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Por Cultura Fnacel 15/06/2017
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El nombre de Vidal Balaguer i Carbonell es el epónimo de artista maldito y bohemio, compulsivo acumulador de deudas y defensor romántico de su arte por encima de su comercialización. Uno de los artistas más destacados del Modernismo catalán, que conoció a un joven Pablo Picasso, a Ramón Casas, fue amigo íntimo de Joaquim Mir y formó parte del grupo de artistas que se reunían en el café bohemio Els 4 Gats, formando parte de La Colla del Safrà, un grupo de pintores barcelonenses de finales del siglo XIX, llamados así por el frecuente uso del amarillo y los tonos ocres en su obra (safrà es azafrán en catalán). Sin embargo, tras la desaparición de Mar Monzó, amante suya, Vidal, que fue la última persona que la vio con vida, es señalado como principal sospechoso de su asesinato. Acuciado por las deudas, Vidal hará un descubrimiento insólito sobre la propia naturaleza de su arte y la fantasía de las verdades que su pintura refleja.

Zidrou, uno de los guionistas de cómic europeos más relevantes e interesantes de su generación, vuelve a trabajar con Oriol (ambos son responsables de 'La piel de oso', multipremiado cómic publicado en 2012, y 'Los tres frutos', una fantasía medieval de muy disfrutable lectura) para elaborar esta fábula sobre un pintor de gran talento pero desconocido, que empieza como un relato de misterio con la Barcelona de finales del siglo XIX como telón de fondo y evoluciona en una fantasía que reflexiona acerca de la naturaleza mágica del propio arte, de la capacidad de evocación de la imaginación e incluso de la veracidad de los hechos que damos como irrefutables en la naturaleza del relato.
Con esa capacidad de mezclar literatura y lirismo que el autor belga afincado en España tiene para impregnar sus obras de un realismo mágico que arrastra una importante carga sentimental y siempre consigue tocarte la fibra, 'Naturalezas Muertas' (Norma) es una historia de y sobre el arte, situada en un momento histórico en el que el mundo del arte parecía tener su epicentro en París, dejando de lado a una Barcelona contemporánea donde la densidad de artistas por metro cuadrado no le tenía nada que envidiar a la de la capital francesa. Mencionado normalmente por el paso de Picasso durante su juventud, y por la arquitectura modernista de Gaudí, lo cierto es que el modernismo pictórico de la ciudad condal resulta muy fértil y un caldo de cultivo ideal para el surgimiento de artistas como Vidal Balaguer, ese artista que se mueve entre las brumas del mito fantástico y el artista maldito, y que reúne todas las características del bohemio de finales de centuria.
Otra de las capacidades más relevantes de Zidrou es la de sacar siempre lo mejor de los artistas gráficos con lo que trabaja, la mayoría últimamente de origen español, y con Oriol da un paso de gigante con respecto a sus anteriores colaboraciones juntos, al fundir su estilo ya de por sí bastante pictórico con el del artista retratado en la historia, haciendo que las viñetas y los cuadros de Balaguer lleguen a tal identificación que provocan que no sea clara la distinción entre narración y pintura, otro de los puntos fuertes del juego que los autores proponen al lector. A Oriol se le nota libre, muy a gusto con esa estética colorista y modernista propia de los pintores de la época, con una gran caracterización de los personajes (la aparición de cada uno de ellos bien podría ser un retrato al uso), pudiéndose casi afirmar que el cómic lo hubiera pinta el propio Vidal Balaguer.

Es por ello que 'Naturalezas Muertas' es también un canto de amor a una época de luces y colores en una ciudad que se despertaba con el cambio de siglo a una modernidad de la que sería bandera en la historia visual de nuestro país. Hay que destacar la labor de documentación del autor, que plasma los interiores de locales como el mítico Els 4 Gats con gran detalle y la atmosfera de las casas de la burguesía catalana, los ambientes bohemios y los estudios de los artistas, esas buhardillas destartaladas donde inspiración y hambre cabalgaban juntas, y que logra con éxito elaborar, a la manera modernista, un juego donde varias realidades danzan frente a la mirada del lector y cuyas múltiples lecturas enriquecen la experiencia más allá de la evidente narrativa.
El tomo se cierra con una ficha biográfica del pintor maldito donde esa bruma de realidad y ficción es aún más densa, estado que se vuelve indistinguible gracias a la exposición que se llevó a cabo en la galería Gothsland de Barcelona con las pocas obras que se conservan, no más de una docena, de ese gran artista de lo onírico que fue Vidal Balaguer, ese injusto olvidado de la historia del arte recuperado para las viñetas por el genio de Zidrou, y los mejores lápices (y pinceles...) de un Oriol en su mejor momento.
Texto: David Romera (Fnac.es)
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