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Por Cultura Fnacel 23/02/2018
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Es probable que el oficio de espía sea tan antiguo como las primeras sociedades humanas. Hubo espías en la época de las campañas de Alejandro Magno, de las guerras entre Roma y Cartago y durante la Revolución Francesa. Mata-Hari se convirtió en un personaje célebre durante la I Guerra Mundial. Jorges Luis Borges definió al espía, como arquetipo, en un breve y memorable poema: “En la pública luz de las batallas / otros dan su vida a la patria / y los recuerda el mármol. / Yo he errado oscuro por ciudades que odio. / Le di otras cosas. / Abjuré de mi honor, / traicioné a quienes me creyeron su amigo, / compré conciencias, / abominé del nombre de la patria. / Me resigno a la infamia.”
Sin embargo, si ha existido una Edad de Oro de los espía fue el periodo de la Guerra Fría, el tenso enfrentamiento –que afortunadamente no desembocó en un Apocalipsis nuclear- entre el bloque capitalista y el comunista. Se han escrito miles de novelas y se ha rodado un sinfín de películas sobre la guerra secreta en la que combatieron los agentes de las Agencias de Inteligencia de las dos superpotencias y de sus respectivos aliados. Más allá de las todopoderosas CIA y KGB, el que ha alcanzado una mayor resonancia, al menos en su vertiente literaria, ha sido, sin dudas, el inglés, que ha generado al menos dos personajes de ficción míticos. Por un lado, el agente 007 al servicio de su Majestad, James Bond, ideado por Ian Fleming, que sirvió como comandante de la Inteligencia Naval durante la Segunda Guerra Mundial (y que ha sido encarnado ya por un buen número de actores, de Sean Connery a Daniel Craig). Y por otro lado, George Smiley, creado por John Le Carré, en realidad David John Moore Cornwell, quien empezó a escribir bajo seudónimo debido a que cuando se publicaron sus primeras obras era un agente a tiempo completo del MI6, el Servicio Secreto británico. Aunque varios actores de renombre han interpretado a Smiley, los fans de Le Carré nos quedamos, sin duda, con el Alec Guinness de las adaptaciones de la BBC y con Gary Oldman en la maravillosa versión cinematográfica de 'El topo' dirigida por Tomas Alfredson.

Aunque, como observamos, los dos autores conocían el mundo del espionaje por experiencia propia, la imagen que proyectan de él no puede ser más distinta. Mientras que Bond es un atlético hombre de acción y su mundo está lleno de glamour, villanos pulp y bellas féminas, Smiley es un tipo bajito, rechoncho y melancólico, a medio camino entre el profesor universitario y el burócrata. Su esposa, Ann, el gran amor de su vida, le es patológicamente infiel y es raro que lo veamos lejos de las lluviosas calles de Londres o de los estrechos, asfixiantes pasillos del cuartel general del Servicio Secreto, donde planea sus intrincadísimas operaciones de desinformación y engaño. El universo de las novelas de Smiley se encuentra plagado de situaciones moralmente ambivalentes y zonas grises, de personajes que se mueven entre la paranoia y la traición. Parece que Le Carré ha decidido que, tras su autobiografía, 'Volar en círculos', ha llegado la hora de que nos despidamos de él. Y para ello ha elegido esta nueva novela, 'El legado de los espías', que funciona como una especie de autohomenaje y colofón de su obra.
Para ello, y con gran astucia, sitúa la acción en el presente y le cede el protagonismo al infatigable y donjuanesco ayudante de Smiley, Peter Guilliam, convertido en un apacible jubilado que reside en una localidad rural del norte de Francia. Pero, al mismo tiempo, nos retrotrae al libro que lo hizo famoso (y que Graham Greene llamó “la mejor novela de espionaje jamás escrita”). En 'El espía que surgió del frío' relataba una diabólica operación urdida por la Inteligencia Británica en la desaparecida RDA, la Alemania roja. Occidente triunfó, pero hubo víctimas inocentes, y los descendientes de esas víctimas han aparecido para exigir justicia. Al parecer, Smiley está ilocalizable (aunque, por supuesto, terminará apareciendo), y Guilliam tendrá que responder por él. Durante esos años de oscuridad y miedo, cuando el planeta podía deslizarse en cualquier momento hacia la III Guerra Mundial, ciertos hechos tortuosos o macabros eran admisibles, pero, ¿qué pasaría si ahora salieran a la luz pública?

Su condición de novela-epílogo hace que 'El legado de los espías' sea una novela para lectores veteranos de Le Carré, no demasiado adecuada para iniciarse en su obra. Los que deseen averiguar por qué su autor es considerado uno de los más grandes autores de ficción de la segunda mitad del siglo XX pueden acercarse a libros tan apasionantes e ingeniosos como la ya citada 'El espía que surgió del frío' o la llamada Trilogía de Karla, formada por 'El topo', 'El honorable colegial' y 'La gente de Smiley'. No se arrepentirán.
Texto: José Martínez (Fnac.es)
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