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Por Cultura Fnacel 20/06/2017
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La historia de los siete infantes de Lara es una de las leyendas más antiguas contadas en lengua castellana, en la línea del 'Cantar del Mío Cid', de esas que se transmitieron cantadas por juglares durante la edad media en pueblos de toda nuestra geografía, sobre todo hacia el norte, en tiempos en que la Península Ibérica era un conglomerado de pueblos en guerra con dos culturas enfrentadas, que tan pronto se mataban tan pronto estaban haciendo pactos y negocios. La convivencia de los últimos reinos cristianos y el poder musulmán que entró por el sur hacía ya un par de centurias no fue siempre belicosa, pero tampoco muy amistosa, siendo frecuentes los intercambios entre uno y otros, la mayoría de las veces por intereses comerciales (poco hace la religión cuando está en juego la riqueza, aunque se esgrima a ésta como motivo para el derramamiento de sangre).
La historia de los célebres siete infantes de Lara está inserta en este contexto histórico, y transmitida oralmente en los pueblos y ciudades de la época, llegando más o menos serializada a nuestra época, gracias en parte al trabajo de Ramón Menéndez Pidal, medievalista español de la generación del 98, que sistematizó muchos de los mitos de los cantares de gesta de la historia medieval de nuestro país, entre ellos el mencionado 'Cantar del Mío Cid'. Partiendo de esto, y de los flecos que una leyenda puede ir dejando tras de sí siglo tras siglo, el guionista y escritor Manolo Matji decidió adaptar esta imperecedera historia para ser contada con una sensibilidad más propia de nuestros tiempos, con una visión histórica más sucia y realista. Material desde luego tenía delante, con esta historia de traiciones familiares, asesinatos a pesar de los parentescos de sangre, enfrentamientos por ofensas de honor y maquinaciones en la sombra motivadas por los celos o la misma locura.

Su intención inicial fue escribir el guion para realizar una película, pero la falta de medios y de inversión dieron al traste con el plan inicial. Y en parte es una lástima pues con semejante base, como si de un episodio de Juego de Tronos se tratara pero a la española (lo ibérico es siempre más turbio, sucio y sangriento), habría salido un grandioso espectáculo visual; pero gracias a una serie de catastróficas desdichas (que el autor bien explica en el epílogo de la obra y que no destriparé aquí), llegó al formato de cómic con un resultado verdaderamente destacable, pues pocas son las ocasiones en que el rescate de pilares de nuestra historia de la literatura se hacen con tanto tino, respeto y atractivo para el lector actual, incluso más de 1000 años después, lo que demuestra lo inmortal de ciertas narraciones.
'Año 1000: La sangre' es la historia de los siete infantes de Lara, contada desde el nacimiento de estos hasta la venganza de su muerte por parte de su hermano bastardo de sangre mora. Una historia de afrentas de honor en un mundo en el que por una mala mirada se blandían espadas y donde traición y sobornos eran moneda de cambio habitual. Lo destacable de la escritura de Matji es el enfoque, pues sin dejar de lado casi todos los detalles que se conocen de la leyenda (y que funde en un todo narrativo con una gran cohesión entre hechos históricos y leyenda), deja que el relato esté dominado por las dos mujeres principales de la historia, Sancha, la noble madre de los siete infantes y Lambra, la inestable prima del rey de Navarra, y detonante de los trágicos hechos, personajes aparentemente subyugados en un mundo de hombres y testosterona permanentemente en guerra, y que sin embargo éstos no serán más que marionetas con la excusa de la honra, por encima incluso de la unión de propia sangre.

La adaptación funciona tan bien a varios niveles, con alguna licencia argumental que no hace sino enriquecer el trasfondo de la historia y engrandecer la trascendencia de la propia leyenda, que resulta tan fluida su lectura que el tomo se hace corto, de esas ocasiones en las que nada sobra ni falta, lo que hace redonda a la historia. Por supuesto, parte de ese mérito está en el dibujo de Sergio Córdoba, que aquí demuestra lo buen artesano que es a pesar de tratarse de un encargo. Su narrativa gráfica está tan puesta al servicio de lo que necesita la historia que no pierde el tiempo en alardes aparentemente virtuosos que poco aportarían. No falta una composición casi cinematográfica de primeros planos y panorámicas que hacen conectar al lector con el aspecto más psicológico de la historia, y en ocasiones se luce con viñetas a página completa que elevan la épica que se espera de este tipo de historias medievales. Su labor podría pasar por silenciosa si no fuera por el dinamismo de las escenas de acción (se nota la experiencia de Córdoba en el campo de la animación), y la buena caracterización de los personajes, mérito de un autor que sabe plasmar exactamente lo que Matji quiere extraer de la leyenda.
La edición conjunta entre Aleta y Panini, a través del sello Evolution Comics, hace justicia a la altura de la historia, con lomo de imitación de piel y cinta de lectura, que envuelve a esta triste y sombría historia contada con un elegante monocromo con toques ocres. La inquina y la sangre, aunque no se vea, lo dominan todo.
Texto: David Romera (Fnac.es)
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