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Por Cultura Fnacel 12/11/2025
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Hay un concepto central en la ciencia ficción de la segunda mitad del siglo XX y la del XXI. Este es el de La Zona. Un espacio alterado donde las leyes físicas y biológicas se distorsionan, en el que a menudo hay trampas mortales, pero también objetos dotados de extraños poderes. Fue acuñado por una novela rusa, pero no ha dejado de reinterpretarse una y otra vez desde entonces.
En primer lugar, tenemos una novela llamada Pícnic extraterrestre publicada en lo que entonces era la URSS a principios de los años setenta del siglo XX. Los autores eran los hermanos Strugatski, dos autores especializados en ciencia ficción que adquirieron con sus obras una fama que desbordó los límites del antiguo bloque soviético.
Arkady (1925-1991) y Boris (1933-2012) Strugatsky trabajaron juntos a lo largo de toda su carrera. Esto es un caso bastante excepcional en la historia de la literatura, donde no son habituales las obras colaborativas de calidad y, muchos menos, realizadas por miembros de la misma familia. Ambos eran lectores voraces y, al parecer, después de “jugar” en su juventud a idear historias entre ambos, decidieron intentar escribirlas debido a una apuesta. Esto no implicaba que sus personalidades e intereses literarios fueran idénticos o que tuvieran las mismas influencias.
Por ejemplo, Arkady era un comunista convencido, mientras que Boris tenía una visión mucho más escéptica hacia el sistema político de su país. Arkady era un devoto de los clásicos rusos como Tolstoi y Gogol; y Boris, que tenía facilidad para los idiomas y trabajó durante algunos años como traductor de inglés y japonés, sentía una gran admiración por autores como Hemingway, Ray Bradbury o Ryūnosuke Akutagawa. Su obra más famosa fue Pícnic extraterrestre, pero también son los autores de otros libros notables como Qué difícil es ser un dios o El lunes empieza el sábado.
En Pícnic extraterrestre nos relatan las andanzas de Redrick Schulhart, un buscavidas que trabaja en las inmediaciones de La Zona, una región vedada sujeta a investigaciones científicas. Schulhart se dedica a sacar de contrabando los extraños objetos que la pueblan, para luego venderlos en el mercado negro. ¿Y qué es lo que ha convertido en tan especial La Zona? Directamente, una visita de viajeros de otro planeta que permanecieron allí algún tiempo y, luego se marcharon. Los visitantes ignoraron a los seres humanos de las inmediaciones, como los seres humanos ignoran a los insectos y a otras muestras insignificantes de fauna local, mientras hacen un pícnic campestre. Sin embargo, como unos excursionistas descuidados, dejaron tras ellos algunos residuos que, desde su perspectiva, probablemente no eran más que basura carente de valor y que, sin embargo, para la humanidad resultan incomprensibles y maravillosos. Pero La Zona también cobija toda clase de fenómenos y anomalías letales, así que el oficio de Schulhart implica riesgos y una tensión constante.
En ese sentido, La Zona de los Strugatski es el equivalente al planeta-dios Solaris ideado por otro genial autor de ciencia ficción del este de Europa, Stanislaw Lem. Tanto La Zona como Solaris son espacio donde el ser humano descubre el límite de su conocimiento. Si nos encontramos con vida o artefactos extraterrestres, es probable que nos resulte tan indescifrable como cualquier muestra de nuestra civilización a una hormiga. Redrick acaba teniendo un motivo personal para aventurarse en un lugar tan peligroso. Su hija tiene una rara enfermedad degenerativa y, según dicen, en el corazón de La Zona hay una especie de esfera dorada que concede deseos. En el caso de que seas capaz de llegar hasta ella, quizás pueda solicitarle que la cure.
El relato de los Strugatski atrajo la atención de otro creador ruso, el cineasta Andrei Tarkovski, que unos años atrás había conseguido un enorme éxito precisamente con una adaptación de Solaris de Stanislaw Lem. Tarkovski tomó la premisa, la existencia de La Zona, protegida por férreas medidas de seguridad en la que ocurrió algún tipo de hecho inexplicable, pero cambió todo lo demás. El protagonista es un guía, el Stalker del título, que se adentra en esa región prohibida en compañía de dos personajes de los que nunca sabremos sus nombres, sólo sus profesiones –un escritor y un científico-, sorteando grandes peligros en busca de una extraña habitación situada en el centro de La Zona que en teoría concede cualquier deseo. El resultado, Stalker (1979), es una película densa, lenta, más lírica que narrativa y, ante todo, una auténtica obra de arte que cuenta, además, con uno de los mejores finales de la historia del cine. Para Tarkovski, La Zona es un lugar en el que el ser humano acude para encontrarse con el misterio de su propia naturaleza.
Mucho, mucho tiempo después, un autor de ciencia ficción norteamericano, Jeff Vanderneer reinventaría La Zona en su trilogía Southern Reach –formada por Aniquilación, Autoridad y Aceptación-, publicada en 2014 como el Área X, en la que de nuevo ha ocurrido “algo”, que no se desvela inicialmente, pero que está afectando a los edificios, la fauna y la flora. Hacia esa zona se han dirigido ya once expediciones, con unos resultados catastróficos: o bien no había supervivientes, o bien los que regresaban presentaban grandes lagunas de memoria, comportamientos extraños y morían de cáncer a los pocos meses. Finalmente, las autoridades optan por un enfoque distinto para la duodécima expedición: estará formada sólo por mujeres a las que -en obvio homenaje- no conocemos sus nombres, sólo sus profesiones: hay una psicóloga, una antropóloga, una topógrafa y una bióloga.
Vandermeer es un autor menos original que los Strugatski, y desde luego sin el toque de genio de Tarkovski, pero lo compensa con la brillante descripción del escenario -un lugar aislado, boscoso, plagado de enigmas- y su habilidad para crear situaciones llenas de tensión y paranoia. La Zona de Vandemeer es un lugar terrible y alucinógeno, pero, al mismo tiempo, donde se oculta un secreto que cambiará para siempre el destino de la humanidad.
Aniquilación sería llevada a las pantallas por el director y guionista británico Alex Garland en 2017, en una de las películas de ciencia ficción más poderosas visualmente e inteligentes de lo que llevamos de siglo. Pero este concepto tan poderoso creado por los hermanos Strugatski no ha dejado de expandirse en otros medios, como es perceptible es la isla de la celebérrima serie Lost o en videojuegos como la saga S.T.A.L.K.E.R o el reciente Atomfall. No cabe duda de que hallaremos muchas más encarnaciones de La Zona en el futuro.
José Martínez (Cultura Fnac)
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