• Tienda
  • Cultura Fnac
Recomendaciones | Tecnología

Para melómanos

Culturafnac
Por Culturafnac
El 26/10/2016
3202
Para melómanos

 

Al igual que existen resoluciones de alta definición en vídeo, a las que todos estamos habituados, existen en el mundo del audio codificaciones que mejoran notablemente la calidad de reproducción de la música. ¿Quieres saber cuáles son?

 

Formatos de música

 

Desde que llegó Napster a revolucionar el mundo del audio digital, éste se ha visto conquistado por el MP3 como el formato más conocido, pero actualmente, tanto los servicios de Audio Bajo Demanda como los soportes electrónicos de reproducción de sonido han adaptado nuevos soportes que ofrecen más calidad. Todos se pueden englobar dentro de lo que se denomina Audio HiRes o Sonido en Alta Definición.


Para entender esto sin complicarnos demasiado partamos del Audio CD como el soporte de música más extendido actualmente. Todos los álbumes se editan en este formato físico y prácticamente todas las microcadenas o equipos de Alta Fidelidad cuentan con algún lector de discos compactos. En estos la información de sonido se digitaliza. Básicamente se comprime mediante un sistema que toma 44100 muestras del audio original, y lo codifica en formato PCM y en 16 bits. Digamos que de esta manera se asegura un sistema de reproducción sin desgaste y lo más fiel posible al original. Si un Cd de Audio ocupa unos 800 megabytes en el mejor de los casos, deducimos que una canción rondaría los 60 megabytes aproximadamente. Esto, en los tiempos en los que nace Napster y con conexiones lentísimas a través de módems, suponía que era imposible compartir archivos de audio con esa calidad.


Se populariza entonces el MP3 o Mpeg Joint Layer III, que reduce el peso de una canción de esos 60 megabytes hipotéticos a uno o dos megas en el mejor de los casos. ¿Cómo lo hace? Pues reduciendo las  muestras de audio de un CD Audio (que de por sí ya ha muestreado la señal original) reduciendo así la calidad. En aquella época el estándar de un MP3 de audio codificaba la música con un bitrate de 128 Kilobytes por segundo, mientras que un Audio CD lo hace a 1411 kbps. La diferencia es obvia.


Pero poco a poco las conexiones de internet van mejorando, las capacidades y los procesadores de los ordenadores también, hasta llegar al momento actual. Resurge el vinilo, el casete y el placer por el audio analógico, con mayor o menor acierto, buscando aquello que el MP3 no fue capaz de ofrecer en sus inicios y que le otorgó la fama de sonido mediocre.


Para paliar el descrédito del audio digital nacen los formatos lossless, conocidos como “sin pérdida”. Estos archivos digitales se caracterizan por muestrear la señal de audio sin comprimir en algunos casos, como el Windows Audio Media (WAV) o el AIFF, creado por Apple. En ambos casos el tamaño de los archivos sigue siendo excesivo para almacenar o transferir música por streaming, por lo que se usan poco a pesar de su calidad.


Los más conocidos hoy día son los formatos de compresión sin pérdidas, como FLAC, ALAC y APE. Aunque pueda parecer imposible, existen algoritmos de codificación en los que se respeta la fidelidad de la señal original a pesar de haber comprimido el audio. De entre ellos el más popular es FLAC, que al ser gratuito y libre, permite ser usado en cualquier reproductor compatible sin pagar por ello. Los archivos FLAC mantienen una calidad de sonido similar a los WAV o AIFF, y con un espacio mucho más reducido, convirtiéndose así en el archivo de audio digital más usado hoy en día para aquellos melómanos que quieren respetar la calidad de sus grabaciones originales sin ocupar memorias astronómicas.


¿Qué conclusión podemos obtener de esto? Si jerarquizamos la calidad de sonido podríamos decir que en el nivel más alto estaría el CD Audio (en otra ocasión hablaremos de la diferencia entre audio digital y analógico, para destronar muchos mitos clásicos), seguido de los formatos sin compresión (WAV, AIFF), los formatos con compresión sin pérdidas (FLAC, ALAC, APE) y los formatos con compresión con pérdidas (MP3, OGG VORBIS, WMA).


Spotify, por ejemplo, codifica sus archivos con el códec OGG VORBIS, con bitrates que oscilan entre los 96 y los 320 kbps (en este caso sólo para las cuentas Premium), mientras que otras plataformas como Tidal pueden llegar a reproducir en FLAC, con un precio muy diferente y con el consiguiente consumo de ancho de banda.


La pregunta del millón sería: ¿y puedo apreciar la diferencia entre un MP3 a 320 Kbps y un archivo FLAC? Sí, pero siempre y cuando se cumplan una serie de condiciones: un oído educado, un estilo de música con una variedad elevada de frecuencias  (clásica, por ejemplo), una grabación de calidad con un rango dinámico alto, y una cadena de elementos reproductores de audio capaz de decodificar el sonido con la nitidez deseada. Si se cumplen estos factores, la diferencia puede ser notable. Si no es tu caso, pero al menos tienes conexión de banda ancha y espacio suficiente en tu disco duro, no lo dudes y apuesta por el FLAC. Así, al menos, sabrás que has escogido la opción perfecta entre calidad y espacio.


Texto: Rafael Lázaro (Fnac Sevilla)

Tu valoración : Je détesteJe n'aime pasCa vaJ'aimeJ'adore

Anónimo

El 06/12/2016

Totalmente de acuerdo. Lástima que en el mercado no haya muchos reproductores "flac".

Anónimo

El 31/10/2016

Es un buen resumen, habría quizá mucho que matizar y se podría ampliar la información pero, en definitiva, es un buen resumen. Eso sí, desde el máximo respeto al autor del artículo, pienso que el titular sería más adecuado renombrarlo a "Para audiófilos". A fin de cuentas, se habla preferencias en cuanto a la calidad de sonido, no del gusto o amor por la música. Un saludo.

Alex

El 31/10/2016

Buen artículo. Gracias.