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Enrique Bunbury: "Hay que ser cauto con la nostalgia para no convertirte en un tributo a ti mismo"

Cultura Fnac
Por Cultura Fnac
El 24/04/2025
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Enrique Bunbury: "Hay que ser cauto con la nostalgia para no convertirte en un tributo a ti mismo"

El inconfundible Enrique Bunbury regresa con Cuentas Pendientes, un álbum que marca un giro hacia la esencia de la música hispanoamericana

 

Da la impresión de que Enrique Bunbury concibe la música como un compromiso. Ese compromiso va inexorablemente atado a su curiosidad. Su último trabajo le llevó al Desierto de Los Leones, lugar desde el que, cual aprendiz embelesado y receptivo, abordó la canción popular de una manera concisa, forjando este álbum. Un álbum, Cuentas Pendientes, que ha quedado impregnado  de la búsqueda de este explorador apasionado e incansable. Hemos charlado con Enrique Bunbury.

 

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Cultura Fnac: Regreso a las raíces de la música Hispanoamérica, ¿por qué esta decisión y en este momento?

 

Ay, los porqués, qué difícil me resulta racionalizar las motivaciones que me llevan a tomar determinadas decisiones. La respuesta verdadera es que las canciones surgen en el momento que tienen que surgir y de repente ves que lo que estás componiendo tiene una dirección. Es posible que cuando llevara un puñado importante de canciones viera que ahí había un disco y me forzara a seguir una dirección, pero por qué empezó a brotar, no tiene razón de ser.


Quizás, el hecho de que mis discos anteriores fueran, digamos, contemporáneos, que utilizaran la tecnología y abrazaran elementos de la electrónica, provocaron que mi anterior disco, y éste ya en una orientación claramente hispana y latina, tengan una inclinación hacia lo orgánico, los músicos y los arreglos tocados en vivo, buscando la canción pura, aparcando temporalmente la experimentación y la síntesis.


¿Qué importancia tiene la reinvención para un artista?

 

Yo no sé si llamarlo reinvención. Creo que básicamente, y en trazos muy gruesos, he tenido tres inclinaciones a lo largo de mi carrera que podríamos concretar en el rock, la electrónica y la música de raíz popular. Este disco ahonda aún más en lo popular y el folklore, pero ya hice acercamientos en los discos con el Huracán Ambulante (Pequeño, Flamingos y El Viaje a Ninguna Parte) y en Licenciado Cantinas. Creo que de vez en cuando está bien dar un volantazo, un cambio de rumbo, para enfrentarte a las labores de composición y al ejercicio de la grabación en un estudio con energías renovadas, con ansias de aprender algo nuevo y sorprenderte a ti mismo para, en el mejor de los casos, poder sorprender un poco a tu público.


Personalmente, ¿qué ha supuesto esta búsqueda en el folklore y la exploración de ritmos tradicionales?

 

Mucho aprendizaje de armonía, comprender los ritmos y ser más eficaz en los arreglos de canciones que pueden sonar relativamente sencillas, como parecen muchos géneros latinos e hispanos, pero que tienen mucho hueco para la belleza y riqueza musical.

 

En los últimos tiempos, has colaborado con artistas tan diferentes como Mónica Naranjo, Arde Bogotá o Ilegales. ¿Qué es lo que te mueve a prestarte a un featuring?

 

He colaborado mucho, históricamente. Me gusta aprender de mis compañeros y que me sitúen en lugares melódicos que yo no visito en mis discos o canciones. Es además un placer personal codearme con gente de talento, en géneros tan diversos. Grabar con los que has citado o, también en los últimos años, con Leiva, Mon Laferte, Love of Lesbian, Pedro Guerra, Erin Memento, Mikel Erentxun o Draco Rosa, es un placer y un honor.


Instrumentos de cuerda, percusiones, contrabajo, acordeón, etc. ¿Estás satisfecho y has disfrutado con la investigación que ha llevado al sonido y la producción de Cuentas Pendientes?  

 

Sí, básicamente quería que el disco estuviera centrado en la guitarra española, el piano, el contrabajo y la percusión. No hay demasiada batería ni guitarras eléctricas. Hemos tenido mucho cuidado con limitar el arreglo a lo estrictamente imprescindible. Creo que el disco suena muy bonito, cálido, íntimo y orgánico.


Decía Fernán Gómez que no hay que abusar de la nostalgia, porque resta esplendor al momento presente. No voy a preguntar por un regreso de Héroes del Silencio, pero, al haberse reeditado El viaje a ninguna parte, sí querría saber cómo recuerdas ese cuarto álbum que disfrutamos allá por el 2004 y si puede palparse algo de su esencia en esta entrega.  

 

Son discos en su confección y su momento vital muy distintos. Distantes entre ellos por veinte años y con un solo músico en común, Ramón Gacías, que tocó la batería en ambos. En El Viaje había acercamiento a las músicas latinas, menos a lo hispano, y también había rock de raíz, cosa que en este disco brilla por su ausencia. Pero sí, admito que conecta con esa etapa de mi carrera. Después de esos discos me alejé un poco de lo latino y mediterráneo y me centré en otras músicas que me apasionan también.


La nostalgia no está en sí misma ni bien ni mal. Pero sí, coincido con Fernán Gómez en que tienes que ser muy cauto con ella, para no convertirte en una banda tributo a ti mismo, que es en todo caso una decisión personal legítima. No creo que sea remotamente mi caso. En los últimos cinco años he sacado cuatro álbumes de canciones inéditas y un EP. No se puede decir que me baste con el pasado.


El álbum viene acompañado de un extenso libreto. Se agrede la complacencia. ¿Qué importancia tiene todavía, en estos tiempos, el cuidar una obra física? Aún recuerdo maravillas fotográficas como tu foto con Perico Fernández en Flamingos, que ayudan a formar un todo artístico.  

 

Yo creo que mucho. Vivimos una época en la que conviven muchas realidades a la vez. Es cierto que muchos eligen escuchar música en sus dispositivos vía plataformas de streaming, pero también los hay, y muchos, que siguen disfrutando del formato físico, sea en vinilo, CD o casete. Mi preferencia es el vinilo, pero no quiero frenar que otros tengan otras predilecciones. Cuidar el formato es importante y a mí me gusta, como comprador de discos busco que contengan información y un componente visual atractivo. En este caso, en el vinilo hemos añadido un libreto, como bien dices, a la manera del CD, pero en tamaño mucho mayor, que contiene fotos, letras, créditos y los acordes de las canciones.

 

¿Cómo se sobrelleva el tener que estar alejado de los escenarios?

 

Desde mi problema con el humo escénico, he vuelto de forma muy tímida a subirme a los escenarios. El año pasado hicimos seis conciertos únicos y el anterior cinco, en ciudades muy escogidas en América y España. Este año haremos quince conciertos, tres de ellos aquí, en Madrid, Barcelona y Zaragoza.


¿Qué tiene el Ebro, qué tiene Zaragoza, que dos aragoneses ilustres como Santiago Auserón y tú lleváis por bandera esa querencia e influencia de ritmos latinos?

 

Pues no lo sé, la verdad. Santiago es un pionero en su acercamiento ilustrado a los ritmos y sonidos de los cantares populares de aquí y de allí. Para mí toda una referencia y un maestro. Creo que si llevas el tiempo suficiente haciendo canciones, no sólo te interesas por el presente y el futuro de la música con la que conectas, también sientes la necesidad de entender que nada surge de la nada y que el encuentro entre culturas ha generado nuevas formas de expresión, combinando ritmos, instrumentación o géneros nuevos y fascinantes. Siempre me atrajeron los sonidos creados en ciudades portuarias de acogida y encuentro. Así, en Cuba, Nueva Orleans, Buenos Aires o Barcelona, surgieron nuevas formas musicales que beben de aquí y de allí, en un viaje de ida y vuelta continuo.

 

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¿Eres permeable a la música de nuevas generaciones y al abanico de géneros que existe en la actualidad?

 

Me gusta mucho seguir la música que se hace hoy. Cantidad de bandas y artistas grabando discos magníficos. Y eso ocurre en infinidad de géneros, en lo latino, en el jazz, en la música country, en el alternativo, en el rock. Sólo hay que estar atento. Es cierto que a mí la música más mainstream, pop y urban, por lo general me atrae poco y prefiero profundizar un poco más en artistas atrevidos, independientes y quizás con menos eco en los medios. El algoritmo puede ser un buen aliado de la vagancia y te puedes alimentar de fast food todo el tiempo que quieras; o puedes ser un poco más exigente y buscar alimento gourmet en tus propias fuentes de información. Se puede acceder a otras realidades que conviven con las estrellas del pop y la homogeneización del sonido. Igual ocurre en el mundo del cine y la literatura. Puedes comprar los libros resaltados en el quiosco del aeropuerto o buscar por tu cuenta. Material, hay más que de sobra.

 

El año pasado publicaste tu último libro La Carta, intercambio epistolar con tus fans. ¿Cómo y por qué surgió este acto de implicación?  

 

Surgió del parón que tuve que realizar en las giras. En principio, pensaba que mi vida en los escenarios terminaba para siempre y que un hilo de comunicación fundamental con los que me siguen se perdía y me parecía una lástima. O sea, que la idea de la correspondencia directa con ellos surgió para convertir esa carencia en virtud y tener un contacto aún más directo con ellos. Evitamos las redes sociales y la correspondencia era vía mail, a sus direcciones personales. Y ellos me escribían y preguntaban sobre lo que quisieran, sin ningún tipo de censura ni limitación. La última carta la envié justo cuando comenzaba la primera tanda de shows únicos, volando a Buenos Aires.

 

Al igual que con El viaje a ninguna parte, también se cumplen dos décadas de ese disco en el que homenajeabas, en muy buena compañía, a Panero. Por ello, se ha reeditado. ¿Qué componente poético o literario ha influenciado tu nuevo trabajo?  


El Viaje a Ninguna Parte se publicó el mismo año que grabamos el disco de Bushido (con Shuarma Elefantes, Carlos Ann y Morti de El Fantástico Hombre Bala) y también el disco de spoken word Panero, homenaje a Leopoldo María Panero. Aunque estuvieran tan cercanos en el tiempo, creo que son tres discos muy distintos entre sí. Creo que la influencia de Panero quedó marcada en exclusiva en el disco con su nombre. Los otros son discos autónomos. Cuentas Pendientes es un disco que surge de la pasión por la canción de raíz hispana y latinoamericana, de la búsqueda de formas populares, intentando aportar mi propia personalidad, tanto en textos como en música.


"Esperando una señal" es la canción que forma parte de la banda sonora de El Universo de Oliver. Para otra película de Alexis Morante, Nuestros amantes, también compusiste "Hada chalada". Incluso escuchamos tu voz en La Estrella Azul. Te pregunto, para concluir, si existen referencias cinéfilas o audiovisuales que puedan vislumbrarse en Cuentas Pendientes.

 

Ay, no sé. Soy lector y cinéfilo voraz, así que vas alimentándote de todo lo que se cruza por tus ojos y oídos. Creo que suena cinematográfico, pero no es algo buscado. Si tuviera que nombrar a un director que me sonara como este disco, elegiría Buñuel. Creo que hay algo de la etapa americana de Luis Buñuel, de su mirada como aragonés, viajando y viviendo en México y Los Angeles, descubriendo que el surrealismo elitista europeo al que perteneció estaba vigente de forma orgánica y natural en los pueblos más recónditos de la América Latina. O como dijo con otras palabras Federico García Lorca, si quieres conocer España, vete a América.

 

Beatriz Rodríguez (Cultura Fnac)

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