente que se ríe del chiste? ¿Acaso queda algo de lo que reírse? ¿Es toda risa contagiosa? ¿Es toda risa contagiada? ¿Los animales se ríen? Muchas preguntas intensas para hablar de risas, ¿no?
A través de un ensayo profundo, denso en conceptos pero liviano en las explicaciones y realmente fácil de seguir (eso sí, pilla lápiz que te va a tocar subrayar cosas), Génisson retoma el trabajo filosófico previo sobre la risa de autores de todas las épocas, desde Aristóteles hasta Bergson. Quizá de Bergson es de donde más parte Deshacer el ridículo, primero siéndole deudor de un primer marco teórico, después para desmarcarse de sus argumentos para construir uno propio, interesante a más no poder y que remueve los cimientos de la comedia: ¿nos reímos de las cosas porque son graciosas o las hacemos graciosas al reírnos?
Esta pregunta, que vehicula todo el libro, es sin duda el chasquido de dedos mágico del ensayo. Desde esta pregunta Julián Génisson nos adentra en un universo deslumbrante y divertido a la vez. En los diversos capítulos iremos conociendo que no toda risa es cómica, que hay risas ansiosas, risas desesperadas, risas forzadas (malditas cosquillas). ¿Podemos acaso reírnos de cualquier cosa? ¿Es la risa solamente una descarga de sentimientos que nos desbordan? ¿Cuánto de señalar al diferente hay en reír? Estas, y decenas de preguntas más, se nos van proponiendo a lo largo de Deshacer el ridículo, y Génisson intenta ir desenmarañando respuestas, muchas veces con certeza, algunas otras aceptando con la gran naturalidad de los buenos ensayistas que cuando se habla de reír pocas respuestas en claro se sacan más allá de la necesidad de plantearnos las preguntas.
Así pues, en un ejercicio de desmontaje del reír, como si la idea fuera deshacer un puzle que lleva mucho tiempo hecho, el autor nos enfrenta a conceptos culturales como las risas enlatadas, como la risa del Joker (sí, el de Batman, pero el que interpreta Joaquin Phoenix) o la risa escatológica (chistes de pedos, ¡venid a mí!). Después, aunque el libro nunca se aleja demasiado de la idea de risa social, no nos queda otra que reconocer que la risa se construye con otros. "Desde el momento en que reímos solos, no estamos solos". Así pues, me resulta esclarecedor el último capítulo del libro, en el que nos enfrentamos a nuestra propia risa desde los parámetros de la vergüenza y el arrepentimiento, llegándonos a plantearnos incluso si, en sociedad, toda risa es forzada.
Para terminar esta reseña creo necesario mencionar un tema de actualidad que atraviesa todo el libro. Sí, ese tema no es otro que los límites del humor, o de qué nos reímos cuando nos reímos de un chiste racista, homófobo o capacitista, o si es que acaso podemos no reírnos de la risa que recae sobre la minoría, o si acaso podemos reírnos irónicamente, no del objeto del chiste, sino de lo ridículo que es hacer chistes machistas en el siglo XXI. Si bien pinceladas sobre esta cuestión se van dibujando a lo largo de todo Deshacer el ridículo, es en las últimas páginas del ensayo donde Julián Génisson nos llama a todos los rientes a "boicotear la risa".
De este modo, si tras lo expuesto en el libro consideramos que lo gracioso es construido, y una vez construido es fijado dentro del umbral de lo gracioso a través de millones de risas que lo perpetúan, está en nuestra mano darle la vuelta a la concepción de lo gracioso. Si es el riente el que construye qué se considera gracioso y qué no, las risas están de nuestro lado. Así, a modo de conclusión, lo que aprendemos en Deshacer el ridículo (y lo que deberían aprender muchos cómicos y cómicas, para quienes debería ser ensayo de casi obligada lectura), un libro sobre la risa con pocos chistes pero mucha lucidez, es que si bien se nos da genial hacer el ridículo, hay que saberse con el poder de deshacerlo.
Alberto Sepúlveda (Cultura Fnac)
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